Opinión
Podría ser el peor momento (excepto para Sánchez)

Periodista y escritora
Pedro Sánchez convoca elecciones, según afirmó en su comparecencia, para conseguir “una mayoría progresista mucho más amplia”. A su izquierda, Sumar, que es por el momento el grupo con más representación de “la izquierda a la izquierda” —además de sus socios—, acaba de mudar de nombre y aún no sabe quién va a encabezar sus listas. Ahora se llamará Frente Amplio, sin haber cambiado, que se sepa, nada más que el nombre. Las encuestas le dan un muy severo descenso. Más allá, Podemos insiste sin éxito en celebrar unas primarias abiertas a las que nadie augura futuro. Las encuestas las dejan, en el mejor de los casos, como están. El resto de las izquierdas, ERC, Bildu, BNG y Adelante Andalucía, firmes en sus tierras… Y ya estaría. Ese es el retrato de lo que Sánchez tiene para su “mayoría progresista mucho más amplia”.
Tengo la certeza de que una parte del electorado ni siquiera sabrá qué es el “Frente Amplio” cuando se enfrente a las papeletas. Toda comunicación política requiere sus tiempos, y está claro que Sánchez no tiene intención de cederlos. Ahí es donde deberíamos mirar: En quién piensa Sánchez cuando habla de “mayoría progresista”. Es evidente que no piensa en “la izquierda a la izquierda”.
Entiendo que está mal visto cuestionar a las izquierdas desde la izquierda, lleva demasiado tiempo mal visto como para no saberlo. Sin embargo creo que es necesaria una buena revisión para sacudirnos la modorra satisfecha que permite a un presidente del Gobierno hablar de “las elites” como si él no formara parte de ellas. Un presidente del Gobierno, dicho sea de paso, al que deberíamos señalar una a una las responsabilidades que tiene en la menguada situación de cualquier progresismo que no sea el de su propia persona.
Mientras tanto, y por obra del propio Sánchez y sus “amigos de 40 y 50” algunos de los cuales ahora habitan o huelen cárcel, se ha desatendido a las mujeres, a las que se puso en el centro cuando el feminismo aún era considerado un tema central. Se aprobó —con recortes— la Ley de Sólo Sí es Sí, se habló de pelear la igualdad en todos los ámbitos, se pusieron en marcha centros de crisis que luego se han subcontratado, se habló de violencias sexuales para luego hacer desaparecer cualquier mención. Se lanzó, en fin, una bomba de humo sobre el feminismo que ha logrado hacerlo desaparecer de las agendas políticas.
La cuestión es que son los partidos y los medios quienes han decidido eliminarlo, pero no los millones de mujeres que se han quedado en un limbo de coitus interruptus. Habrá que ver por qué se ha desatendido y se desatiende a ese electorado que vota en su mayoría a fuerzas de izquierdas. Que vota o votaría, cabe decir, si las tuvieran en cuenta, si se recuperara la lucha por la igualdad y los derechos de las mujeres. Esos derechos, por si alguien lo ignora, han ido disminuyendo en los últimos años de manera alarmante en la inmensa mayoría del territorio español, por no citar el resto del mundo.
En resumen, Sánchez convoca elecciones en un momento en el que las izquierdas están muchísimo peor posicionadas que en los anteriores comicios, con un partido-socio que acaba de cambiar de nombre y aún no tiene líder; un momento en el que la derecha y ultraderecha superan con creces, según todos los sondeos, la mayoría absoluta; y un momento en el que el feminismo y la igualdad entre mujeres y hombres ha desaparecido de la agenda mediática y de los partidos. Podría ser el peor momento para todas excepto para Sánchez, pero no lo diré en público, no vayan a acusarme de cuestionar a las izquierdas.

Comentarios de nuestros socias/os
Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.