Opinión
Orgullo LGTBIQ+: resistencia, lugar de encuentro y punto de partida

Por Sato Díaz
Coordinador de Política.
Rocío Jurado y Mónica Naranjo son referentes del colectivo LGTBIQ+ en España desde hace décadas. La primera porque, a lo largo de su vida, en numerosos momentos, mostró su apoyo a la diversidad sexual en un entorno folklórico que si bien acariciaba con una mano un mundo subterráneo que a duras penas salía a la superficie para reivindicarse y visibilizarse, para salir del armario, con la otra se anudaba al casposo espacio de la derecha más rancia de este país y de la dictadura que imponía una única manera de ser. La segunda, Naranjo, además de haberse declarado abiertamente como bisexual, ha sido la voz de algunos de los himnos de la comunidad LGTBIQ+ más repetidos, como el caso de Sobreviviré.
Así, cuanto Jurado y Naranjo se juntaron a finales de 2005 en un homenaje a la primera, que padecía cáncer y fallecería meses después, se alinearon dos iconos LGTBIQ+ en la interpretación de otro himno para el colectivo: Punto de partida. Una canción con una letra ambigua, que sugiere distintos planos de interpretación, los cuales cuelgan de una idea principal: llega el momento de iniciar una nueva etapa tras superar un pasado oscuro, un sufrimiento anterior. Un nuevo punto de partida.
"Yo te busco, en el mundo que me ahoga, que me abraza y que me olvida".
Durante estos últimos días de junio, estos himnos musicales se suceden, uno tras otro, en los bares del centro de Madrid o de Barcelona. O en tantas ciudades y pueblos de todo el Estado que reivindican el Orgullo LGTBIQ+. También en el mundo rural, donde cada vez nacen más iniciativas que representan al colectivo fuera del entorno urbano impulsados por la iniciativa Agrocuir, que se desarrolla todos los años en Monterroso (Lugo), y del que ya han surgido otros proyectos similares en diferentes entornos rurales, desde la Sierra de Cameros riojana hasta la extremeña comarca de La Vera.
En todos los continentes se suceden estos días protestas que reclaman derechos para un colectivo que en muchos lugares sufre persecución, encarcelamientos o muerte por su forma de amar, sentir, relacionarse sexualmente o seducir. Y en varios países, en los que esos derechos parecían consolidados, la reacción ultra los recorta conduciendo al pasado a las disidencias sexuales. De vuelta a los armarios.
"Y de nuevo por las noches, esta cama tan vacía, que la lleno con historias, aventuras y malicias".
Tiene hoy más sentido que nunca homenajear a los disturbios del Stonewall Inn, el pub del Greenwich Village neoyorkino, del 28 de junio de 1969, cuando las personas trans y racializadas se pusieron delante de las protestas contra los disturbios sistemáticos en los que la policía reprimía y amedrentaba a las disidentes sexuales que se reunían en los bares de la zona. Hoy, de nuevo, las personas trans están en la vanguardia de la lucha LGTBIQ+ abriendo una nueva revolución sexual al luchar por el reconocimiento de la identidad no binaria. Hoy, de nuevo, las personas trans vuelven a ser las primeras en estar en el punto de mira de los reaccionarios. Así, Donald Trump, poco después de regresar a la Casa Blanca en enero de este año, se fotografiaba en el Despacho Oval rodeado de niñas cis blancas para firmar un decreto que sacara a las mujeres trans de las competiciones deportivas femeninas. Toda una declaración de intenciones en el inicio de su mandato. Hasta el propio PSOE vio cómo en su último Congreso Federal, celebrado en Sevilla a finales del año pasado, las posiciones tránsfobas avanzaban y quitaban del documento político la sigla 'Q', que referencia a las personas cuir, queer.
En la Comunidad de Madrid, el Ejecutivo de Isabel Díaz Ayuso mantiene en tramitación, pese a haber rebajado sus expectativas iniciales por el recurso de inconstitucionalidad presentado por el Gobierno, unas leyes madrileñas que suponen un retroceso en materia de derechos LGTBIQ+, sobre todo para las personas trans. Estas leyes son simbólicas porque, tras años de avances legislativos en todas las administraciones españolas en materia LGTBIQ+, suponen un retroceso, un punto de inflexión hacia la pérdida de derechos e igualdad. Mientras, en Hungría, la beligerancia de su primer ministro, el ultra Viktor Orbán, contra las disidencias sexuales ha llevado a que la marcha LGTBIQ+ programada para este sábado haya sido declarada ilegal. Aunque activistas y políticos de muchos países vayan a apoyar la manifestación pese al anuncio de posibles consecuencias legales, el colectivo húngaro sufre constantes recortes en derechos y libertades y la cancelación del pride es solo una última muestra de ello.
El avance de la ultraderecha en todo el mundo fija como sus objetivos principales la represión a las personas migrantes, por un lado, y a las personas LGTBIQ+, por otro. El retroceso global de gobiernos progresistas hace que Estados que, hasta hace poco, eran un lugar seguro para las disidencias sexuales se hayan convertido en espacios en disputa cuando no en lugares peligrosos para el colectivo LGTBIQ+. En el Estado español, pese a ser uno de los lugares donde esta comunidad goza de mayor bienestar, ninguno de estos derechos son susceptibles de no desaparecer.
"La mañana me despierta. Y desayuno un nuevo día. Y lo pinto de colores. Por si vuelves vida mía".
Con el avance de posiciones reaccionarias en la política española, en los cuerpos policiales, en la judicatura o en los medios de comunicación y ante una izquierda política que pasa por un mal momento - el PSOE tiene que afrontar la crisis por el 'caso Cerdán' de consecuencias todavía impredecibles y la izquierda alternativa prosigue en un proceso de desagregación y descomposición que le aleja de ser, precisamente, la alternativa a las derechas y a un PSOE en crisis - la ciudadanía necesita espacios de encuentro, resistencia y desde donde imaginar un nuevo punto de partida. Tal y como hacen los sindicatos, también los movimientos sociales juegan este rol. Si hace casi una década y media el 15M fue el punto de encuentro y de partida de una generación que insufló una renovación política en España, hoy podría serlo el Orgullo LGTBIQ+.
Un punto de encuentro, el Pride, no solo entre personas LGTBIQ+. Por el carácter inclusivo y transversal del Orgullo, lo es también para otras personas y colectivos que ven sus derechos en riesgos: personas migrantes y racializadas, solidaridad con el pueblo palestino, con las personas discapacitadas, con los cuerpos no normativos, disidencias políticas, derecho a la vivienda y a los servicios públicos... El Orgullo como lugar de resistencia desde donde frenar el tsunami que pretende esquilmar derechos e imponer una única forma de ver el mundo y vivir en él. También donde reencontrarse si la reacción ultra se impone y el siglo XXI se convirtiera en una época más oscura de lo que ya fue la centuria anterior.
Y un nuevo punto de partida. El Orgullo LGTBIQ+ es un espacio, también, para proponer y repensar nuevas formas de relacionarse entre los individuos, para generar comunidad sin unas normas impuestas desde arriba, para consolidar nuevos modelos familiares e identidades de género, donde tengamos cabida todas, todos y todes. Para deconstruir y reconstruir. En definitiva, el Orgullo LGTBIQ+ como un punto de partida hacia una nueva sociedad donde cada vez más las opresiones queden arrinconadas.
"Noche a noche yo me encuentro en este punto de partida".
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