Opinión
Rusia refuerza su posición militar y diplomática: ¿El camino hacia la paz o la continuidad del conflicto?

Profesora de Ciencia Política y Estudios Europeos en la UCM.
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No llega a quince días que tuvo lugar la reunión entre Trump y Putin en Alaska. Dicha reunión tenía por objetivo iniciar el camino para el diálogo entre Ucrania y Rusia. Trump ponía entonces a prueba su capacidad (o no) para convencer al presidente ruso de llegar un alto el fuego para comenzar a negociar la paz. Sin embargo, de la reunión de Anchorage se salió con la declaración rusa de que las negociaciones, por el contrario, tendrían que hacerse antes de llegar a ese alto el fuego. Trump no sólo no consiguió lo que perseguía, sino que, además, modificó sus exigencias alineándose con las de Putin. Parece claro que este último le tiene tomada la medida al presidente estadounidense, que no disimula su frustración.
Rusia tiene claro que los vientos le son favorables. Gana terreno en el campo de batalla (estos días llegaba ya a la región de Dnipropetrovsk, el segundo centro de industria pesada más importante del país después del Donbás), le favorece la ansiedad de Trump por terminar la guerra -puesto que le obliga a asumir los argumentos rusos-, mientras la UE se muestra débil y poco operativa, y China parece no interferir. Así las cosas: lejos de renunciar a sus objetivos, los reafirma.
De este modo, de la reunión de Alaska trascendieron las pretensiones rusas de alcanzar cualquier acuerdo para poner fin a la guerra. Y esto incluiría otorgar a Rusia el control total del Donbás (Donestk y Lugansk), a cambio de que Moscú congelera la línea del frente de las regiones de Jersón y Zaporiyia, y, por supuesto, también se quedaría con Crimea. De estos territorios, Rusia controla alrededor del 88% del Donbás y el 73% de las otras dos. Además, podría entregar a Ucrania aquellos territorios que controla en Kharkiv, Sumy y Dinipropetrovsk.
Otra de las cuestiones que permanecen inalterables es la exigencia de neutralidad de Ucrania, esto es, que no se adhiera a la OTAN -algo que requeriría de reforma constitucional-, así como pedir la desmilitarización del país junto con la promesa de que no habrá despliegue occidental en Ucrania. A todas luces, ninguna renuncia. A todas luces, Moscú sabe que tiene una mano ganadora. A todas luces, son condiciones inaceptables para Ucrania.
Pero a pesar de todo esto, muchos analistas plantean que ésta había sido de las mejores oportunidades para la paz puesto que se vio alguna cesión por parte de Putin, además de alguna debilidad… Es importante recordar en este punto la insistencia de Moscú en la cuestión de las sanciones.
Y si esto es así, entonces ¿qué lectura se puede hacer de los virulentos ataques a gran escala que lleva sufriendo Ucrania durante todo el verano? Recordemos los ataques del mes de junio y julio, a los que se suma el de las últimas horas, cada vez más agresivos y cada vez con más efectivos y víctimas. En esta ocasión, en torno a 600 drones y 30 misiles fueron lanzados contra la capital ucraniana. Algunas de las ondas expansivas alcanzaron al edificio de la delegación de la UE y al British Council. Se trata, sin duda, de una demostración de fuerza por parte rusa. Avanza en el frente y tiene capacidad de sortear las defensas antiaéreas. Pero ¿cuál es el sentido de aumentar la intensidad de los ataques?
Vayamos a la teoría. Si leemos con atención la obra Los costos de la conversación: obstáculos para las conversaciones de paz en tiempos de guerra de la politóloga Oriana Skylar Mastro de la Univeridad de Standford, encontraremos algunas claves. Mastro sugiere que terceros actores pueden contribuir a acortar las guerras proponiendo negociaciones de paz durante los primeros momentos del conflicto. Recordemos en este punto los intentos de negociar un alto el fuego, primero en Bielorrusia, el 28 de febrero de 2022, y, singularmente, las famosas y fallidas reuniones de Estambul de marzo de 2022. Tampoco se pueden olvidar las llamadas del papa Francisco o las del presidente chino Xi Jinping. Se buscaba entonces una solución diplomática, pero fracasaron en primer lugar por el poco interés mostrado por Putin en detener los ataques para negociar, algo que no ha modificado en absoluto, y el poco interés que algunos actores occidentales mostraron también en intentar alcanzar un acuerdo por aquel entonces. Merece la pena recordar que esto sucedía semanas antes de la ofensiva ucraniana que recuperó una parte sustantiva del territorio. Cada una de las partes consideraba que podía ganar más sobre el terreno que sobre la mesa de negociación.
Tras la escalada de un conflicto y su duración de meses o años, puede resultar muy complicado persuadir a los líderes para que acepten las negociaciones de paz, puesto que éstos están preocupados por los costos estratégicos de la diplomacia y esperan a que se reduzcan antes de aceptar cualquier acuerdo. Además, durante esos largos periodos de tiempo, la desconfianza entre las partes ha crecido, lo cual hace aún más complicado avanzar en los procesos negociadores. De este modo, la falta de acuerdos concretos y la creencia de que todavía se puede ganar más a través de la guerra ha sido determinante en este conflicto. Esto se observa claramente en los ataques de uno y otro bando hacia, en el caso ucraniano, infraestructuras energéticas rusas y, especialmente, contra objetivos sensibles como los oleoductos y gaseoductos, y en el caso ruso lanzando ataques indiscriminados contra las principales ciudades del país. Esta intensificación de la violencia, justo en un momento en el que se está negociando más o menos abiertamente, es una manera de presionar a la otra parte para la realización de concesiones.
Los ataques de las últimas horas no deben ser leídos como aislados de otros hechos significativos. El primero, la propia reunión entre Trump y Putin seguida por la ruptura del frente en Dnipropetrovsk. El último eslabón han sido estos ataques que muestran la capacidad ofensiva rusa para sortear las defensas antiaéreas. Si a ello le sumamos la presión estadounidense y la debilidad europea, podemos afirmar que lo que busca Rusia es llegar aún más fuerte a la mesa de negociación, que, de seguir así las cosas, se realizará en sus propios términos.
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