Opinión
Petróleo, gusanera y monas
Por Xili Fernández
Politóloga por la Universidad Complutense de Madrid, máster en Protección al Refugiado y Migración Forzada de la Universidad de Londres
Como venezolana y española, navego múltiples insultos y etiquetas entre Caracas y Madrid. En Venezuela, soy "escuálida", "sifrina", "chavista", "marginal", según con quien hable. En España, soy "migrante privilegiada", "sudaca", "roja", "gusana fascista", dependiendo de quién me narre. Ambas sociedades sobrevivieron a regímenes construidos sobre la criminalización de la disidencia política, la manipulación de la realidad y una tremenda violencia física justificada bajo ciertos insultos. En el caso venezolano, la represión de la disidencia continúa a mano de Delcy, arquitecta de la represión chavista que se termina de quitar la máscara bajo el período de Maduro, avalada además actualmente por Donald Trump.
Por eso, quienes heredamos de nuestra familia el miedo al franquismo y experimentamos la violencia política del chavismo en carne propia, rechazamos los cantos racistas de "fuera la mona" en el acto político de María Corina Machado hace unos días, no sólo porque van en contra del modelo político en el que aspiramos vivir, sea donde sea, sino porque replican lo que el chavismo ha hecho siempre que alguien ha elevado una crítica contra ellos. Además, ese canto racista en Madrid nos muestra la contradicción propuesta por la oposición liderada por Machado, una oposición que apoya a Trump en Estados Unidos, a Vox en España y a Kast en Chile, políticos racistas que deportan venezolanos a un país donde la dictadura sigue en el poder. Es ahí donde muchos venezolanos y españoles se pierden.
El chavismo ha utilizado desde su llegada al poder un discurso que instrumentaliza la identidad negra, indígena y africana como bandera política, hablando de una lucha antiimperialista donde los desaparecidos, torturados y asesinados a manos de las fuerzas de seguridad, estatales y no estatales, antes y durante el chavismo en estas dos últimas décadas es clara: son las comunidades afrodescendientes y mestizas de las zonas más pobres del país, las que más han sufrido y sufren aún la violencia del Estado. Es ahí donde toca centrarnos y analizar qué han hecho los gobiernos españoles históricamente en su relación con Caracas desde que Chávez llegó al poder en 1999, para comprender también porqué Venezuela se cuela en la agenda política doméstica de España.
Comencemos con José María Aznar. Confrontó a Chávez más abiertamente que ningún otro presidente español, apoyando incluso el golpe de Estado contra Hugo Chávez en 2002. Sin embargo, mientras el gobierno del PP confrontaba retóricamente al chavismo, Repsol, Mapfre, Telefónica y BBVA consolidaban su presencia en Venezuela aprovechando el boom petrolero de la época. Las empresas españolas por las que ningún gobierno español se puede permitir romper con Caracas, se consolidaron en Venezuela durante los años en que la derecha española presumía de ser el antídoto al chavismo. Esto está documentado, no es una opinión.
José Luis Rodríguez Zapatero dirigió el gobierno español que tuvo el mayor acercamiento político y el mayor volumen de negocios entre Caracas y Madrid desde que el chavismo asumió el poder. Aprovechando el vacío creado por George Bush con el embargo de sus exportaciones de material de defensa a Venezuela, activo hasta 2006, España no dudó en ocupar ese espacio, vendiendo casi mil millones de euros en material militar a Venezuela, incluyendo material antidisturbios, usado por la represión chavista contra las numerosas protestas de ese período.
Mariano Rajoy fue más sistemáticamente crítico con Maduro que el gobierno anterior, apoyando las sanciones europeas contra el régimen chavista y cuestionando la legitimidad electoral de Maduro. Sin embargo, los contratos militares con Venezuela continuaron durante los primeros años de Rajoy, mientras su gobierno criticaba públicamente a Maduro y acogía a opositores venezolanos. La ruptura comercial no vino por una decisión de principios, sino como consecuencia del colapso económico venezolano. Repsol continuó también operando ininterrumpidamente durante todo ese período, acumulando la deuda de la empresa petrolera venezolana controlada por el régimen de Caracas, PDVSA, una deuda que luego cobraría España en petróleo bajo el gobierno de Pedro Sánchez.
Con la llegada de Pedro Sánchez al poder ocurrió algo que la derecha española, sus seguidores y los venezolanos que votan a esta derecha en España y apoyan a la oposición de derecha venezolana, no quieren reconocer: el actual gobierno español construyó el sistema de acogida más generoso de Europa para quienes huyeron de la dictadura venezolana. Desde 2018, España activó una vía humanitaria excepcional: en lugar del estatus de refugiado, jurídicamente difícil de conceder en masa en línea con la arquitectura del sistema de asilo europeo al que pertenece, otorgó permisos de residencia por razones humanitarias a los venezolanos, permitiendo su renovación, garantizándoles acceso a trabajar legalmente.
El año pasado, el 99,4% de todos los permisos humanitarios concedidos en España fueron para venezolanos: cerca de 50 mil personas tan sólo en un año. Desde 2018 hasta hoy, casi un cuarto de millón de venezolanos pudo regularizar su situación con ese mecanismo de protección temporal. Con la regularización extraordinaria en curso, se estima que más de medio millón de migrantes en situación irregular regularizarán su estatus migratorio en España y los venezolanos figuran entre los principales beneficiarios de este proceso.
