Opinión
Pornografía de la tragedia

Escritora
-Actualizado a
Geoffrey Gorer, antropólogo inglés, publicó The Pornography of Death (La pornografía de la muerte) en la revista Encounter en octubre de 1955. Allí defendía que en pleno siglo XX la muerte había sustituido al sexo como el gran tabú social. La gente cada vez estaba más abierta a hablar y a mostrar su sexualidad, mientras que las defunciones habían sido poco a poco expulsadas de la vida cotidiana gracias a los hospitales y las funerarias. Los cadáveres ya no eran el cierre natural de la vida, sino algo a esconder. En cambio, en los dos siglos anteriores "la muerte no era un misterio, excepto en el sentido de que la muerte siempre es un misterio".
Se dice que en Galicia tenemos una relación más cercana con el misterio de la muerte que en el resto de España. No sé si es verdad, porque cuando nací mi familia ya no velaba a los muertos en casa, pero en los últimos días he tenido que asistir a la procesión de la Santa Compaña Influencer en forma de comunicado en Instagram, TikTok o X con texto blanco sobre fondo negro diciendo lo tristes y desoladas que estaban, porque si no lo dejan por escrito ni existe ni es verdad. Algunas, más audaces, se atrevieron con fondos de gente sentada en un tren o dibujos de ferrocarriles hechos con IA. En los textos, frases motivacionales de la versión psicópata de Mr. Wonderful como "nunca sabes qué día será el último", "nadie debería despedirse para siempre de sus seres queridos al subirse a un tren" o redacciones que empezaban con "ayer me subí a un tren y…". ¿Y qué? ¿A quién coño le importas tú más que a ti misma en una circunstancia así?
Esto se lo podrían haber dicho a la matrona que escribió en sus redes que desde que es madre piensa mucho más en la muerte y acto seguido puso el enlace para reservar una plaza en su charla "gratuita" (ya sabemos cómo va esto) sobre "miedos y maternidad". Aprovechando la ocasión, porque por qué no. O futbolistas que exigieron al ministro de Transportes por redes sociales que usase menos las redes sociales y se dedicase a hacer su trabajo. Di que sí, ahí está, leyéndote. ¿O es que el mensaje no era para él?
Sin embargo, en Galicia sabemos que la Estadea es quien guía a la Santa Compaña. Esta pornografía de la tragedia no sería posible si los medios de comunicación tradicionales no hubiesen abierto el camino antes. Entiendo el poder de la imagen, entiendo el debate que suscita el encontrarte cara a cara con un cadáver, papel o pantalla mediante, sobre todo en los tiempos en los que la muerte ha salido de las casas para convertirse en tabú.
Lo que no entiendo es el titular del ¡Hola!: "La infanta Elena viajaba en un tren, pero no en ninguno de los siniestrados en el accidente". O el espacio que algunos periódicos dan a un colaborador televisivo que estuvo a punto de coger el tren de Urda en octubre y el de Adamuz en enero. Ya es casualidad.
Y como en Galicia sabemos algunas cosas, desde aquí Francisco José Garzón, el maquinista del tren accidentado en Angrois en 2013, le da un consejo al operario de Adif cuyos audios ya se han filtrado: "Que se aísle de la tele y la prensa: le pueden hacer mucho daño" (son declaraciones a Manuel Jabois en El País). Por lo menos, su nombre aún no ha trascendido. Los nombres de muchas de las personas muertas sí, sin importar a las vivas que dejan atrás. Hasta tal punto llega el esperpento que la cuenta oficial de la Real Federación Española de Atletismo ha tenido que publicar solo tres días después del accidente: "Por expreso deseo de la familia de Julieta Gallego os solicitamos colaboración para no difundir la imagen de Julieta. Rogamos a todos los medios que dejen de difundir su fotografía y que respeten la decisión de su familia. Muchas gracias".
Gorer fue uno de los primeros en comparar la muerte, la tragedia y las desgracias ajenas con la pornografía sexual. Afirmó que "la mayoría de los idiomas son relativamente pobres en palabras o construcciones para expresar un intenso placer o un intenso dolor". El lenguaje esconde un poder infinito, pero las palabras muchas veces se quedan cortas. Y es que cuando la tragedia nos alcanza, bien sea de forma personal o como miembros de una sociedad, a menos que se tenga que rendir cuendas de la catástrofe, callarse también es una opción. Muchas veces, la mejor.

Comentarios de nuestros socias/os
Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.