Opinión
Las protestas estudiantiles marcarán las presidenciales en Francia

Por Pablo Castaño
Periodista y profesor de Ciencia Política en la UAB
El masivo movimiento estudiantil que sacude Francia desde el 17 septiembre podría marcar el resultado de las elecciones de 2027, apartando definitivamente al ‘macronismo’ de la carrera por la presidencia y beneficiando al izquierdista Jean-Luc Mélenchon, líder de La Francia Insumisa.
El pasado 13 de octubre, los estudiantes salieron a la calle por quinta vez, apoyados por sindicatos de trabajadores, en protesta por la falta de inversión en la educación pública. Más de 400.000 personas se manifestaron, según los organizadores, y los huelguistas bloquearon cientos de institutos y el noventa por ciento de las universidades del país.
El estallido estudiantil responde al deterioro acelerado de la educación pública después de nueve años de presidencia de Emmanuel Macron, marcados por los recortes en servicios públicos y las exenciones fiscales a las grandes fortunas y empresas, que la asociación Attac cifraba en 2025 en más de 200.000 millones de euros: una cuarta parte del incremento de deuda pública desde 2017. Las causas inmediatas de las protestas son la falta de personal y mantenimiento en los institutos y el incremento de las tasas para universitarios extranjeros, definido como “racista” por el sindicato Unión Estudiantil. La movilización se ha encontrado con una represión policial brutal, que ha encendido aún más los ánimos de una generación que percibe que las promesas de ascenso social de la República son papel mojado.
Las protestas están debilitando al impopular gobierno del primer ministro Sébastien Lecornu que, sin mayoría en el parlamento, prevé presentar el 17 de octubre un nuevo presupuesto de recortes sociales. El precandidato presidencial más cercano a Macron, el ex primer ministro Gabriel Attal, se ve superado en las encuestas por Marine Le Pen y Mélenchon. Las protestas también incomodan a la líder del Agrupamiento Nacional (AN), que promete grandes recortes del gasto público si es elegida presidenta y ha acusado a los manifestantes de estar “manipulados por la extrema izquierda”. El Partido Socialista, atrasado en las encuestas, ha denunciado la violencia policial, pero no se ha atrevido a salir a la calle con los manifestantes. Quizá porque permitieron la aprobación del presupuesto de 2026, que preveía la destrucción de 4000 plazas de profesores, y no están seguros de ser bien recibidos en las calles.
Los estudiantes que iniciaron las protestas en Créteil niegan cualquier incitación por parte de La Francia Insumisa, que sin embargo ha apoyado abiertamente las huelgas y ha salido a la calle con los jóvenes manifestantes. Las redes sociales se han llenado de vídeos del alcalde de Saint-Denis, Bally Bagoyoko, protegiendo a los estudiantes de los antidisturbios, como han hecho muchos diputados y regidores ‘insumisos’ en todo el país.
Es indudable el interés electoral de este movimiento para Mélenchon, que está en ascenso en las encuestas, pero sigue muy por detrás de Le Pen. La Francia Insumisa está centrando su estrategia electoral en movilizar a los votantes de barrios populares y jóvenes. El partido ya lidera ampliamente la franja entre los 18 y los 24 años, pero su reto será llevar a las urnas a un sector que tradicionalmente se abstiene más que el resto de la población. Las protestas estudiantiles le han proporcionado a Mélenchon una ocasión única para profundizar en su estrategia de oposición total a la política de Macron y acercamiento a la juventud. Los llamamientos en redes sociales a un movimiento más amplio, inspirado en los ‘chalecos amarillos’, a partir del 17 de octubre, es música para los oídos de Mélenchon, que pretende que las calles le ayuden a recuperar la distancia que le separa de Le Pen en la carrera por el Elíseo. Faltan seis meses para saber si su apuesta es acertada.

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