Opinión
Las recetas de la izquierda para ganar en América Latina

Por Pablo Castaño
Periodista y profesor de Ciencia Política en la UAB
La cumbre progresista convocada por Pedro Sánchez en Barcelona reunió, entre otros jefes de Estado, a Lula da Silva, Claudia Sheinbaum y Gustavo Petro, tres presidentes que han conseguido y conservado el poder con estrategias muy distintas. Sus ejemplos demuestran que no hay una receta única para vencer a la extrema derecha.
La trayectoria épica de Lula es bien conocida: el antiguo obrero metalúrgico llegó a la presidencia por primera vez en 2002, estuvo en el poder hasta 2010, pasó 580 días encarcelado en un caso de lawfare y volvió a ganar en 2022. Una victoria pírrica, ya que venció al entonces presidente Jair Bolsonaro por un estrecho margen y, para hacerlo, tuvo que incluir en su coalición a partidos del establishment político tradicional, representado por su actual vicepresidente, Geraldo Alckim. A esta contradictoria alianza se suma que el Congreso está dominado por partidos conservadores y diputados más preocupados por obtener prebendas para sus territorios que por cualquier ideología.
En este contexto adverso, Lula se ha visto obligado a aceptar un marco de austeridad fiscal que limita la capacidad de hacer políticas sociales tan ambiciosas como las que marcaron sus primeros mandatos. No obstante, cerca de 9 millones de brasileños salieron de la pobreza durante los dos primeros años del actual gobierno, el paro ha bajado y se ha ralentizado la deforestación, que se disparó durante el gobierno de Bolsonaro. Está por ver si estos éxitos serán suficientes para la reelección de Lula en las elecciones de octubre: las encuestas muestran un empate con Flavio Bolsonaro, el hijo del expresidente.
Más cómoda es la situación de Claudia Sheinbaum, cuyo partido, el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), gobierna México desde 2018. En 2024, el popular presidente Andrés Manuel López Obrador cedió el testigo a Sheinbaum, que arrasó con el 60% de los votos y gobierna con una tasa de aprobación cercana al 90%. Desde 2018, el salario mínimo se ha más que duplicado y más de 13 millones de personas han salido de la pobreza. Además, los gobiernos de MORENA han impulsado grandes proyectos de infraestructuras, como el Tren Maya – envuelto en polémicas por su impacto ambiental – y pequeñas obras para mejorar los barrios, que han contribuido a la popularidad de Sheinbaum.
Pero López Obrador y Sheinbaum tienen relaciones complicadas con movimientos sociales como el feminismo, han militarizado la seguridad aún más que sus predecesores y han mimado al Ejército, adjudicándole la gestión de grandes obras públicas. Además, ambos líderes han renunciado a realizar una reforma fiscal progresiva que reduzca las enormes desigualdades del país, optando por respetar los privilegios de los ricos y cooptar a miembros del establishment político tradicional, debilitando a los partidos de oposición. Tanto Lula como Sheinbaum han conseguido manejar con habilidad las amenazas de Trump, combinando la retórica patriótica con cesiones parciales al imprevisible inquilino de la Casa Blanca.
El Pacto Histórico colombiano, por su parte, se juega el poder en las presidenciales de junio, donde la izquierda estará representada por Iván Cepeda, un defensor de los derechos humanos con formas más pausadas que las del explosivo Petro. El primer gobierno de izquierdas de la historia de Colombia ha impulsado una ambiciosa reforma fiscal, ha mejorado el acceso a las pensiones y la educación superior, ha incrementado el salario mínimo y ha conseguido reducir la pobreza. Colombia también se ha convertido en el primer país exportador de petróleo que inicia la reducción del sector para hacer frente a la crisis climática.
Sin embargo, la apuesta de Petro por el diálogo con los grupos armados ilegales ha fracasado – la violencia sigue – y el exguerrillero no ha conseguido aprobar algunas leyes claves, como la necesaria reforma de la salud. Con un fuerte discurso antiestablishment, Petro ha tenido dificultades para llegar a acuerdos con los partidos tradicionales, que son mayoría en un Parlamento muy fragmentado. Esta frustración por las reformas pendientes quedó en segundo plano tras el agrio enfrentamiento de Petro con Trump – llegó a amenazar con un ataque militar contra Colombia –, que ayudó al Pacto Histórico a ser el partido más votado en las elecciones legislativas de marzo.
Los caminos de las izquierdas latinoamericanas para conservar el poder han sido distintos, pero tanto Lula como Sheinbaum y Petro se han visto reforzados tras sus enfrentamientos con el imperialismo trumpista. Una apuesta compartida con Sánchez, que ha escenificado en Barcelona el frente global anti-Trump con un ojo puesto en las encuestas.
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