Opinión
Los saharauis y las rendijas de la Historia

Por Marta Nebot
Periodista
Últimamente hablamos mucho de la ventana de Overton para referirnos a cómo la ultraderecha está ensanchando las tragaderas mentales de Occidente. En resumen se trata de un modelo teórico de comunicación política que describe cómo una idea considerada radical o impensable puede llegar a ser aceptada por la sociedad y convertirse en ley en cierto tiempo. Lo que no dice esta teoría es que a veces la ventana se abre de golpe, sin pasar por los cinco pasos que marcó en los 90 ese señor que le da nombre. Será que a veces es que los astros se alinean, o los dioses -si existieran- lo quieren o la geopolítica lo ordena.
La semana pasada sucedió: el Congreso de los Diputados aprobó que los saharauis –alrededor de 100.000–, que tuvieron DNI español o que son hijos de los que lo tuvieron, vuelvan a tenerlo con todo lo que eso implica. ¡Boom! La ventana se abrió de par en par y la esperanza se coló en un lugar imposible.
Los que conocemos algo a este pueblo, los que hemos compartido algún tiempo con ellos, los que hemos hecho alguito por intentar revertir un poco la otra gran traición de la Transición, el abandono brutal de la provincia 53, ejecutado por los poderes entonces omnímodos de Juan Carlos I, estamos atónitos todavía. ¿Habrá sido justicia poética? ¿Un giro inesperado de la Historia? ¿Un volantazo de la política? Sea lo que sea es una alegría y un enorme orgullo y satisfacción -de verdad, no cómo los del manido discurso navideño del rey huido- para los que creemos en la humanidad, en la fraternidad y en la memoria más mínimas.
En 2008 estuve en los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, en Argelia, haciendo un reportaje durante el Fisahara, un festival de cine que se celebra allí desde hace muchos años. Confieso que entonces no conocía bien los detalles de su historia. No era consciente de que cuando nací los saharauis todavía eran españoles. Me impresionó ver sus DNI, como los nuestros antes de que caducaran. Me maravilló que fueran capaces de mantener una vida más o menos razonable y organizada en mitad del desierto. Tenían médico, huerto, biblioteca, escuela, camión de la basura, ultramarinos y peluquería, aunque el baño fuera un agujero y la ducha un cubo con agua fría. Tenían luz gracias al fuego y algunas pantallas solares. Tenían colaboración de instituciones y organizaciones españolas y, además o sobre todo, el cariño de muchos que invertían tiempo, dinero, trabajo y ganas para que aquel lugar en la nada, en los confines del mundo, pudiera ser algo parecido a un hogar, un sitio desde donde seguir peleando para algún día volver al terruño robado. Entonces no podía creer que todo eso hubiera pasado desapercibido en mi educación, que todo eso no estuviera en la actualidad política, en la agenda, en los periódicos, en la conversación. ¡Que hablan español, oigan! ¡Que muchos de sus niños tienen otra familia adoptiva en España que les saca de ese agujero cada verano!
Tesh Sidi es la primera parlamentaria saharaui de esta democracia. El primero de los veranos que vino a España quería llevarse "un grifo de los que sale agua sin parar" de regalo para su madre. Ha vivido con su familia de acogida valenciana desde los doce años. Es ingeniera informática especialista en Big Data, activista y diputada por Sumar. La que fue número 3 por Más Madrid al Congreso defendió esta ley en el atril el jueves pasado. La llamó "reparación de una injusticia histórica". Agradeció el apoyo socialista –a pesar de tantos años escabulléndose– y especialmente a la presidenta del Congreso, Francina Armengol, como "madre de acogida" que fue de dos niños saharauis que terminó adoptando. Francina así evitó lo que Tesh sufrió siendo administrativamente una menor no acompañada hasta su mayoría de edad, una "mena ilegal", con una familia de acogida siempre asustada por si enfermaba o tenía un accidente o venía una inspección y no podían protegerla.
Ella es un símbolo brillante de esta victoria que muchos creímos imposible. "Yo soy el resultado de ese trabajo de no resignarse", de este valioso "logro colectivo" tras 50 años de lucha, que es "casi un milagro", dijo emocionando al respetable.
En 2022, Pedro Sánchez escribió e hizo pública una carta que cambiaba la postura española sobre el Sáhara. Su gobierno accedió a la pretensión marroquí de que la mejor solución para este conflicto es una autonomía negociada del territorio saharaui, cambiando su postura histórica en favor de un referéndum de autodeterminación supervisado por Naciones Unidas que sigue sin llegar y que parece que no llegará nunca.
En 2026, ese mismo Pedro Sánchez ha accedido a darles una solución real aquí y ahora al presente y al futuro de 100.000 personas a las que se lo debíamos, que tendrán así una oportunidad para mejorar sus vidas y la perspectiva de su lucha.
Si todo sigue su cauce pronto los que sobreviven en esos campamentos en mitad del desierto podrán venir al que fue su país a estudiar, a trabajar, a curarse, a vivir, e incluso a votar.
Mientras el Tribunal Supremo entorpece el voto de la ley de nietos, que afecta a descendientes de ¿cristianos? latinoamericanos, el Congreso de los diputados ha aprobado que los saharauis, descendientes de ¿musulmanes? africanos, puedan hacerlo gracias también a la abstención del Partido Popular y de Junts per Catalunya. Tesh dijo que estar en contra de esta ley es "estar del lado de Marruecos" y eso ahora es anatema, eso ha cambiado voluntades.
Los de Vox fueron los únicos que votaron en contra porque esta iniciativa "regala la españolidad". Ellos, nostálgicos del franquismo que se impuso en España con la inestimable ayuda de las provincias africanas. ¡Qué patriotas tan desagradecidos! Como si llevar cincuenta años refugiados en jaimas en el desierto reclamando lo que JuanCar le regaló a su amigo Hassan II no fuera de buenos españoles que han tenido el coraje de seguir defendiendo lo suyo.
Si todo va bien, si los trámites parlamentarios no se tuercen, si pasa por el senado con la mayoría absoluta del PP y vuelve a tiempo al Congreso antes de la disolución de las cámaras, esto estará hecho. Ya ha sucedido lo más difícil.
Y es que a veces, en mitad de los intereses de unos y otros, se cuelan los de mucha gente. A veces, entre tanto politiqueo, la política sucede. Brindemos por esto.



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