Opinión
El PSOE y el machismo que desgarra

Por Noelia Adánez
Coordinadora de Opinión.
-Actualizado a
Los escándalos de corrupción adquieren una dimensión de realidad cuando conocemos en qué gastan los corruptos el dinero que nos roban. Los audios de Koldo, Ábalos y Cerdán revelaban que quienes fueron una vez hombres fuertes del presidente del Gobierno Pedro Sánchez, miembros destacados de un núcleo duro hipermasculinizado, frecuentaban los servicios de prostitutas, lo que generó un tremendo revuelo porque la sociedad sigue jugando a la doble moral y aparentando un puritanismo tan poco creíble como la integridad de los últimos secretarios de organización socialistas.
Al margen del morbo y el revuelo, a los socialistas aquellos audios les crearon otro tipo de problema. En la medida en que el partido se define como abolicionista, las feministas del PSOE no vieron con buenos ojos que miembros de tanta confianza y cercanía con Sánchez, contrataran a mujeres prostituidas.
Sin duda la vida que llevaron Ábalos y Koldo es poco edificante y pone de manifiesto la existencia de una contradicción entre lo que el PSOE predica y lo que practica. Feijóo quiso afearle esto exactamente a Sánchez en la sesión de control en el Parlamento del pasado miércoles y se confundió con predicar y practicar porque, al fin y al cabo, estamos hablando de feminismo, algo que los populares se jactan de despreciar. Con ellos, sencillamente, no va.
Por esa razón el líder de la oposición califica a Paco Salazar de “guarro” y no de acosador, porque en el PP ni siquiera tienen disponible un lenguaje que describa los abusos reiterados de poder y las insinuaciones de índole sexual de Salazar con sus compañeras de partido. En el PP, además, no se atreven a llamarle acosador para que nadie pueda tacharles ni remotamente de feministas. Especialmente sus aliados presentes y futuros, los ultras de Vox.
La portavoz del PSOE en el Parlamento de Andalucía, Ángeles Férriz, se expresaba hace dos días de la siguiente manera: "Estoy hasta el moño de puteros y de acosadores. Sobre todo porque estos comportamientos, en un partido como el mío, nos desgarran por dentro. Porque no tienen cabida".
En efecto, el machismo en las organizaciones que se reivindican de izquierdas o progresistas es desgarrador porque pone de manifiesto algo todavía más grave que una contradicción. Revela que partidos políticos, medios de comunicación, sindicatos o cualquier otra organización de la sociedad civil que hace bandera del feminismo sin asumir sus postulados más básicos, que tienen que ver con garantizar que no se produzcan situaciones de abuso de poder en general y con relación al género en particular, incurren en un engaño en su presentación pública y traicionan a las mujeres que, en su interior, han confiado en que las organizaciones asumían el discurso feminista.
De nada sirven los protocolos ni las declaraciones de intenciones cuando tu cultura política hegemónica es machista. Rectifico, sirven al propósito de desactivar las denuncias porque no resuelven, y por tanto solo revictimizan. Y sirven para hacer pinkwashing porque se utilizan para publicitar un feminismo de mentira.
Los protocolos y los canales internos de denuncia solo son útiles si en las organizaciones se impone el respeto y se superan las asimetrías de género. Si en las organizaciones no existe una cultura igualitaria y una distribución igualitaria del poder, es una estafa presentarlas públicamente como feministas.
De nada sirve que el presidente del Gobierno y secretario general del PSOE diga que asume en primera persona los errores cometidos con el 'caso Salazar' porque eso, exactamente, ¿qué significa? Bajo mi punto de vista le añade un elemento de paternalismo a la impunidad machista gracias a la que se han tapado las denuncias contra Salazar y gracias a la que este individuo, igual que el presidente de la Diputación de Lugo José Tomé o el secretario general del PSOE de Torremolinos, Antonio Navarro, perpetraron algunas de sus fechorías. Con Tomé se ha actuado rápido y con Navarro no les quedó más remedio que pronunciarse pronto porque la mujer a la que presuntamente acosaba, militante socialista, denunció ante Fiscalía. Del dimitido miembro de la ejecutiva Javier Izquierdo no conocemos detalles todavía. Pero Salazar, como Ábalos, era un hombre de la confianza del presidente Sánchez, por lo que la connivencia y la proximidad con él le compromete de una forma muy directa. O en el PSOE no están viendo o no están queriendo ver el destrozo que estos casos le hacen a la marca de su partido y, eventualmente, el coste electoral que les puede hacer pagar en términos de voto femenino.
Asumir la responsabilidad de ese desgarro del que Ángeles Férriz ha hablado solo podría traducirse en una medida: la dimisión de Pedro Sánchez. ¿Pensáis que soy una exagerada? Claro, pero porque eso es lo que soléis pensar de las feministas. Yo, sin embargo, lo que creo es que es asquerosa toda esta hipocresía y que con un PSOE tan desprestigiado por la corrupción y el machismo, el gobierno de coalición, con unos aliados cuyos apoyos vienen marcados por la volatilidad, ahora sí, tiene contados sus días.

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