Opinión
¿Seguridad o autodestrucción? El peligro del populismo nuclear en Europa

Por Lucía de Castro Revuelta
Politóloga y delegada joven para la tercera reunión de los Estados parte del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares
-Actualizado a
Vivimos tiempos de gran recesión del orden internacional. La idea de un mundo que se rige por normas compartidas para avanzar hacia la paz se está diluyendo ante nuestros ojos. El ejemplo más brutal es el genocidio en Gaza, donde más de 66.000 personas han sido asesinadas por las masacres israelíes o por la hambruna deliberada, con la equidistancia de buena parte de la comunidad internacional.
Esta erosión del Derecho Internacional llega incluso a las normas que regulan la guerra. La propuesta de Polonia, Estonia, Letonia, Lituania y Finlandia a principios de este mismo año de retirarse de la Convención sobre la Prohibición de Minas Antipersonas de 1997 es un acto de profunda irresponsabilidad. Si estas armas están prohibidas, es por una buena razón: no distinguen entre un soldado y un niño, entre un combatiente y un civil. Camufladas o enterradas en el suelo, estas minas explotan al ser pisadas, y se mantienen activas durante décadas, por lo que, incluso una vez finalizado el conflicto, la mayoría de sus víctimas siguen siendo personas civiles, no objetivos militares. Esto viola el principio fundamental del Derecho Internacional Humanitario de distinción (entre civiles y militares) y proporcionalidad. Todo aquello que cause un sufrimiento desproporcionado, especialmente a los civiles, está prohibido porque, al menos durante un tiempo, la comunidad internacional acordó que incluso en la guerra deben existir normas que garanticen un mínimo de humanidad y protección a los civiles que, por definición, no deben librar guerras ni ser blanco de operaciones militares. Ahora, décadas de progreso se están echando por tierra rápidamente por decisiones políticas que están normalizando la barbarie.
Es en este clima de belicismo cuando resurge la propuesta más peligrosa: el rearme nuclear europeo. No cabe duda que la Unión Europea se enfrenta a un desafío de seguridad sin precedentes: la guerra en Ucrania y la desvinculación de la Administración Trump han hecho sonar las alarmas. Como respuesta, Francia volvió a poner sobre la mesa una antigua propuesta: extender sus armas nucleares a toda la Unión Europea. Tras la disolución de la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia en 1991, Francia debía buscar una nueva justificación para su arsenal nuclear, pues el argumento de la amenaza soviética había quedado obsoleto. Así, desde los años 90 hasta los 2000, los gobiernos de Mitterrand y Chirac continuaron con las pruebas nucleares y las presentaron como una contribución a la seguridad europea. Siguiendo en 2008 con Sarkozy y en 2012 con Hollande, Francia siguió insistiendo, pero en aquellos años, el resto de europeos lo ignoró: no querían mostrar desconfianza hacia la OTAN ni hacia Estados Unidos.
En 2025, esto ya ha cambiado. Tras constatar la falta de interés de Estados Unidos en la seguridad europea, Friedrich Merz, canciller alemán, de pronto quiso retomar esta antigua propuesta, así como el primer ministro polaco, que incluso sugirió que Polonia desarrollara su propio arsenal nuclear. Macron reiteró su voluntad de discutir esta posibilidad y los medios de comunicación cubrieron la noticia hablando en términos de "garantías de seguridad", "defensa" y "disuasión", legitimando así las armas nucleares. Si bien Francia lleva tiempo proponiendo este paraguas nuclear, es la primera vez que los líderes europeos han expresado interés.
Ya al estallar la invasión de Ucrania, empezamos a oír discursos que afirmaban que si Ucrania hubiera tenido armas nucleares, o al menos el paraguas nuclear de un estado aliado, la invasión nunca se habría producido. Esta suposición es una falacia histórica. Ignora que para financiar un programa nuclear, Ucrania habría tenido que desmantelar toda la infraestructura de servicios públicos, y ni siquiera habría sido suficiente para costearlo. ¿Hipotecar el bienestar de la nación habría sido una decisión responsable? También se presupone que la presencia de armas nucleares disuade al enemigo, cuando la experiencia demuestra que las armas nucleares no garantizan la paz. Nunca lo han hecho. Ni en el conflicto militar chino-soviético de 1969 ni en el conflicto de 2025 entre India y Pakistán. Las potencias nucleares se involucran constantemente en conflictos. La narrativa de la disuasión es realmente un mito que beneficia a la industria armamentística.
Es por ello que, lejos de brindar seguridad, la expansión nuclear convertiría a toda Europa en un blanco prioritario de cualquier conflicto. Lo primero que haría el adversario sería intentar destruir la capacidad nuclear del enemigo o, al menos, reducirla lo máximo posible para lograr la rendición, como explica la teoría de la guerra nuclear limitada. Es decir, las armas nucleares europeas serían el objetivo principal de ataque. Si los líderes europeos quieren evitar un ataque ruso, deberían familiarizarse antes con su doctrina nuclear. Esta está basada en el concepto de "limitación de daños", que consiste en destruir las armas nucleares del enemigo antes de que puedan ser utilizadas, lo que, en la práctica, significa que seríamos el blanco de guerra. Además, los arsenales europeos (francés e inglés), están en gran desventaja en comparación con China, Rusia y Estados Unidos. En una guerra a gran escala, perderíamos el control. La decisión de escalar recaería enteramente en el adversario y la única opción sería amenazar con represalias a través de las armas nucleares francesas. ¿Algún presidente francés firmaría la sentencia de muerte de su propia población para proteger a otro país, por muy europeo que sea? La respuesta es obvia: la amenaza no es creíble.
Si vis pacem, para bellum era la premisa del Imperio Romano, y más de mil quinientos años después, Europa se aferra a ella. No hemos evolucionado. El rearme con las bombas más destructivas e inhumanas jamás creadas no es la solución a nuestros problemas. ¿Realmente creemos que la solución a la crisis de seguridad es invertir en nuestra propia aniquilación? Es hora de poner fin al populismo nuclear.
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