Opinión
Ricas, famosas y no gestantes

Por Enrique Aparicio
Periodista cultural y escritor
-Actualizado a
La estampa es entrañable: una joven pareja heterosexual posa para la cámara con una felicidad evidente, ella sostiene un bebé recién nacido y él un simpático perrito. El titular es igualmente celebratorio: ¡Lena Dunham ha sido mamá! La creadora de Girls, serie que la convirtió en la voz de referencia de la generación millennial a escala mundial, protagoniza una nueva entrega de esa especie de memorias en directo que redacta para la cabecera más envidiada del globo, Vogue edición Estados Unidos. Esta vez, acompañamos a la también escritora en su preparación para la maternidad. Un sueño cumplido a cambio de una sencilla transacción, porque el rorro ha nacido por gestación subrogada.
En el texto, trufado de su habitual humor, Dunham explica el proceso tan gráficamente que podría tratarse de un capítulo especial de su añorada ficción en HBO. Cuenta cómo conoció a la madre gestante, con la que compartió unos matchas, o cómo iba acumulando ropa de bebé, ante la imposibilidad de participar de ninguna otra manera en el crecimiento físico de la criatura. También se deshace en elogios ante la mujer que ha tenido a bien embarcarse en el “viaje” –así lo llaman en los servicios de “salud reproductiva”– de gestar para otra persona. A lo largo del relato describe el cuerpo de esta como fuerte y sano, del tipo de alguien “a quien realmente se le da bien el yoga”, con la satisfacción de quien ha acertado eligiendo un modelo de lavadora.
Como el texto concluye justo con el nacimiento de la pequeña, no sabemos si directora y guionista mantiene algún contacto con la mujer que ha alterado su cuerpo durante nueve meses para satisfacer su deseo de ser madre. Tampoco, claro, qué acuerdo económico las une ni qué empresas mercadean con ello. Esta entretenida y desenfadada crónica en primera persona se detiene a enumerar las marcas de ropa infantil que más convencen a su autora, pero en ningún caso hay una reflexión o intento de justificación sobre el hecho de explotar reproductivamente el cuerpo de otra mujer.
De entrar en ese terreno, probablemente Dunham remitiría a otra de sus publicaciones en la misma revista, donde explicaba la extirpación de su útero a consecuencia de una endometriosis. Entonces ya dejaba entrever que se planteaba distintas opciones para tener un niño; y, como suele suceder con las personas que pueden tirar de talonario, por lo que sea el método escogido ha pasado por la transacción con una mujer reducida a cuerpo gestante. Eso sí, un cuerpo de primera calidad con el que Dunham se toma las molestias de una generar un cierto vínculo con aroma a té matcha.
Y así es como, en la distopía nuestra de cada día, somos testigos de cómo una mujer rica y famosa convierte la explotación reproductiva en algo cool, aspiracional, una tendencia sobre la que no caben las contradicciones morales. Ahora que también se ha confirmado la subrogación del bebé de Lady Gaga, que se suma a casos anteriores como Kim Kardashian o Sarah Jessica Parker, podemos decir que aprovecharse de otras mujeres para satisfacer el deseo de procreación está definitivamente de moda. Y en España no nos quedamos atrás, a pesar de que aquí es ilegal, con ejemplos como Ana Obregón, Miguel Bosé, Carmen Cervera o Miguel Poveda.
Bajo una lógica que dicta que si puedes permitirte pagar por algo tienes el derecho de obtenerlo, este método para ampliar la familia sigue extendiéndose en un mundo donde cada vez cuesta menos acostumbrarse a hechos que hasta ahora solo ocurrían en los libros de ciencia ficción, como que una máquina autónoma decida matar personas. Con los engranajes del mercado neoliberal penetrando hasta las entrañas de las mujeres, y mercantilizando con algo que puede ser tan poderoso como el deseo –que no derecho– de una persona a tener hijos, queda claro que para mucha gente el dinero vence a la moral como la piedra a las tijeras.
Con un valor de mercado cercano a los treinta mil millones de dólares a nivel mundial, y una expectativa de crecimiento sostenido del 20% a lo largo de la próxima década, el debate sobre lo ético de aprovecharse de la capacidad gestante ajena interfiere con otro deseo –que no derecho– de muchas personas, que es el de enriquecerse. Incluso en países como el nuestro, donde es ilegal y un debate menor (el único partido en demostrar verdadero interés fue Ciudadanos), esto no es óbice para que existan empresas que facilitan este servicio dentro de sus fronteras.
El gesto de quitarle el bebé a su madre para dárselo a otra persona no es algo nuevo (España tiene precisamente un largo historial de bebés robados), pero desde luego nunca antes había tenido una aprobación tan extendida. El caso de la creadora de Girls le otorga un marchamo de modernidad a algo tan antiguo como que la voluntad de los de arriba siempre se hace realidad, y ya se encontrarán las justificaciones oportunas.
Seguro que a Lena Dunham, una escritora rica y famosa, le gusta esa película sobre otras escritoras que se llama precisamente Ricas y famosas. En la cinta, una de esas mujeres que le dan título decía: “Quiero el contacto de la carne humana, y tú eres la única carne que hay por aquí”. En el largometraje dirigido por George Cukor la ansiada conexión era romántica, pero el mundo de hoy permite que ese anhelo de posesión se extienda también a la blanda carne de un bebé. Simplemente hay que preparar el talonario.

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