Opinión
Un Reich a la americana

Por Noelia Adánez
Coordinadora de Opinión.
Antes de 1965, Amiri Baraka se llamaba Everett LeRoi Jones. Muchas sabemos de este artista beat -poeta, músico, dramaturgo y académico-, a través de las memorias de su primera esposa, Hettie Cohen, tituladas precisamente Cómo me converti en Hettie Jones. También nos habló de Jones la poeta Diane di Prima, con quien se relacionó -y tuvo una hija-, después de separarse de Hettie, madre de sus dos primeras criaturas. Di Prima le dedicó un poema recomendándole que relativizara sus quejas (los beat, tan masculinos ellos, eran todos unos quejicas) y recordándole “lo que importa”: la revolución, la revelación: “el poema echando raíces en miles de mentes”.
Aparentemente, LeRoi Jones le hizo caso: entró en contacto con Malcom X y el movimiento por la defensa de los derechos civiles, se convirtió a la Nación del Islám y pasó a llamarse Amiri Baraka. Revolucionario, radical, marxista y, eventualmente comunista, Baraka escribió hace más de veinte años un libro con su segunda esposa, Sylvia Robinson (Amina Baraka) titulado The Essence of Reparations. Este libro de ensayos contiene muchos de los presupuestos políticos y filosóficos de la teoría crítica de la raza, una de las bestias negras, junto con el feminismo, de la ultraderecha norteamericana y el trumpismo.
La teoría crítica de la raza es un campo de análisis con más de cuarenta años de historia y su idea de partida es que la raza (al igual que el género) es una construcción social que, como dice el historiador camerunés Achille Mbembe: “Ha sido, a lo largo de los siglos, el origen de varias catástrofes, la causa de devastaciones psíquicas insólitas, así como de incontables crímenes y masacres”. (Crítica de la razón negra. Ensayo sobre el racismo contemporáneo).
El examen de la historia norteamericana con una perspectiva crítica, admitiendo que toda ella se encuentra atravesada por la marginación y explotación de la población autóctona y afrodescendiente, ha pasado a convertirse -según nos dicen aquí y allá- en un tema divisivo. Ojo, porque cuando asuntos políticos como éste se califican de divisivos o confrontacionales, en realidad se oculta el hecho de que las supuestas divisiones y confrontaciones derivan de la ruptura interesada de consensos fundamentales por parte de los ultras. Algunos de estos consensos estaban todavía pendientes de consolidarse cuando la extrema derecha ha venido a hacerlos saltar por los aires. Es el caso de la teoría crítica de la raza, especialmente en lo referente a la necesidad de reparar a las poblaciones que históricamente sufrieron el supremacismo blanco.
Acechada por sus detractores, que no dudan en presentarse como las verdaderas víctimas de lo que consideran una conspiración (“gran reemplazo”), la teoría crítica de la raza y los discursos anti-racistas son tomados por arietes intelectuales de un proyecto encaminado a sustituir a la raza blanca y generar un nuevo sistema de privilegios (a través, por ejemplo, de las políticas de inclusión) de la que los blancos quedarían excluidos. Y por si este delirio supiera a poco, tenemos a Trump asegurando, mediante el recurso a imágenes falsas, que lo que está sucediendo en Sudáfrica es que se está llevando a cabo un genocidio contra los blancos. ¿Quién da más?
Desde sectores ultras se vienen difundiendo noticias falsas y siguiendo estrategias de desinformación desde hace prácticamente dos décadas. Junto a las fake news, la ultraderecha ha concentrado esfuerzos importantes en atacar de un modo frontal a la ciencia y, por extensión, a aquellos espacios en los que se produce y reproduce el conocimiento: las universidades. En esta tarea se encuentra ahora mismo Trump en Estados Unidos, en la de desmantelar la noción misma de lo que es el conocimiento autorizado y en la de dinamitar todo el entramado social que irradian las instituciones universitarias, que son también lugares de crítica, de socialización y convivencia.
En las últimas horas, la administración Trump ha revocado la capacidad de la Universidad de Harvard para inscribir a estudiantes internacionales, acusando a la institución de convertirse en un semillero de agitadores antiamericanos, antisemitas y proterroristas. Harvard ha respondido y habrá que ver en qué queda todo esto. En Columbia, entre tanto, se están investigando agresiones antisemitas por la presión constante del gobierno norteamericano.
Amiri Baraka fue profesor en varias universidades, entre otras, en Columbia, a pesar de que como tantos otros afroamericanos se graduó en la prestigiosa universidad de Howard. En Howard también estudió Ras Baraka, uno de los cinco hijos que tuvo con Amina. Amiri murió en 2014. Más de tres mil personas asistieron a la ceremonia de su despedida, que ofició el actor Danny Glover. Ras, poeta y dramaturgo, como su padre, pronunció una bella elegía y lo hizo no solo como hijo de Amiri, sino también como alcalde Newark, pues hacía solo unas semanas que había asumido el cargo.
Ras Baraka es un político demócrata con un perfil muy progresista. Comprometido con la reducción de la pobreza y el acceso de las clases populares a la vivienda, Baraka se ha empeñado en mejorar las condiciones de vida de sus conciudadanos y, desde hace unos meses, en evitar, a toda costa, que su ciudad albergue un centro de internamiento de migrantes. Newark se encuentra en el Estado de Nueva Jersey y está a apenas quince kilómetros de Nueva York; de hecho, forma parte de su área metropolitana. A pesar de sus esfuerzos, Baraka no ha podido evitar la apertura del centro Delaney Hall, que se encuentra estratégicamente ubicado a cinco kilómetros del Aeropuerto Internacional Newark Liberty, lo que facilita los traslados de migrantes para su deportación. Hace un par de semanas, Ras Baraka fue arrestado y detenido por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas durante más de cinco horas al intentar visitar este centro de internamiento. Después fue liberado y acusado de haber tratado de acceder sin los permisos necesarios. A principios de esta semana, el Departamento de Justicia acusó a la congresista LaMonica McIver de un cargo de agresión contra agentes federales por el enfrentamiento que tuvo lugar en medio del arresto de Baraka. Por si no está claro, la administración Trump está comenzando a perseguir a políticos electos e incluso a arrestar a quienes cuestionan sus decisiones y procedimientos. En Estados Unidos, el autoritarismo se ejerce de manera abierta y sin complejos.
Uno de los problemas que la administración Trump encontró inicialmente para llevar a cabo sus promesas de deportaciones masivas de migrantes es que no tenían dónde meterlos. Por suerte para ellos, y a cambio de 60 millones de dólares al año (durante los próximos quince), el Grupo GEO está dispuesto a ayudarles a encontrar una solución. De momento, ya hay mil camas extra en Delaney Hall y su número, cabe esperar, irá creciendo hasta las 100.000 que Tom Homan, el llamado "zar de la frontera", ha estimado que será necesario habilitar y para lo que si es menester, incluso, se reabrirá Alcatraz.
De momento, a menos de veinte kilómetros de la Isla de Ellis, a la que entre el último tercio del siglo XIX y mediados del XX llegaron cerca de 12 millones de migrantes, hay un centro con capacidad para retener a 1.000 como paso previo a su deportación. América ya es oficialmente más un "Reich" que un simple "imperio".
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