Opinión
¿Qué sentido tiene esto, Pedro?

Por Israel Merino
Reportero y columnista en Cultura, Política, Nacional y Opinión.
-Actualizado a
Pasó hace ya un año que Pedro Sánchez escribió una solemne carta a la ciudadanía excusando cinco días de reflexión por los múltiples – y presuntos – ataques mediáticos contra su gobierno y su mujer, y sus votantes, fieles entonces, se lo concedieron con una sola condición: que hubiera algún cambio significativo, se entiende que para bien, en lo que quedara de legislatura.
Aquellos días de darle al coco terminaron, y un lunes, el 30 de abril, salió a decir que había decidido volver con más ímpetu que nunca, con más energía que un tornillo redondo, para afrontar con todavía más servilismo su labor pública y regenerar democráticamente el país. ¿Y qué pasó? Nada – igual algo sí ha pasado, va, pero no lo bueno que prometió –.
Recuerdo a propósito un pasajito bíblico del Antiguo Testamento, del libro de Eclesiastés, que viene a decir esto: “vanidad de vanidades, todo es vanidad”. Es una frasecita corta y al pie que tiene un par de interpretaciones chulas y cínicas, pero la mejor sin duda es que cualquier lucha se vuelve vacía si se hace sin un objetivo transcendental: ¿dónde está aquella regeneración democrática; dónde ha quedado el giro de timón; dónde está ahora el gobierno más progresista que algunos apoyamos en las urnas? Todas estas cosas se han diluido en las corridas pagadas con dinero público – presuntamente – de dos altos cargos consecutivos del partido que dice abanderarlas; solo queda la narrativa, las palabras insufribles, los recitales de credos con los dedos cruzados.
Ahora, Sánchez ha vuelto a hablar en público para decirnos que esta vez sí, que de verdad, que es la buena, pero, me duele reconocerlo, ni en el lado de la orilla que antes era suyo lo cree ya nadie; hay gente que lo apoya, claro que sí, pero por pura inercia y sin corazón, que es la forma más triste de tener fe. Es que, en serio, ¿cuál es la lucha? ¿existe alguna o es todo pura vanidad?
Creo que ni Sánchez ni sus asesores ni su partido han comprendido que el presi duerme donde duerme, en la avenida aquella de Puerta de Hierro, porque hay unos objetivos muchos más grandes que él que necesitamos lograr con urgencia; él no es más grande que esto, sino que esto es más grande que él; él no es un fin, sino un simple medio que no valdrá ni medio calcetín si no cumple lo que necesitamos.
Estamos – no me da miedo usar aquí el plural – hartos de promesas de regeneración obscenas que no llevan a ninguna parte; de peroratas ególatras, narcisistas e insustanciales que no nos interesan lo más mínimo. En serio, Pedro, tío, es que nos das igual tú y tu mujer y tu gobierno y tus ministros y tu partido y hasta tu alma, lo que queremos es que nos des aquello que nos has prometido; el gobierno progresista ese que ni con palanca te sacas de la boca nos importa cuatro mierdas si no se puede hacer nada útil con él. Tú eres solo una herramienta, y a las herramientas no se les reza.
No entiendo qué sentido tiene seguir pelando por la narrativa, por el yo y por las palabras cuando todo se diluye; cuando el BOE provoca repelús, los socios de gobierno no hacen nada y no hay visos de legislar como adultitos porque estamos más preocupados de salvar el pellejo a diario a la herramienta que de hacer algo sensato con ella. Que alguien, lo digo totalmente en serio, me explique qué sentido tiene seguir con este calvario; igual es solo que estoy ciego y descorazonado y necesito echarle otro ojo al libro ese de Eclesiastés.
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