Opinión
Las ovejas han abrazado al lobo
Por Toni Mejías
Periodista
Las elecciones extremeñas del pasado domingo ya han recibido numerosas lecturas durante estos días. Entre el ascenso de VOX, la debacle esperada del PSOE y la insuficiente victoria del PP, la única noticia positiva desde un punto de vista progresista fue el ascenso, tras muchos procesos electorales en caída libre, de una coalición a la izquierda del PSOE. Lo negativo es que celebrar un cuarto puesto tampoco debe ser una máxima y menos cuando la tercera fuerza (y al alza) es la extrema derecha más rancia y reaccionaria de las últimas décadas, que además se presenta sin ningún tipo de rubor y sin edulcorar su discurso. El Estado español ya no es la excepción europea ante el avance fascista y falta por ver qué se hace antes de las próximas generales para impedir que varios ultras se sienten en el Consejo de Ministros.
Las autonómicas extremeñas llegaron en un clima, en principio, desfavorable para el partido de Santiago Abascal. Con un PP que hizo campaña exclusivamente contra ellos, con un candidato al que no son capaces de reconocer ni sus vecinos y con el escándalo de Revuelta y los fondos para la DANA. Aunque las encuestas vaticinaban un crecimiento de escaños para su partido, no se esperaba tanto y menos si le penalizaba el revuelo con su asociación juvenil no adscrita. Pero ha quedado demostrado que los medios tradicionales decidieron obviar esto último y pasar de puntillas, que hacer una campaña en clave nacional les ha beneficiado y, sobre todo, que la estrategia del PSOE de "cuidado, que viene el lobo" ya no funciona. Las ovejas han abrazado al lobo porque el pastor ya no hace nada por cuidarlas y las trata con condescendencia. Ser una mierda de persona ya no está mal visto, así que se debe cambiar de plan o el lobo entrará con todo y sin resistencia.
En la última semana hemos visto cómo el alcalde de Badalona, del PP, que ya antes de la aparición de VOX se atrevía a hacer discursos abiertamente racistas, desalojaba sin alternativa habitacional a 400 personas de un instituto abandonado. Vidas dejadas a su suerte en la peor ola de frío de este año. Lejos de estar mal visto, hubo vecinos del municipio que se manifestaron para impedir que estas personas fueran realojadas en una parroquia. No iban a ocupar un espacio, no iban a cometer delito alguno, no iban a quitar habitaciones a nadie, solo a dormir bajo techo por la solidaridad, en este caso, del arzobispado. Pero no les servía a los votantes del alcalde. Ellos querían que durmieran al raso, que murieran, que sufrieran. Les importa una mierda su vida pese a que a ellos no les han hecho nada. Les molesta que sean negros y pobres y prefieren culparles a ellos de sus miserias que mirar para arriba. Porque eso les hace sentir inferiores y mediocres.
El racismo institucional ya no penaliza. El discurso de odio vende. Abascal es alabado por jóvenes que hasta se tatúan su firma. Los youtubers que se van a Andorra y hablan contra los impuestos siguen creciendo. El feminismo ya no genera la cohesión de hace unos años entre los adolescentes. Y los viejos nostálgicos ya no necesitan disimular, pueden votar con la cabeza alta, sacar sus banderas con el pollo y reivindicar la barbarie sin que nadie les vaya a mirar mal. Una banda de analfabetos disfuncionales también hace su papel en TikTok con vídeos virales y llenos de mentira alabando la época franquista y diciendo que inventó la sanidad pública, que había libertades, más trabajo… Y entre unos jóvenes sin expectativas que creen a pies juntillas lo que le dicen sus ídolos virtuales y unos adultos nostálgicos de la EGB y de Hombres G, que quieren poder contaminar con su coche, fumar en terrazas y que tienen miedo de que su hija salga con un latino, tenemos (en una lectura rápida y fácil) un electorado dispuesto a abrazar al lobo aunque enseñe los dientes.
Si la confianza de Sánchez y sus socios para las próximas generales es seguir pensando que los y las españolas no quieren un gobierno de extrema derecha, la hostia puede ser enorme. Si no hay más estrategia que esa, derribarán la puerta. ¡Qué carajo! Se la abrirán con alfombra roja. Tienen dos años (si llegan) para poner fin o solucionar en gran medida el problema de la vivienda. De poco sirve los datos macroeconómicos si, en muchas ciudades, con 40 años tienes que compartir piso o vivir con tus padres ante la falta de alternativa. Si no empezamos a ofrecer una vida de calidad, con tiempo para el ocio, con salarios que sean suficientes para acceder a una vivienda sin tener que hacer concesiones vitales y, además, se les presenta un plan de futuro a los jóvenes, el lobo entrará al rebaño porque el pastor no ha sabido cuidarlas. Cuando ya piensas que los de siempre no saben protegerte, prefieres probar lo más radical, aunque pueda suponer la muerte, porque lo de hasta ahora no ha funcionado. No basta amenazar con que viene el lobo, sino que se debe construir una fortaleza social para que se pueda vivir sin miedo o vendrán tiempos oscuros.
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