Opinión
El PP alimenta a la bestia con "el feminismo de Vox"

Periodista y escritora
-Actualizado a
La presidenta en funciones de Extremadura, María Guardiola, sabe perfectamente lo que acaba de hacer al afirmar que su feminismo "es el de Vox". Lo sabe como lo sabía cuando, durante las conversaciones para el pacto de Gobierno de 2023 afirmó. "Yo no puedo dejar entrar en mi Gobierno a aquellos que niegan la violencia machista". Hasta tal punto es consciente de su brutal felonía. Me inquieta pensar qué saca con eso, qué consigue una mujer con poder dando ese paso infecto. O, más allá, quién la entrega y a qué precio.
Para empezar, Guardiola es del todo consciente de que se encuentra donde se encuentra, en lo más alto de la escalera, gracias a décadas de lucha feminista. Que todo lo que tiene se lo debe al feminismo: su poder político, su presencia pública, la divulgación de su voz, su salario, su tiempo para dedicarse a lo laboral, su situación dentro de su partido, la mera posibilidad de votar y que le voten… Hay otras lideresas de las que me cabe alguna duda, pero recuerdo nítidamente el discurso de Guardiola contra Vox en aquel ya parece que lejanísimo 2023, unas palabras que tuvo que tragarse en seco: "Yo no puedo dejar entrar en mi Gobierno a aquellos que niegan la violencia machista, a quienes usan el trazo gordo, a quienes están deshumanizando a los inmigrantes y a quienes despliegan una lona y tiran a una papelera la bandera LGTBI [...] He hecho todo lo que estaba en mi mano. Mi promesa y mi tierra no son moneda de cambio de nada".
Pero no solo eso. Dicho discurso evidencia que la política extremeña también tiene meridianamente claro cuál es el plan de los ultraderechistas desde el momento en el que toquen poder. Ella misma hizo el recuento de los desastres que vendrán, y se quedó muy corta. Probablemente ya entonces tuvo claro que jamás tratarán de tú a tú con una mujer, sea del partido que sea.
El camino para llegar a donde está Guardiola no debe de haberle resultado sencillo. A ninguna nos pasa, da igual si eres conservadora, de izquierdas o mediopensionista. Cada peldaño en la escalera que ha subido esta mujer que ahora se ofrece a los chacales de Vox supone cesiones en lo íntimo, humillaciones, agresiones, silenciamientos y desgarros que no suelen padecer los varones.
Ahora, cuando no han pasado ni tres años desde que aquellas palabras suyas sacudieron a la derecha patria, no sólo se entrega a Vox, sino que da un paso más, y no es pequeño. Afirma sin despeinarse que su feminismo "es el de Vox", lo que implica no ya asumir que la extrema derecha tiene algún tipo de feminismo, sino negar la misoginia estructural de los de Abascal, su odio contra las mujeres y su minucioso programa para convertirlas es ciudadanas subordinadas al poder masculino en un delirio de supremacismo macho que avanza sin que nada parezca frenarlo. Todo eso lo sabe Guardiola.
También sabe que las mujeres, para Vox, no cumplen un papel estructural sino instrumental, que no forman parte ni permanecen, sino que sirven para determinados fines y después se deshacen de ellas para devolverlas al lugar al que creen que pertenecen: el espacio privado, la esfera que no tiene voz en lo público. Por el momento, a la ultraderecha las mujeres le sirven para blanquear su discurso, enmascarar la misoginia y, como en el caso de la extremeña, demostrar que ellos no dialogan con mujeres, ellos imponen.
El papel de Vox, en cualquier caso, está claro y no ha variado. El de Guardiola es más correoso, porque es difícil situarla en la escena. Se nos muestra borrosa y, como he escrito al principio, cuesta entender qué saca con tal afirmación desde lo alto de una escalera ya han retirado de bajo sus pies. Podría suceder que, en su avance hacia la ultraderecha, el PP haya decidido entregar la presa extremeña a Vox, consciente de que los de Abascal jamás pactarán, ni siquiera conversarán, con una mujer. Hasta ahí podía llegar su pecho lobo. A esto se le llama alimentar a la bestia.
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