Opinión
PISA, IA y huelgas del profesorado

Por Agustín Moreno
Activista de Ecologistas en Acción
Los datos del informe PISA 2025 han hecho destellar unas luces rojas en materia educativa que llevan mucho tiempo encendidas. Veamos algunos resultados:
Son los peores datos de España de la serie histórica. Cae la competencia en matemáticas, ciencias y especialmente en lectura entre el alumnado de 15-16 años (4º de ESO). La tendencia es mundial, pero en nuestro caso es más acentuada, se sitúa por debajo de la media y afecta a todas las comunidades autónomas. Que sea un fenómeno mundial puede consolar, pero no explica toda la realidad.
Hay una ligera ventaja en los resultados de los centros privados, debido al nivel socioeconómico y cultural del alumnado. Se explica por quiénes van a cada escuela y por el sitio donde están, no porque tengan mejor profesorado, métodos o gestión. Descontando las desigualdades socioeconómicas y atendiendo al mismo alumnado, la escuela pública obtiene mejores resultados en 14 de 18 CCAA.
La gran caída en comprensión lectora es mayor en los estudiantes con nivel socioeconómico alto que en los de renta más baja, porque tienen más acceso a dispositivos digitales, a las redes sociales y a la inteligencia artificial (IA). Esta caída de la atención y del esfuerzo también puede estar relacionada con la burbuja de privilegio de los colegios privados y concertados (pioneros con las tablets que eran fuente de negocio), y por un perfil de alumnado que acaba en universidades privadas de dudosa calidad y fácil titulación.
¿Es preocupante PISA?: sí, porque seguimos sin hacer los deberes en política educativa y por tendencias derivadas del desarrollo de la IA. Más allá de los datos, el tema es ¿qué hacer? Creo que hay que actuar en un triple sentido: desmitificar PISA, afinar en las causas de los problemas, y apostar decididamente por la educación, algo obvio pero que está pendiente.
Se puede y se debe cuestionar PISA por muchas razones. El informe depende de la OCDE y está enfocado a analizar la educación para “mejorar la competitividad económica” y no como un derecho social y un bien común. Mide tres aspectos concretos que son competencias, pero también disciplinas. Pero la complejidad de la buena educación no se puede limitar a ellas dejando fuera factores importantes como la capacidad crítica, el desarrollo artístico, la educación emocional, la participación y la convivencia, etc. Variables más difíciles de medir, pero que sin ellas se reduce lo que debe ser una educación integral y el papel de la institución escolar.
Este enfoque neoliberal orientado a la competitividad y no a la cooperación, desvirtúa la naturaleza y los fines de la educación. No puede prevalecer la inserción laboral, con un enfoque contable para reducir la inversión, sobre el desarrollo personal y la integración social y ciudadana. Ello reduce el objetivo de la educación a aprobar más que al afán por aprender.
El informe PISA se desmitifica por muchos expertos y en países de Latinoamérica, por su concepción e insuficiencias. Aunque tiene cierto valor al ofrecer tendencias por los resultados comparativos entre países y en cada país y sus regiones. Pero de él no se extraen propuestas políticas para mejorar la calidad de la educación.
La IA y la pereza cognitiva. Uno de los problemas que apunta PISA 2025 es el impacto del abuso de las tecnologías digitales que generan adicción y falta de atención. Aparece cierta relación causal que indica que los rendimientos son peores a mayor uso de la IA generativa, que es lo más novedoso en los últimos cuatro años. Hay cinco países (Finlandia, Japón, Reino Unido, Canadá e Irlanda) donde se usa menos la IA y tienen mejores resultados en las competencias. España es uno de los países donde más la utiliza el alumnado (hasta el 92%) y quizá de ahí sus malos resultados. Si los alumnos leen poco y no comprenden, se esfuerzan menos y viven con el smartphone en la mano, la situación es inquietante y de difícil solución.
