Opinión
La paradoja económica española

Por Antonio Oviedo
Secretario general de FeSMC-UGT (Federación de Servicios, Movilidad y Consumo de UGT)
El modelo económico español debe resolver, definitivamente, la dicotomía entre unos buenos datos macroeconómicos incuestionables en contraste con la precariedad estructural de las economías domésticas de cientos de miles de personas trabajadoras de actividades vinculadas al sector servicios.
A día de hoy, nadie duda de que España es una de las principales potencias económicas de la Unión Europea. Que esto sea así es un logro conjunto de toda la sociedad española y del Gobierno de la nación que, a través de políticas económicas de claro perfil social, ha sabido conciliar el interés de todos los agentes económicos. Sin embargo, desde un enfoque sindical, los buenos datos económicos –en muchos casos enmarcados en la denominada macroeconomía– están teniendo un reflejo desigual si bajamos a la “economía real” de muchas familias, a las economías domésticas de tantas trabajadoras y trabajadores de este país.
Beneficios empresariales versus salarios
En los sectores productivos de servicios privados en los que nuestra Federación sindical desarrolla su acción, seguimos comprobando que el desequilibrio entre beneficios empresariales y salarios sigue mostrando proporciones inasumibles. El coste de la vida, aunque se ha ido moderando, y así queda reflejado en los datos de inflación, con un IPC en noviembre de 2025 del 3,0 %, según el INE –recordemos que venimos de tasas anuales en torno al 8,4 % de promedio en 2022– no es un factor determinante ni suficiente para que miles de profesionales vinculados al sector Servicios puedan mejorar su nivel de vida hasta un mínimo aceptable, digno. Es decir, puedan vivir con salarios que les permitan llegar a fin de mes; tengan un poder de compra que cubra sus necesidades básicas en un país que, volvemos a recordar, tiene una de las economías más potentes de la zona euro.
Precisamente por eso, desde FeSMC-UGT hemos situado el salario como una de las prioridades estratégicas irrenunciables para 2026, especialmente en aquellos sectores de servicios privados donde la precariedad salarial es estructural y persistente. Hablamos de actividades como la hostelería, hotelería (turismo), el comercio minorista, las actividades administrativas y auxiliares, la logística y el almacenaje, los servicios de limpieza, la atención al cliente (contact center) o las actividades recreativas y de ocio, donde los salarios medios continúan muy por debajo de la media nacional pese al crecimiento sostenido de la actividad y de los beneficios empresariales (en algunos casos de “récord”, como en la industria turística).
Un problema estructural
No estamos ante una anomalía coyuntural, sino ante un modelo de reparto profundamente desequilibrado que viene de décadas, en el que una parte significativa del sector servicios se sostiene sobre salarios bajos, alta parcialidad involuntaria y una presión constante sobre las condiciones laborales ejercida por cierto empresariado que entiende la mejora de la competitividad como el resultado de la precarización salarial. Estamos ante un modelo que resulta incompatible con una economía que presume — con datos objetivos, sin duda— de solidez macroeconómica, pero que sigue fallando a la hora de garantizar rentas suficientes para cientos de miles de personas trabajadoras de nuestros sectores.
Los salarios seguirán siendo nuestra prioridad
En este contexto, la negociación colectiva va a jugar un papel decisivo y, desde FeSMC-UGT, afrontamos este nuevo año 2026 con un objetivo claro que no es nuevo: los salarios continúan siendo la prioridad. La mejora salarial en los sectores más precarizados no puede seguir desanclada de los beneficios empresariales, ni supeditándose a discursos de prudencia y moderación –por parte de los representantes empresariales– que ya no se sostienen en la realidad económica. La negociación colectiva en estos ámbitos será exigente, firme y orientada a recuperar poder adquisitivo real, cerrar brechas salariales y dignificar salarios que hoy resultan claramente insuficientes (a pesar del incremento del SMI) si atendemos a una inflación persistente que se concreta, principalmente, en productos y servicios básicos, necesarios y vitales para las personas.
Este año 2026 tiene que ser el año en el que los salarios de tantos profesionales considerados “esenciales” empiecen a converger, de verdad, con la riqueza que generan sus actividades productivas. Hablamos de justicia salarial, de cohesión social y de un modelo económico más equilibrado y sostenible.
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