Esta paradoja es políticamente incómoda para todos: el gobierno que permitió la entrada clandestina de Delcy Rodríguez a la Unión Europea mientras estaba sancionada en plena pandemia del COVID-19, es el mismo que construyó el sistema de acogida más generoso de Europa para las víctimas del régimen de Delcy. Muchos en la izquierda ignoran el rol protagónico de Delcy Rodríguez en la arquitectura de la represión chavista. Desde 2018, la Corte Penal Internacional, el mismo organismo que emitió una orden de arresto contra Benjamín Netanyahu por crímenes de guerra y lesa humanidad, mantiene abierta una investigación formal por crímenes de lesa humanidad contra el Estado venezolano en el período en el que Delcy era vicepresidenta.
La derecha española lleva años usando Venezuela como arma retórica doméstica. "Esto es lo que hacen en Venezuela", "Sánchez convierte España en Venezuela": la comparación aparece cada vez que el gobierno de Sánchez negocia con la izquierda o aprueba una ley como la de la memoria histórica, que la derecha considera que 'reabre heridas', mientras eluden cualquier condena explícita del franquismo. La comparación chavismo-PSOE de la derecha español no pretende ser analítica, sino emocionalmente activadora y resuena en miles de venezolanos en España porque muchos ignoran, o deciden ignorar, que cuando la derecha española ha gobernado el país mantuvo una confrontación retórica que coexistió, sin contradicción aparente, con la continuidad de los negocios entre ambas capitales. Y hay algo más: al convertir sistemáticamente a Podemos, Izquierda Unida o el PSOE en equivalentes del chavismo, la derecha española no sólo exagera las diferencias políticas, sino que replica la misma lógica del enemigo interior que el franquismo usó contra los "rojos" y que el chavismo usó contra los "escuálidos". El adversario político deja de ser legítimo y se convierte en agente externo.
Y en todo esto la oposición venezolana tampoco queda exenta de responsabilidad, aunque a quienes hacemos estas exigencias se nos tilde de “chavistas”. María Corina Machado, Nobel de la Paz 2025, llamó a Netanyahu a pocos días de haber ganado el premio para felicitarle por "los logros de Israel", cuando el genocidio contra los palestinos a manos del ejército israelí ya acumulaba más de 67.000 víctimas en Gaza. Estas alianzas de la representante de la oposición venezolana no son un detalle menor de política exterior: señalan qué modelo de poder se construirá si ella y su entorno llegan a gobernar Venezuela. Hay quienes dicen que a Machado no le queda más remedio que hacer estas alianzas con la ultraderecha mundial porque ellos son los únicos dispuestos a hablar con ella. Sin embargo, su disposición a reunirse sólo con el PP, con Vox y con los Patriots de Europa, rechazando reunirse con Pedro Sánchez, quien confirmó su apertura a reunirse con ella, demuestra que Machado privilegia su relación con la derecha y la ultraderecha española y europea.
Quienes huimos de un régimen que normaliza la violencia física contra la disidencia, estamos obligadas a aplicar el mismo escrutinio a quienes aspiran a reemplazarlo, más aún si descendemos de quienes huyeron de un régimen que hizo lo mismo contra su disidencia, como lo hizo el franquismo. El chavismo construyó a su enemigo durante más de 25 años y en ese proceso, parte de la oposición venezolana es, lamentablemente, lo que el chavismo decía que era: una fuerza que busca aliados en Washington y Tel Aviv antes que construir un proyecto soberano.
Hay visiones muy simplistas sobre Venezuela dentro y fuera de ella y por eso es importante saber que hay varias oposiciones e izquierdas en Venezuela también, incluyendo al propio Partido Comunista de Venezuela y a otras organizaciones de carácter marxista que se oponen al chavismo y plantean diferentes salidas a la crisis del país. La coherencia no es un lujo ideológico, sino el mínimo que debemos exigir a todo proyecto político que diga querer mejorar un país o el mundo: el mismo rasero para el régimen que nos oprimió, aplica para la oposición que aspira a reemplazarlo. La misma exigencia para el gobierno que te acoge, debe elevarse a quienes usan tu historia como arma en su guerra política propia.
Tanto en Venezuela como en la diáspora, hay intelectuales y activistas brillantes trabajando por construir espacios verdaderamente libres y justos para todos, con narrativas políticas honestas, basadas incluso en sus experiencias personales con el chavismo. Pongamos ahí nuestra atención y los micrófonos. Libros como "¿Por qué fracasó el chavismo?" del co-autor venezolano Simón Rodríguez, websites como el de "Venezuelan Voices", editado también por Simón Rodríguez en 2019 para combatir el "Venezuelasplaining" binario que se empeña en narrar a la sociedad venezolana como chavista u opositora de derecha, o el podcast "Menos Rosa, Más Violeta" de la abogada feminista y asilada política en España, Venus Faddoul, son voces que recomiendo leer, escuchar, apoyar y elevar. Resisten la manipulación de quienes hacen ruido con nuestras experiencias para su beneficio propio.
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