Opinión
¿Sería tan amable de ponerse la camiseta?
Por Juan Losa
Periodista
Nada, eso. Que se ponga usted la camiseta, si no le supone un problema. Considérelo una cuestión de cortesía, formulada en términos estrictamente cívicos y sin ánimo de incomodarle, al ser usted, por otra parte, anatómicamente fornido. El caso es que sus pelillos de usted —mayormente los axilares—, a buen seguro pelillos de Wisconsin o Wichita, o de algún lugar perdido del medio oeste, pelillos expats, churretosos pelillos de la Baja Sajonia, unos y otros, que han llegado hasta nosotros quién sabe si por carretera, en avión, atravesando el Atlántico o a caballo, y que ahora, fruto de la hospitalidad de la que siempre hizo gala este pueblo de tradición marinera, hemos visto proliferar, e incluso hacer vida social, en el espacio público.
Nada contra la semidesnudez por aquí, no se lleve usted a equívoco. Muy a favor de los torsos y la omoplatia, de las curvas praxitelianas y las escápulas bien contorneadas, tan trabajosas a nivel gimnástico. La semidesnudez, incluso la desnudez en toda su integridad física, es un tema bastante serio por estos lares, no en vano poetas de toda clase y tiempo han dedicado al cuerpo, en sus múltiples manifestaciones, versos de considerable belleza. Que sí. Que todo bien. Pero no en la pollería, oiga. No en la lonja, ni en el autobús de línea. Reserve su constitución para sus seres queridos, si es tan amable. Guarde el esplendor telúrico de sus atributos para su intimidad o para las actividades copulatorias que tenga a bien llevar a cabo en su alcoba, que, por otra parte, no nos conciernen.
Lejos de nuestra intención prohibir el torso. Mucho menos perseguirlo o tratar de regular su disposición en el espacio público. Queremos algo mucho más sencillo: que el torso conozca sus límites. Porque una sociedad que permite la libre circulación de sobacos y tetillas en la vida pública es, también, una sociedad en la que, tarde o temprano, alguien podría juzgar oportuno descubrirse el glúteo. O, aún peor, desenvainar, llegado el momento, otro tipo de aparatajes mucho más intimidatorios. Y esto es algo que afectaría de lleno al bienestar de un vecindario ampliamente tensionado por los alquileres de temporada, la voracidad de los fondos buitre y, ahora también, la creciente afluencia de especímenes alimentados conforme a los estándares nutricionales más avanzados.
Plataforma por el Decoro en el Espacio Público del Litoral Valenciano
Agrupación vecinal contra el despelote extranjero
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