Opinión
Hasta la raíz
Por Magda Simó
Periodista y escritora
El pasado mes de mayo, el Teatre Principal de València acogía con un lleno total el estreno de "Terra de guapes", el último espectáculo de la cantante valenciana Sandra Monfort. Este nuevo proyecto, que esta misma semana se ha podido ver al aire libre en el festival Sagunt a Escena, y en octubre estará en la Fira Mediterrània de Manresa, es un recorrido simbólico a través de canciones populares por la cultura, las tradiciones y la idiosincrasia valenciana con una mirada contemporánea y transgresora. Un viaje reverencial en algunos puntos e irreverente en otros, pero siempre lleno de emoción, afecto e intensidad, dividido en cuatro actos que aúnan la música, la performance y la danza en un espectáculo de gran formato.
Esta no es la primera incursión que Monfort (Pedreguer, 1992) hace en los terrenos del folklore, al contrario: desde el inicio de su carrera artística ha bebido de las fuentes tradicionales y se ha aupado en ellas para gestar sonoridades que tienen mucho de revolucionario sin dejar de ser totalmente nuestras. De hecho, Sandra Monfort lleva más de diez años decidida a cavar hasta la raíz: radicalmente arraigada en lo popular sin soltar la más absoluta vanguardia. Sin miedo a provocar y con una personalidad rotunda, algo muy de admirar en épocas de propuestas clonadas y de uniformidad beige, inofensiva.
El trabajo de Sandra Monfort, sin embargo, no es único, sin dejar de ser singular, porque se inscribe en una corriente que en los últimos años ha rascado las capas de polvo, caspa y barniz caoba al folklore ibérico en sus distintas expresiones y orígenes. Como en esos vídeos de instagram donde gente muy hábil decapa muebles antiguos con extrema facilidad y deja la madera desnuda, lista para lucir con todos sus orgullosos años, artistas como Tanxugueiras y Carlos Ares en Galicia, Rodrigo Cuevas en Asturias, Alosa en Catalunya, Pitxorines en Baleares, Maestro Espada en Murcia, o Zetak y Verde Prato en Euskadi han puesto su magia y su sensibilidad al servicio de las músicas de sus abuelos para entregarnos elaboraciones artesanas totalmente contemporáneas y capaces de conectar y, sobre todo, emocionar a nuevos públicos. Es más, brillan con una pátina de modernidad tranquila y desacomplejada de quien es moderno sin querer serlo, como ese barniz mate que se le pone luego a la madera, como pasar las vacaciones en tu pueblo sin disculparte por ello.
A día de hoy, el folk es de lo más punk que se me ocurre en el ámbito cultural, lo más radicalmente emocionante y con un significado completo, porque a veces el viaje de la innovación hay que hacerlo primero hacia atrás y hacia dentro, hacia el fondo mismo de lo que somos, fuimos y seremos. Recordar y reivindicar ese patrimonio inmaterial de las canciones y las sonoridades tradicionales nos acerca a épocas donde el tiempo transcurría de otra manera y el único entretenimiento posible pasaba por compartir, observar y escuchar. Hoy podemos hacer miles de otras cosas, pero quizás observemos y escuchemos menos que nunca.
En ese sentido, hace solo un par de meses tuve la suerte de ver "Descasades", el espectáculo de la catalana Magali Sare, en uno de los mejores festivales que conozco, (A)phònica en Banyoles, que en cada edición consigue una programación de sorpresas y descubrimientos deliciosos en torno a la voz humana y sus infinitas posibilidades. Magalí Sare es una joven cantante y multiinstrumentista nacida en Barcelona en una familia de músicos y que, como Sandra Monfort, ha orientado su carrera artística hacia la investigación sobre la música tradicional. En su caso, "Descasades" se centra en las mujeres que escapan del matrimonio o los roles tradicionales en diferentes culturas a través de canciones de distintas épocas y procedencias, en un universo sonoro único articulado en torno a este hilo conductor. El resultado es un disco y un espectáculo de tremendísima belleza, donde Sare canta en doce idiomas distintos, con estilos diversos y una fluidez asombrosa entre géneros.
Mientras la veía sobre el escenario, pensaba ya en este artículo: dónde reside el enorme poder evocador de la tradición, cómo es posible la absoluta vigencia de los temas que se tratan y, sobre todo, la reinterpretación que las posibilidades técnicas y sonoras actuales pueden darle a ese repertorio. Me emocioné, exactamente igual que me pasó la primera vez que vi a Rodrigo Cuevas o más recientemente con las canciones de Sandra Monfort, que colisionan con las convenciones y se atreven a formidables apuestas estéticas de las que sale siempre vencedora, tras volarnos la cabeza inicialmente. Pero claro, esto no es solo suerte ni es azar, detrás hay formaciones musicales muy sólidas y un talento indudable que hace que todos estos artistas transiten con solvencia en diferentes ámbitos. Y atrevimiento. Y actitud. Y por encima de todo, respeto y fascinación. Quizás aquí esté el secreto, que no necesita ser desvelado, solo disfrutado.
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