Opinión

El Parlamento de Rajoy o la casa de los tres cerditos

Juan Carlos Monedero

Por Juan Carlos Monedero

Profesor de Ciencia Política en la UCM

Cuando el Rey susurró su amañado amago de disculpa (nunca supimos qué era lo que decía sentir ni qué lo que no iba a volver a hacer), entendimos que sus asesores leían el pulso de la opinión pública en lugares diferentes a los medios tradicionales. Si fuera por estos, no hubiera sido necesario escenificar su arrepentimiento. Todos se dedicaron a cubrir las espaldas al monarca: que si había avisado al gobierno como rezaba la norma, que como no le había costado un euro seguía comprometido con la austeridad en el gasto, que en su viaje se había sentido profundamente solidario, como siempre, con el dolor de los jóvenes exiliados económicos (porque desde fuera los dolores de España no duelen tanto), que si tambien Hemingway le reventaba la cabeza a Dumbo o a su madre y eso no impedía que nos gustaran mucho sus novelas…

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Juan Carlos Monedero

Profesor de Ciencia Política en la UCM

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