Opinión
El tope al precio de la gasolina. Acabando con el último dogma liberal
Fueron muchos los dogmas de fe que nos impuso el neoliberalismo económico durante la última parte del siglo XX pero, tras la crisis financiera internacional de 2008 y el "tren" de crisis económicas a las que nos vamos enfrentando desde esa fecha, esos dogmas se han ido diluyendo como azucarillos. Ahora bien, que el neoliberalismo dogmático se bata en retirada no significa que esté vendiendo barata su piel. Hacer caer los dogmas del equilibrio presupuestario, del límite a la deuda y de la independencia de los Bancos Centrales nos costó la crisis del euro. Fue necesaria la pandemia para doblarles el brazo y que volvieran las políticas expansivas de demanda keynesianas que habían sido declaradas heréticas por el neoliberalismo, e hizo falta el shock petrolero de la sanciones a Rusia para hacer caer el dogma monetarista de que la inflación se controla subiendo los tipos de interés.
La realidad es que, a estas alturas del siglo, la mayoría de los dogmas del neoliberalismo están superados, pero también es cierto que aún se mantiene vivo el último dogma de su fe: "los precios deben ser fijados por la oferta y la demanda". Para el neoliberalismo, el mercado es el único que puede asignar adecuadamente la producción y si los precios se interfieren por parte del sector público y dejan de responder a la oferta y la demanda, el resultado será que se producirá menos de lo que se puede producir. Por ejemplo, una batalla para defender por todos los medios ese dogma es la que se está librando ferozmente en cuanto al control de precios de los alquileres.
Pues bien, ese dogma que aún pervive es el que está a punto de caer con el shock del petróleo provocado por el ataque de Netanyahu y Trump a Irán. Durante la crisis por el embargo a Rusia la mayoría de los países de la UE establecieron limitaciones al precio de la energía eléctrica, en el caso de España, por nuestro sistema de fijación de precios de la electricidad, se estableció el "tope al precio del gas" para controlar el precio de la electricidad. El neoliberalismo no luchó en exceso porque la producción eléctrica carece de mercados reales y tiene un alto componente público en muchos países. Sin embargo, lo importante fue que hubo tres países, Hungría, Croacia con un cambio de sistema y Eslovenia parcialmente, que intervinieron y toparon el precio minorista de los carburantes. Un antecedente.
Frente a ellos la mayoría de los países de la UE que sucumbieron a las presiones neoliberales y recurrieron a las reducciones de impuestos y bonificaciones (en esta página encontrará un buen resumen de esas medidas). El resultado fue que las grandes empresas petroleras manipularon los precios para absorber como beneficios parte de las bonificaciones y de las rebajas de impuestos a los consumidores, por lo que los precios de la gasolina y el gasoil no se contuvieron en la cuantía que debían haberlo hecho y gran parte de los países de la UE acabaron introduciendo impuestos a los beneficios extraordinarios obtenidos por las petroleras. Cualquier economista sensato sabe que en un shock del petróleo rebajar la fiscalidad no es la mejor solución, ya que hablamos de un mercado con una demanda muy rígida – la demanda no se reduce porque suban los precios - y los productores son un oligopolio que pueden fijar los precios. Además, la política antiinflacionista más eficaz es frenar al máximo el crecimiento del precio minorista de los carburantes lo antes posible para reducir al mínimo el impacto del shock del petróleo en la inflación y eso no se consigue bajando impuestos.
Me explico, ante un shock en el precio del petróleo como el que estamos sufriendo por el cierre del estrecho de Ormuz la inflación funciona como sigue: 1) inmediatamente sube el precio de la gasolina/gasoil/gas y esas subidas se reflejan en el IPC del mismo mes (Efecto Directo); 2) a continuación, si las subidas de carburantes se mantienen, en los meses siguientes van a ir subiendo los precios del transporte y en nuestro caso los de la electricidad y esas subidas se trasladan como incrementos de costes al precio de todos los productos (Efecto Indirecto); 3) finalmente, en los meses y años siguientes, cuando los trabajadores/as renegocien sus retribuciones reclamarán subidas de salarios para compensar la inflación pasada y los empresarios volverán a trasladar los incrementos de salarios a los precios de los productos (Efecto de Segunda Ronda). Es decir, el impacto de un shock del petróleo puede durar varios años y no incluye solo el incremento inicial de los precios de los carburantes sino que se multiplica por los efectos indirecto y de segunda ronda.
