Opinión
El Perro, al veterinario

Por Anibal Malvar
Periodista
Nuestras civilizadas derechas parlamentarias, educadas todas en colegio de pago, ya no saben cómo contagiar su rabia al Perro Sanxe. Ahora la diputada popular y también marquesa Cayetana Álvarez de Toledo quiere mandar a nuestro presidente al veterinario, que es donde mandan nuestras marquesas a sus mascotas.
En el Congreso de los Diputados, mi querida Cayetana (fuimos compañeros periodistas) ha insinuado que Pedro Sánchez padece una enfermedad cardiovascular y ha exigido al Gobierno que “desclasifique” los informes médicos del presidente.
Ya puestos en este plan, también sería conveniente exigir un encefalograma de Alberto Núñez-Feijóo, Miguel Tellado, Santiago Abascal o la propia Cayetana, por evidencias sintomáticas que no creo elegante especificar.
Todos tenemos derecho al secreto médico. Y Cayetana Álvarez de Toledo lo sabe perfectamente. El Gobierno no tiene potestad alguna para informar sobre la salud del presidente, ni de nadie, sin su consentimiento: hacerlo sería flagrante delito.
Pero el PP y sus diputados hace ya mucho tiempo que no apelan a la razón, a las normas de convivencia ni a la legalidad: les basta con el ruido ignaro que enardece a los asaltantes de capitolios.
Reducir el debate parlamentario al absurdo es la forma menos sangrienta y más eficaz de destruir una democracia. Representantes electos debatiendo estupideces como ésta en la sede de la soberanía popular crea desafección hacia la clase política.
Cayetana, persona de excelsa formación intelectual, sabe lo que hace cuando introduce este debate ruin, desinformador, inútil y cizañero sobre la intimidad del presidente: anula la actividad del Congreso de los Diputados.
Es como un golpe de Estado en miniatura, pero constante. En vez de pegar tiros a los techos de San Jerónimo, silencias el ágora popular con un colapso cotidiano de mentiras, ruidos y gritos. Una gota malaya de desinformación en sede oficial. Y lo alucinante es que eso sume votos.
Destruir nuevas y viejas democracias desde dentro es moda neocapitalista internacional. Los ejemplos de Donald Trump en EEUU y Javier Milei en Argentina son bestialidad fascista elegida democráticamente. Sin olvidar a Jair Bolsonaro, que con su negacionismo científico sembró de muerte Brasil durante la pandemia.
Pedro Sánchez, que es político bregador y poco amedrentable, respondió a Cayetana en su versión más Perro Sanxe (jamás utilizaría el mote si el presidente no lo hubiera aceptado con tono jocoso y cierto orgullo arrogante: en eso también los obreros somos más educados que las marquesas, a pesar de nuestra escasa formación).
Respondió el Perro a la marquesa cuando lo quiso mandar al veterinario por una enfermedad cardiovascular inventada por ese fabulador de infotoxinas llamado Federico Jiménez Losantos: “Si fuese así, no habría ningún problema. Hay millones de personas que las padecen y llevan una vida normal gracias a los servicios públicos que ustedes desmantelan. Si su única forma de hacer oposición es la mentira, queda Gobierno para rato".
El Perro sigue mordiendo bien. Tiene buena dentellada política para ridiculizar a las cayetanas y, al mismo tiempo, apelar a “los millones de personas que padecen” enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, dicen todas las encuestas que sus odontológicas virtudes no serán suficientes para morder la llegada del fascismo, otra vez, a España.
Con el tiempo y el curso de los acontecimientos, quizá se pueda maliciar que el Perro Sanxe solo dio un mordisco mal dado. Ganó las primarias a todo el aparato después de haberse declarado en rebeldía; venció la primera moción de censura de nuestra democracia contra el eternamente presunto corrupto Mariano Rajoy; ganó unas elecciones tras las que destruyó a Ciudadanos y debilitó a Podemos; por problemas de insomnio, convocó otras y se dio cuenta de que ya podía dormir con Pablo Iglesias como vicepresidente, aunque roncara. Así nació el primer gobierno de coalición. Y Pedro Sánchez se convirtió en uno de los más mediáticos agentes de la izquierda europea e interplanetaria. Además, como es tan guapo, quedaba estupendo en las revistas.
Ahora que parece imposible que la derecha incivilizada de PP y Vox no llegue al gobierno, yo creo que el Perro Sanxe se tiene que arrepentir de haber mordido tan ferozmente a sus viejos aliados de Podemos. Los de Pablo Iglesias fueron tan leales que concedieron a Marlaska no derogar la ley mordaza, tragándose bilis hasta los tuétanos. Por poner un ejemplo cualquiera.
Ahora, por evidentes cuestiones demoscópicas, el fiero Perro Sanxe necesita resucitar a la izquierda a la que ha devorado. Quizá se está dando cuenta demasiado tarde de que, aunque fuera el jefe, mordía la mano que le daba de comer. Que quizá, en este caso, tendría que haber sido más Pedro y menos Perro. Pero la política, tristemente, es así.
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