Opinión
Puertas al campo: por qué prohibir el acceso a menores no mejora nada

Por Toni Mejías
Periodista
La media de edad en la que acceden los niños a la pornografía son los 11 años, dato que, además, indica que hay niños de 8 que ya han consumido este tipo de vídeos. Hay jóvenes que son incapaces de mantener una erección si no hay comportamientos violentos y extremos en sus relaciones sexuales por el contenido que consumen. Hay niñas de primaria que desarrollan trastornos de la conducta alimentara con menos de 10 años. Hay menores que se han suicidado por el acoso sufrido en redes sociales. Niñas de 5 años que saben trucos de maquillaje. Niños con interés por las armas y con pensamientos retrógrados y reaccionarios. Y todos y todas con un acceso infinito a un mundo lleno de mentiras, de odio y de vidas perfectas inalcanzables, pero ¿la solución es prohibir?
El anuncio del presidente del Gobierno de restringir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años está generando respuestas de todo tipo, también desde su espectro político. Aunque desde la oposición estaba claro que se le acusarían de dictador los mismos que llevan años reclamando un pin parental, también entre sus votantes o votantes de sus socios de legislatura genera dudas una medida tan extrema que no resuelve el problema de origen. Además, ¿por qué es peor un adolescente que un adulto con un teléfono móvil? ¿Es más responsable el uso que hace un padre que su hijo? ¿De verdad creemos que tiene más capacidad crítica por el simple hecho de tener más edad? ¿Quién no ha recibido algún bulo en WhatsApp de algún familiar adulto? Tenemos que proteger de las redes sociales y sus peligros promovidos por sus dueños a toda la población, no solo a menores.
Porque si se cumple con la propuesta, ¿quién va a proteger al niño que vaya con su padre a un campo de fútbol a proferir insultos racistas al jugador rival? ¿Quién va a proteger a la niña que desde corta edad le imponen dietas y le crean inseguridades sobre su cuerpo en su mismo núcleo familiar? ¿Quién va a proteger a los adolescentes que viven con adultos que tienen todo el día la tele puesta con programas como Horizonte o El Hormiguero? Por no hablar de que YouTube no es considerada una red social y ahora mismo su contenido no es mejor que el de TikTok o Twitter. A veces esas redes sociales son el único escape dentro de un hogar donde el odio (hacia otros y hacia si mismo) se respira en el ambiente. Es una ventana a otro tipo de actitudes, de ideas y de futuro. No todos y todas las adolescentes van a abrazar las ideas de Alvise Pérez.
Si el problema es un algoritmo creado para potenciar los mensajes de extrema derecha, un contenido sin ningún tipo de control que permite la violencia o crear con un sencillo clic desnudos falsos de cualquier persona sin censura alguna, el principal problema son las plataformas y sus dueños y un sistema creado para visibilizar un tipo de contenido por encima de otro. Entonces, ¿por qué no perseguir a los jefes de estas redes sociales? Imponedles multas enormes que sirvan para financiar los posibles daños que causan. Cread un marco común europeo que les obligue a regular y hacer de esas redes un lugar más seguro. El adolescente que quiera entrar lo va a hacer. Va a conseguir una VPN o cualquier otro tipo de camino para acceder. Por lo tanto, por qué no buscamos unos espacios más respirables en vez de prohibir el acceso a ellos. Porque no vas a impedirlo y, repito, el problema no solo lo tienen los menores de 16.
Por otro lado, ¿por qué las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado no hacen nada con las amenazas en redes sociales? Hace años estaban preocupadísimos por chistes sobre Carrero Blanco o la monarquía y encerraban a jóvenes por escribir "Goku vive, la lucha sigue" y hoy son incapaces de ver delito en un matón jefe de un grupo de matones como Desokupa amenazando con mandar al hospital a otras personas. No ven nada punible en miles de usuarios que amenazan con violar o asesinar a mujeres en las redes sociales. Les parece normal que Vito Quiles o Javier Negre digan auténticas barbaridades y acosen y señalen a otras personas para mandar contra ellas a sus seguidores. Una ley de prensa no, que eso es censura. Pero cerrar las redes sociales a menores sí. Al final es recurrir a lo fácil para no ver que el problema es mucho mayor y sobre todo lo es porque durante mucho tiempo se ha mirado para otro lado. Se ha dejado crecer al lobo porque el PSOE pensaba que le daba votos y ahora el lobo es tan grande que prefiere escondérselo a la gente joven que enfrentarse a él.
Es necesario hacer algo para sanar nuestra relación con internet y el mundo virtual. Se han agudizado muchos problemas desde que las redes sociales llegaron a nuestras vidas y nos pusieron acceso a ellas las 24 horas del día. Pero ponerse en contra a un grupo de población, que además en la actualidad ya no te tiene demasiada simpatía, no parece lo más inteligente. Sobre todo porque la mayoría de odio y de mentira es difundida por gente con mucho más edad. Y la vierten también fuera de las redes sociales y, sin estas, el adolescente no podrá contrastar ni buscar otros puntos de vista. No pongamos vallas al campo. Hagamos de ese campo un sitio menos hostil. Para todas. La democracia está en juego.
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