Opinión
El refuerzo de la izquierda alternativa

Por Antonio Antón
Sociólogo y politólogo
-Actualizado a
Hoy día existen, al menos, cuatro propuestas para dar respuesta al imprescindible refuerzo y la deseada renovación de la izquierda transformadora situada a la izquierda de la socialdemocracia. Parten de la realidad de su declive representativo que, junto a la debilidad socialista, aventura la posibilidad de un cambio de ciclo político en las próximas elecciones generales, con la victoria parlamentaria y el acceso gubernamental las derechas, cada vez más extremas, que impongan una involución social y autoritaria. Ante esa eventualidad, pretenden generar un revulsivo público para activar a la izquierda social y las fuerzas progresistas.
Las dos primeras iniciativas señalan su oferta unitaria, desde su respectiva primacía, con un perfil programático por desarrollar. Las dos segundas, destacan su prioridad por el autodesarrollo y avanzan su particular estrategia.
La primera propuesta es la de refundación de la plataforma actual de la coalición Sumar, por parte de los dirigentes de sus cuatro grupos más relevantes, con responsabilidades gubernamentales: Movimiento Sumar, Izquierda Unida, Más Madrid y los Comunes. Dan por supuesto que constituyen el eje mayoritario y articulador del conjunto de la izquierda alternativa, con una oferta para las mayorías sociales, es decir, de políticas útiles de izquierda moderada y de colaboración institucional con el Partido Socialista. Supone asegurar su hegemonía política ante Podemos y el bloque nacionalista, aunque está por definir su nuevo programa compartido y el reequilibrio dirigente entre esos grupos políticos en una estructura coral, su liderazgo y el papel de Yolanda Díaz.
La segunda iniciativa es de debate público sobre la convergencia de todo el espacio de izquierda alternativa, comandado por el diputado catalán de ERC, Gabriel Rufián, y el portavoz adjunto de Más Madrid, Emilio Delgado. Lo hacen sin el aval oficial de sus respectivas organizaciones, pero son representativos de una amplia corriente de opinión, con expectativas de remontada electoral para prolongar la gobernabilidad progresista.
El matiz significativo que aporta el republicano es que la primacía política debería recaer en las fuerzas soberanistas o territoriales, que mantendrían su propia independencia y el estatus y la sigla predominantes en sus zonas. Supuestamente, serían más sólidas que las plataformas estatales (Podemos y la nueva coalición que salga de la renovación de Sumar), que también tienen presencia en esos territorios.
A su vez, el otro participante en la conversación, de Más Madrid, además de promover, igualmente, su protagonismo público y el de su sensibilidad política, no esconde su preferencia por la coordinación más estrecha y mayor influencia con los grupos territoriales autónomos en la actual coalición Sumar (Compromís, Chunta Aragonesista y Mes), que valoran positivamente esta iniciativa.
La tercera propuesta, contrapunto de la segunda, es la reafirmación, de cada una de las tres organizaciones nacionalistas de izquierda más potentes en Catalunya, País Vasco y Galicia (ERC, EH-Bildu y BNG), de su prioridad por su respectivo proyecto específico nacionalista y su papel predominante en su propio país, reforzado en los últimos años.
Rebajan la relación con el resto de organizaciones del estado hacia posibles acuerdos concretos en la gestión política y parlamentaria estatal. Y, en sus países, favorecen la tendencia hacia una posición subalterna de esas fuerzas estatales y confederales o tendente a la asimilación ante su reciente debilidad relativa, y después de su susto, al comienzo de este ciclo, de que obtuviesen mayor representatividad entre sus ciudadanías que las nacionalistas. Aquí, podríamos añadir, aunque por otras consideraciones estratégicas, la posición autónoma de Adelante Andalucía y la corriente anticapitalista (y la CUP).
La cuarta posición es la estrategia de la dirección de Podemos, de construir una izquierda valiente, con el desarrollo autónomo de sus propias fuerzas, desde la consideración de que tanto el conglomerado actual de Sumar -y el que viene- como el de las formaciones soberanistas están subordinados al Partido Socialista y es imposible compartir con ellos un proyecto transformador real, al que, supuestamente, habrían renunciado, adjudicándoles la responsabilidad del avance de las derechas.
Su estrategia pasa por la diferenciación con todos esos campos de izquierda moderada y nacionalista, con la pretensión de exclusividad representativa y la expectativa de incremento del apoyo social, hipótesis que habrá que verificar -igual hasta las elecciones generales-.
Sin embargo, los últimos indicios de las elecciones aragonesas, probablemente repetibles en Castilla y León y Andalucía, indican la fragilidad de ese proyecto y ese argumentario, con la pérdida de apoyo popular, y la consolidación de la división en el conjunto de ese espacio, con la repercusión especial de la reducción de escaños colectivos que pudieran contribuir a una gobernabilidad progresista.
Se abre un debate interesante que trata de remover una dinámica descendente de la izquierda alternativa confederal, en su doble polo, la coalición Sumar y Podemos, no así de la izquierda nacionalista que está más consolidada. Su refuerzo y colaboración es imprescindible para, junto con la renovación socialista, mantener la expectativa de prolongar una gobernabilidad de progreso. Por ello, enseguida ha conectado con una sensibilidad social de izquierdas y una opinión pública progresista que aspira a consolidar derechos y mejorar sus condiciones vitales, a la reforma social y la democratización.
No obstante, las dificultades son muchas. Los tres grandes actores, las direcciones de la nueva coalición Sumar, en formación, Podemos y las izquierdas nacionalistas manifiestan posiciones distantes y específicas para el fortalecimiento prioritario de cada uno de los tres bloques, en parte en competencia con los otros dos. El riesgo es que se queden como dinámicas parciales y de parte, sin resolver la convergencia del conjunto, cuya traducción electoral en escaños es decisiva y, al mismo tiempo, problemática de articular equilibradamente.
La propuesta de Rufián, más ambigua, de construir puentes entre los tres aparece como bien intencionada pero sin estructura partidaria detrás y poca capacidad operativa. Habrá que seguir la experiencia, profundizar en el análisis de los obstáculos, allanar el camino de intereses corporativos y, sobre todo, practicar un talante democrático, de respeto al pluralismo e integrador, con un proyecto transformador sustantivo de progreso.

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