Opinión
Sabino Ormazábal. Agur eta Ohore

Ha fallecido Sabino Ormazábal, un vasco humanista militante de las causas más difíciles: ecologista, pacifista, antinuclear, defensor de los derechos humanos, del euskera y también de los derechos de su pueblo. Sabino ha sido un hombre extraordinario, y por eso es muy difícil escribir sobre él. Una persona poliédrica, activa en tantos ámbitos que su semblante tendrá que hacerse colectivamente. En estas líneas solo quiero aportar lo que yo conocí de él, y lo que disfruté teniendo la suerte de compartir algunos momentos de su dilatada trayectoria.
Ecologista desde muy joven, la vida de Sabino vino marcada sin duda por el asesinato de Gladis del Estal. La activista antinuclear fue asesinada en una manifestación antinuclear en Tudela, el 3 de junio de 1979. Sabino se empeñó en honrar la memoria de Gladys a lo largo de todos estos años, y hasta muy recientemente promovió el documental Ez, eskerrik asko, en el que recuerda aquellos acontecimientos. El asesinato de Gladys del Estal sigue muy presente en la memoria del ecologismo vasco gracias a la labor de Sabino.
Pero mis mejores recuerdos con Sabino Ormazábal se remontan a los comienzos de Greenpeace. Siendo militante del ecologismo vasco, Sabino entendió muy bien la importancia del trabajo y la aportación de una organización ecologista internacional. Quizás también porque en su defensa de la acción directa no violenta, Sabino supo ver en la acción de Greenpeace una forma de lucha contundente, y al mismo tiempo pacifica.
Sabino era una persona humilde. Si podía, evitaba salir en la foto. Pero mucho del trabajo de Greenpeace en los años ochenta y noventa en Euskal Herria fue posible gracias a su colaboración. En lo personal recuerdo la visita con su hijo al buque MV Greenpeace, amarrado en el puerto de Pasaia en alguna de las campañas que realizamos por aquellas costas.
En su labor periodística en Egin y luego en Gara abrió las páginas a la crisis ambiental, llegando incluso a dirigir un cuadernillo de medio ambiente de los que hoy desgraciadamente ya no se ven. En su labor de jefe de opinión trató de buscar vías de entendimiento y diálogo en un tiempo en que la violencia azotaba Euskal Herria.
La militancia de Sabino tuvo un alto coste para él. A pesar de su militancia pacifista, fue encarcelado injustamente acusado de pertenencia a ETA por el juez Garzón, en lo que se llamó el sumario 18/98 que persiguió al entorno de ETA. Fueron años de profundo sufrimiento por la injusticia que sufrió. Posteriormente el Tribunal Supremo reconoció la falsedad de esa acusación, y le absolvió de los delitos que se le acusaba. Pero es difícil de explicar el dolor que padeció en aquellos años. 9 años tuvieron que pasar hasta que se reconoció su inocencia.
A su salida de prisión tuvo que recomponer su vida. Los últimos años los dedicó a la reflexión sobre la conciencia desde sus profundas convicciones pacifistas, aunque nunca abandonó su compromiso ecologista que, para mí, fue el eje que marcó siempre su vida.
De hecho la última comunicación que tuve con él fue para pedirle su apoyo a la iniciativa de una ILP para conseguir el reconocimiento de personalidad jurídica para ría de Uradibai. Sabino iba a hacer un vídeo de apoyo, pero finalmente me llamo para decirme que no se sentía con fuerzas. A los pocos días falleció cantando en las calles de su querida Donostia. Participaba en la kantujira una actividad de canto popular en las calles de la Parte Vieja Donostiarra.
Asi era Sabino. Un hombre bueno cuya militancia le costó atravesar situaciones muy duras, pero que nunca se doblegó. Un ejemplo de trayectoria que hoy tiene un amplio reconocimiento social. Agur eta ohore, Sabino.

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