Cómo será el riesgo, que líderes tecnológicos de Silicon Valley como Gates, Musk, Thiel, etc. han limitado a sus hijos el uso de dispositivos y de redes sociales. Mantienen estrictas limitaciones horarias, prohibición de smartphones hasta la adolescencia o recurren a carísimos colegios sin pantallas. Los tecno-oligarcas imponen severas restricciones al uso de pantallas en sus hogares y en paralelo comercializan algoritmos adictivos y plataformas que formatean el cerebro del resto del mundo. Salvando las distancias, recuerda lo que contaba el hijo de Pablo Escobar de cuando tenía ocho años y su padre le decía: “La cocaína es un veneno para vender, eso no se consume”.
Muchos progenitores no son conscientes del peligro que supone el uso abusivo y el contenido de lo que ven, sin tutorizar y sin espíritu crítico y ético. No dan buen ejemplo si leen poco y miran mucho las pantallas. Duele ver a bebés en carritos mirando un móvil para que no se aburran ni lloren. Estamos ante un problema social y familiar -y no solo de la escuela- que exigiría un planteamiento integral, con regulaciones, límites, educación en un uso adecuado, más naturaleza y socialización para la infancia y juventud. Pero las pantallas ni son las únicas culpables ni explican todo lo que le sucede a la educación.
La apuesta decidida por la educación. Yo estoy con Danton y no me cansaré de decirlo: la educación debe ser lo primero para una sociedad. Y ojalá esta convulsión del PISA sirviera para establecer consensos entre todas las fuerzas para impulsar su calidad en España. Desgraciadamente dudo que sea así. Habrá quien reclame volver a los métodos más arcaicos, y la derecha seguirá con su “guerra cultural”. De hecho, al comentar los datos de PISA, Feijóo ha recurrido al pintoresco argumento de que el bajón de resultados ha sido por la ideologización de las aulas, un bulo que olvida que el único adoctrinamiento real es la asignatura de religión, y no lo es educar en ciencia, derechos humanos y ciudadanía.
Los resultados de PISA son los del alumnado que nació durante la gran crisis económica de 2008 y que vive en un país con un alto nivel de pobreza infantil. Esta generación se vio afectada por la austeridad y los recortes que sometieron a la enseñanza pública a un violento proceso de degradación y privatización por las comunidades autónomas del PP. Hay que recordar que los gobiernos estatales del PP desinvirtieron y recortaron 44.652 millones de euros en educación en 14 años. Mientras, el Gobierno de coalición ha estado a por uvas siendo incapaz de pactar un programa que afrontara la apuesta por la pública y la reducción de la concertada, el laicismo y mejorar la inversión que todavía no ha recuperado el nivel de 2009.
En este marco, donde la educación ha desaparecido del debate político, surgen las luchas del profesorado en muchas de comunidades autónomas (Comunidad Valenciana, Cataluña, Madrid, Andalucía, Cantabria, Aragón, etc.). En este sentido, las huelgas del profesorado de la educación pública son cono el canario en la mina: nos anunciaban que la educación en España no está bien, antes de que PISA viniera con su informe, y por otras razones.
Todas las reivindicaciones que formula el profesorado y la comunidad educativa con sus luchas buscan la mejora de la calidad de la educación. Bien sea bajar las ratios, contratar más profesorado, dotar de recursos la atención a la diversidad, reducir el horario lectivo para mejorar la atención personalizada al alumnado, subir las retribuciones como reconocimiento de un comprometido trabajo, o reducir la burocracia.
A lo anterior habría que añadir el aumento de la inversión hasta el 7% del PIB para dignificar las escuelas y fortalecer la red pública. Se debe caminar hacia la supresión gradual de la educación concertada financiada con dinero público por razones de justicia social y por eficacia académica: reduciría la segregación y la desigualdad que empeoran los datos globales. En fin, es de justicia atender las demandas del profesorado en lucha: son los que mejor conocen lo que pasa en las aulas.



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