Alguien seguro que se preguntará ¿y los beneficios empresariales de los que se ha hablado dónde están? Respondo. Los aumentos de los beneficios empresariales están en el Efecto Directo, los de las petroleras, y en el Efecto Indirecto los del resto de empresarios. En efecto, la consecuencia inmediata de un shock del petróleo es una ruptura de la capacidad de los consumidores de conocer si los precios al que nos venden son o no adecuados. Si el precio del petróleo ha subido de 50 a 100 dólares, los consumidores no tenemos ni idea si la gasolina tiene que subir 15, 30 ó 40 céntimos. Así que, si por costes deberían haber subido 15 céntimos, la petrolera puede aprovechar y subir otros 15 céntimos para aumentar sus márgenes y beneficios. Lo mismo pasa con el resto de productos, pongamos por ejemplo una tapa en un bar andaluz o un pincho en Euskadi, al subir el gasoil va a subir el precio de los alimentos y el de su transporte, y al subir la electricidad va a subir el coste de mantener los refrigeradores, pongamos que inicialmente las tapas/pinchos costaban 3,50 euros y que las subidas de costes tendrían que hacer que costaran 3,90 euros, como los consumidores no conocemos el aumento de costes realmente sufrido por los hosteleros estos nos pueden poner un precio de 4,20 euros y aumentar los beneficios. Ahí están los incrementos de márgenes empresariales que lo que hacen es amplificar el efecto inicial del incremento real del precio de los carburantes. Aconsejo este informe del Fondo Monetario Internacional que deja muy claro cómo los beneficios empresariales dispararon la inflación con el embargo a Rusia.
Volviendo a lo nuestro. Como hemos visto, el aumento del precio del petróleo genera un efecto multiplicador en la inflación, de forma que a mayor incremento inicial en los carburantes mayores aumentos a medio y largo plazo en la inflación. Eso quiere decir que cuanto más controlemos las subidas de precios minoristas de los carburantes al comienzo del proceso menos impacto tendrá el shock del petróleo en su conjunto en la inflación. Ahí radica la razón de que sea mejor topar los precios que dar subvenciones o bajar impuestos. Si se topan los precios de gasolina/gasoil/gas las petroleras no pueden incrementar sus márgenes para obtener más beneficios, con lo que se reducen también los efectos indirectos y de segunda ronda y por tanto el efecto multiplicador del shock del petróleo sobre la inflación. Por otra parte, el gobierno puede ajustar al céntimo el incremento real de los costes de producción para fijar el precio máximo de los carburantes, y como las empresas petroleras ya no pueden usar los precios de los mercados de futuros para fijar los precios minoristas con los topes, se eliminan los efectos de la especulación financiera.
En fin, las ventajas de topar los precios de los carburantes frente a las reducciones de impuestos son evidentes y, aunque el neoliberalismo va a luchar hasta la extenuación por evitarlos, la política nos está dando una oportunidad para acabar con el dogma neoliberal. Me explico, Von der Leyen ha introducido el debate del tope europeo a los precios del gas y del petróleo. Lo hace por una razón política y no económica, es alemana y está muy preocupada porque Rusia vaya a obtener más recursos por el shock petrolero que pueda emplear en la guerra de Ukrania. Obviamente, no dice nada de topar los precios minoristas de la gasolina/gasoil, sin embargo, con su propuesta, lo quiera o no, ha abierto el debate del tope a los precios en la Unión Europea. No sé si de ésta caerá el último dogma neoliberal pero estoy seguro que si el cierre de Ormuz dura mucho seguirá el mismo camino que los otros dogmas neoliberales y la economía y la política económica dispondrá de más instrumentos para luchar contra las crisis económicas. El principio de su fin está servido.
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