Opinión
El rey Juan Carlos, tiktoker
Por David Torres
Escritor
-Actualizado a
Con casi un mes de adelanto, el rey Juan Carlos ha rodado un tráiler de aquellos entrañables resúmenes navideños que impartía a España entera durante los ochenta y los noventa, en plena Nochebuena, una costumbre que empezó no sé cuándo y que durará hasta vete tú a saber. En otros países tienen a Santa Claus, también llamado Papa Noel, con su trineo de renos y sus sacos cargados de regalos; aquí tenemos a Felipe VI, antes a Juan Carlos, con su retahíla de borbones y sus discursos llenos de consejos paternales y de términos grandilocuentes: unidad, responsabilidad, reconciliación. La reconciliación es un tema muy acorde con el espíritu navideño y en especial con el pueblo hispánico, que empezó a reconciliarse más o menos en Atapuerca, puede que mucho antes, y que sigue reconciliándose malamente desde 1936.
No está de más, entonces, que el rey Juan Carlos lance un aviso a los jóvenes españoles que desconocen la historia reciente de su país, la hermosa leyenda de la Transición, gracias a la cual la democracia nació en un pesebre, muerta de frío, calentada por vacas, subsecretarios y borricos, anunciada por ángeles y periodistas, adorada por legionarios y pastorcillos. Nos hemos reconciliado mucho durante casi medio siglo al fuego de la Transición y, para demostrarlo y montar otro belén, ahí están Felipe y Juan Carlos, hijo y padre intentando reconciliarse una vez más sin llamar al Espíritu Santo. A estas alturas -más que una teleserie que nos la meta doblada de nuevo con el 23-F o que nos cuente por enésima vez los escándalos del elefante, del oso borracho y de Corinna-, lo que necesitamos es un reality de los borbones al estilo de Las Kardashian o de Los Osbourne, pero en plan castizo, algo así como Aquí no hay quien reine ambientado en La Zarzuela.
Reconciliación, por cierto, es el título de las memorias del emérito, volumen que promete ser un gran éxito editorial y que está revolucionando el género de la no ficción merced a un trampantojo en que el autor salta de los renglones a la realidad. En efecto, el video promocional del rey Juan Carlos lleva la intriga más allá de la última página y la crítica no se ha hecho esperar. De momento, la Casa Real no ha dicho ni mu del libro ni de la entrevista concedida en francés, pero el video no les parece "ni oportuno ni necesario", o sea, que reconciliación más bien poca. A lo mejor el título quedaría mejor entre interrogaciones, puesto que en la primera frase el autor ya da bastantes pistas de que hubiera hecho mejor en callarse: "Mi padre siempre me aconsejó que no escribiera mis memorias". Como se ve, el conflicto familiar entre borbones está lejos de resolverse. Se trata de una autobiografía experimental, una work in progress.
En el video propiamente dicho llaman la atención dos cosas: la brevedad del mensaje y la falta de corbata. Se agradece que Juan Carlos, en sintonía con la era del reel y de TikTok, no haya largado uno de sus discursos navideños de veinte minutos o, peor, una parrafada de ésas en las que Fidel Castro mandaba clavar las puertas y había que oír durante cinco horas la epopeya de la Revolución Cubana, desde el asalto al cuartel de Moncada hasta la invasión fallida en Bahía de Cochinos. Lo de la camisa desabotonada en el cuello es un gesto de campechanía que subraya uno de los motivos principales del sermón: el esfuerzo con que sacó adelante la Transición con ayuda de todos sus súbditos y el duro trabajo del rey Felipe manteniendo día a día la mayonesa de la unidad nacional. Un poco más de esfuerzo y de trabajo y me lo sacan vestido con un mono de mecánico. Lo bueno, si breve, dos veces bueno, y lo borbón, da lo mismo: dos veces borbón.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.