Opinión
Todos los caminos llevan a José Manuel Soto

Por David Torres
Escritor
El nombre de José Manuel Soto está muy vinculado a la promoción del Rocío, de la Feria de Abril y de todas esas festividades andaluzas que mezclan la devoción mariana, el maltrato animal, el alcoholismo, las sevillanas, los toros, los camareros esclavos, las macetas con flores y los señoritos en un cóctel irresistible. Tan vinculado que, de hecho, actualmente es bastante difícil vincularlo a cualquier otra cosa. Reconozco que me fascina el personaje hasta el punto de que, cinco años atrás, al comienzo de la pandemia, me dio por seguir sus comentarios en Twitter, donde Soto discutía diariamente los consejos médicos de Fernando Simón, despotricaba contra Pedro Sánchez, advertía contra el golpe de estado socialista, la milonga del cambio climático, los indultos del procés catalán al tiempo que iba pisoteando todos los charcos políticos y económicos que se le ponían por delante.
No había tema con el que no se atreviera, siempre y cuando se tratase de derrocar el sanchismo. Tengo que reconocer que había algo quijotesco en su empeño de confundir gigantes con molinos de viento, aunque se trataba de un Quijote de imitación, un Quijote de los chinos: el de Avellaneda, no el de Cervantes. No pude resistirme y algunas veces me sentaba a contestar sus filípicas al estilo del Sancho Panza apócrifo, un ejercicio que me servía para desentumecer las meninges y encarar otra jornada de confinamiento con buen humor. Por ejemplo, Soto decía, quejándose en sordina de la prohibición de salir a la calle, que la vida está llena de contradicciones, que la gente vive y muere, el dolor de los muertos no es incompatible con la alegría de vivir, y que “celebrar la Feria tomando una copa con la familia no es ninguna frivolidad en tiempos de duelo, es una forma de agarrarse a la esperanza”. En consonancia con la añoranza general de aire libre, yo replicaba: “Y de agarrarse a la farola también. Cuánto echamos de menos la farola, porque un perchero no es lo mismo”.
Probablemente fue en esa época oscura, encerrado entre cuatro paredes, añorando la inolvidable tabarra de sus conciertos, cuando Soto ideó un plan fabuloso, Senderos del Rocío, consistente en la creación de una telaraña de rutas que conectaran toda Andalucía con la aldea del Rocío, siguiendo el modelo en que los caminos de Santiago conducen a los peregrinos hasta Compostela. A la Junta de Andalucía, presidida por Moreno Bonilla, le faltó tiempo para inyectar una millonada al proyecto, convencida, en primer lugar, de que muchos andaluces aún desconocen el enclave exacto de la romería y, en segundo lugar, de que, en caso de conocerlo, tendrían dificultades para encontrarlo. Hay mucha gente que se pierde la Feria de Abril porque no sabe que se celebra en mayo.
Luego dicen que el PP es alérgico a la literatura, al arte, al cine y al teatro, pero a la hora de publicitar la cultura -la buena, la católica, la fetén-, todos sus esfuerzos son pocos. Lo raro es que desde la Junta todavía no hayan contactado con una tropa de constructores de ésos -florentinos y de los otros- que, carreteras aparte, envíen una escuadra de excavadoras y hormigoneras con el fin de desbrozar la sierra de Cazorla, alisar media Andalucía y colocar Almonte en el centro de un embudo geológico de modo que los turistas sólo tengan que deslizarse cuesta abajo hasta la ermita.
Los mediocres y los zurdos, siempre envidiosos, no pueden soportar el éxito de Soto y han aprovechado una pequeña irregularidad en los contratos para arremeter por vía judicial contra esta empresa cultural de altos vuelos. Se ha comprobado que la Fundación José Manuel Soto se lleva la mitad del presupuesto de actividades teatrales de la Junta de Andalucía. Para qué harán falta teatros, colegios, universidades o centros de salud cuando cualquier andaluz podrá solucionar sus problemas rezándole a la Virgen del Rocío y bebiendo manzanilla. A Soto lo han promocionado a dedo en Andalucía, igual que a Nacho Cano en Madrid, sí, pero con la ventaja añadida de que, mientras ande liado con el papeleo de mapas y permisos, no tendrá mucho tiempo para acercarse a la guitarra.
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