Opinión
Sumar y los imposibles

Por Anibal Malvar
Periodista
Siempre que se habla de revolucionarios, se piensa en algún guaperas comunista, en plan Che Guevara, asesinado en la selva. Jamás reparamos en que muchas revoluciones no se hacen para revolucionar, sino para rescatar los privilegios de los involucionistas. Es el signo de estos tiempos. Casi idéntico al de hace un siglo, y que precedió a la II Guerra Mundial.
Las revoluciones de derechas y de izquierdas tienen un signo común: las dos siempre apelan al bienestar del obrero y, cuando se requiere coger el fusil y saltar al campo de batalla, solo combate y muere el obrero. En las guerras entre ricos y pobres solo sangran los pobres, por resumir. Los ricos se quedan dibujando líneas Maginot en los palacios de campaña, rodeados de rubios secretarios, cestas de uvas y Moët & Chandon. Los pobres que se meten en guerras suelen morir en ellas, como Durruti. Son diferencias sutiles. Lo digo sin tomar partido.
Asustan estos tiempos en que las revoluciones parece que solo las hacen las derechas. Fascistas se manifiestan libremente en la calle para denunciar que no pueden manifestarse en la calle porque sufren bajo el fascismo democrático. Periodistas de lo ultra propalan desde medios privados, sostenidos económicamente con dinero público de Gobiernos del PP, que no gozan de libertad de expresión.
Si puedes denunciar públicamente, y sin que te metan en la cárcel, que no tienes libertad de expresión, es que tienes libertad de expresión y consideras a tus oyentes algo lerdos. Es obvio para cualquier mente, lo que excluye a los fascistas.
A los libertarios expresionistas de izquierda no se los trata tan bien: Pablo Hasél sigue en la cárcel por cantar que los Borbones son unos ladrones, lo cual no solo es una verdad, sino un axioma.
Esto de que el fascismo parezca más revolucionario que el antifascismo es una jodienda, según mi corto entender. Quizá explique el hecho de que el 25% de los tíos entre 18 y 25 años voten al revolucionario Vox.
Tal vez carecen de ideas y cultura, pues son capaces de exhibir una pancarta con el rostro de José María Aznar sobre el lema "Prefiero morir de pie que vivir de rodillas", sentencia de Dolores Ibárruri, La Pasionaria, comunista. También gritan "Sí, se puede". Otro plagio, esta vez del 15-M. El único verso no copiado a la izquierda de los jóvenes fascistas es el de "Pedro Sánchez, hijo de puta". Habría que haber educado con más creatividad a nuestros futuros fusiladores.
Vox no trabaja políticamente. No lo necesita. Incluso renuncia a cogobernar cuando se lo ofrecen. Pero la calle se está llenando de fascistas de todo signo. Los policías los saludan como si fueran gente normal, no los cachean y escoltan sus misas/aquelarre, oficiadas por el cura de El exorcista frente a la sede de Ferraz, para expulsar al demonio del cuerpo de Pedro Sánchez. Hay más policías protegiendo al cura en esas misas que ángeles de la guarda custodiando a policías. Se supone que a causa de algún convenio Iglesia/Estado.
Las encuestas aseguran, imperturbables (17%), que esta revo/involución les está saliendo muy bien a los de Vox (salvo entre los vecinos de Ferraz, que estaban hasta los relicarios de tanta misa y van a votar todos al Partido Satánico Ofídico Español).
Hay todos los días en España decenas de manifestaciones por la sanidad, educación, dependencia, trabajo, vivienda… Sin embargo, parece que la calle y la política están tomadas por los fascistas. Algo ha fallado.
Las derechas están ganando la involución porque las izquierdas no están planteando soluciones imposibles. Acomodándose a lo posible, no hay revolución que respire. La abolición del trabajo infantil y la esclavitud eran una locura en su tiempo. Sus defensores fueron perseguidos y asesinados por Gobiernos y oligarcas.
Haciendo balance, Sumar no ha sumado nada desde que cogobierna. Jamás ha pedido un imposible. Quizá es lo que quería Pedro Sánchez: diseñar una izquierda a su izquierda que no izquierdizase nada. Pero con eso traicionó su leyenda de forajido incluso entre las moquetas del G-20.
La maniobra de Sánchez ha sido buena: inventar una izquierda (Sumar) menos a la izquierda que la verdadera izquierda (Podemos) para contentar a la derecha, al Ibex 35 y a laSexta. A Yolanda Díaz le regaló una flor de pitiminí, letal arma para batallar contra el fascismo.
Según las encuestas, les ha salido fantástico a los dos. Pronto veremos a Santiago Abascal como vicepresidente de nuestro Gobierno.
Hay que felicitar a la izquierda tradicional española, perdedora voluntaria de guerras y ultrajes, por haber concluido tan buen trabajo.
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