BORBOLANDIA
Las consecuencias de la ley fálica (y 2)

Periodista y escritora
Dejé en el anterior artículo la retahíla de desgracias que trajo a este país la boda de una borbona de la rama usurpadora reinante y su primo borbón de la rama carlista. Que dirá alguien… hombre… pues si los chicos se querían… ¡Qué coño se van a querer! Que estamos hablando de un matrimonio entre borbones… solo cuenta el negocio.
Cuando la sociedad y la política conocieron el compromiso de la princesa de Asturias, Mercedes de Borbón, con el carlista Carlos de Borbón se montó la marimorena. Tanto, que las garantías constitucionales se suspendieron para poder imponer la censura periodística y evitar los insultos día sí y día también en los periódicos al novio y a su padre. Aquella boda soliviantó también a los propios carlistas, que comenzaron otra vez a agitar el avispero y a calentar la calle. Estaba claro que las espadas seguían en alto.
Cuando la sociedad y la política conocieron el compromiso de la princesa de Asturias, Mercedes de Borbón, con el carlista Carlos de Borbón se montó la marimorena
Vamos primero a cómo apañaron la boda antes de hacer el anuncio oficial, que ya ahí hubo sus tiranteces porque la reina regente, María Cristina de Habsburgo, le pidió al padre del novio, Alfonso de Borbón, conde de Caserta, primero, que su hijo se nacionalizara español; segundo, que se personara en Madrid para pedir oficialmente la mano de la princesa de Asturias e iniciar los trámites parlamentarios antes de las vacaciones de Navidad del Congreso; y tercero, que se retractara públicamente de sus principios carlistas para contentar a la opinión pública liberal española. El carlista Alfonso contestó a su futura consuegra que lo de que el chaval se nacionalizara español, sin problemas, pero que la petición de mano la haría por carta y que no consideraba necesario retractarse de nada ni hacer ninguna otra concesión.
Y empezó la bronca parlamentaria, porque, tal y como exigía la Constitución vigente, se requería la aprobación de ese matrimonio por las Cortes, y gran parte de los diputados, tanto liberales como conservadores, no estaban dispuestos a aprobar esa boda. Por aquel entonces los políticos republicanos eran menos serviles que muchos de ahora, que solo son republicanos de boquilla y luego corren al besamanos.
El carlista Alfonso contestó a su futura consuegra que lo de que el chaval se nacionalizara español, sin problemas, pero que la petición de mano la haría por carta
Hubo muchas intervenciones contrarias a aquella boda; entre las más famosas, la del diputado Vicente Blasco Ibáñez. Con estos argumentos que recoge el diario de sesiones explicó quién era el padre del novio: "Yo, que no conozco al Conde de Caserta particularmente, conozco la Historia, y por ella sé que el Conde de Caserta asistió al saqueo de Cuenca, bombardeó Pamplona y San Sebastián y sé que se ha batido contra el Ejército español; y después de todo esto, el día de mañana, nuestros generales, encanecidos y cubiertos de cicatrices en la lucha contra los carlistas, tendrán que ir a los besamanos de palacio a inclinarse ante aquel que muchas veces persiguieron y combatieron, negando así la historia liberal de España. Esto es Historia, señor presidente; y puedo traer aquí manifiestos del señor Conde de Caserta atacando a la personalidad de Don Alfonso XII, su consuegro".
Hubo mucha bronca parlamentaria porque el padre del novio, efectivamente, era un carlista que se levantó en armas contra la dinastía reinante y contra el pueblo español, y que seguía sin reconocer la legitimidad de los borbones y de la propia princesa de Asturias con la que se iba a casar su hijo.
Finalmente, la reina pidió el permiso de las Cortes, pero haciendo trampas y alterando los plazos, porque primero debería haber puesto en conocimiento de los parlamentarios el futuro matrimonio para que se sometieran a aprobación los contratos y estipulaciones matrimoniales, tal y como exigía el artículo 56 de la Constitución de 1876, y luego celebrar la petición de mano. Lo hizo al revés. Y, además, el carlista se salió con la suya y no aceptó rebajarse a viajar a España para pedir personalmente la mano de la muchacha; se limitó a enviar una carta. Pa' chulo… él.
Esta petición por escrito se formalizó el 16 de diciembre del año 1900, y al día siguiente, en sede parlamentaria, el presidente del Gobierno, Marcelo Azcárraga, comunicó a la Cámara que su majestad la reina regente había otorgado consentimiento al matrimonio de su hija Mercedes con su amado sobrino el príncipe Carlos de Borbón. ¡Coño… pues claro! ¡Si lo había organizado todo ella!
El diputado José Muro exigió ver la carta que escribió el carlista pidiendo la mano, y exigía igualmente saber por qué no había venido personalmente. Tanto el Gobierno como la regente le negaron el derecho a ver qué ponía en esa carta porque, decían, era un documento particular, a lo que replicó el cabreado diputado Muro: "He aquí por qué decía yo ayer, y repito hoy, que a espaldas del Parlamento se obra, y con absoluto desprecio del Parlamento se vive".
En la comunicación de la reina regente al Congreso solicitando autorización del matrimonio, la muy cuca también añadió una cosita: no era necesario subir la dotación presupuestaria de la princesa de Asturias. Qué generosa la señora Cristinita. Aunque más bien fue un intento de rebajar el nivel de cabreo social y político, porque el novio no tenía un duro y su dinastía estaba arruinada. Pintaba que eso iba a llevar a aumentar la asignación a la Casa Real. Las Cortes estaban muy moscas con las dotaciones presupuestarias a la corona porque había partida para la reina regente, partida para el rey imberbe y partida para la princesa de Asturias; muchos sospechaban que esta última partida iba a aumentar para cubrir los gastos del consorte.
La tensión parlamentaria llevó a la creación de una comisión integrada por siete diputados para estudiar la petición de la regente, a la vez que un nutrido grupo de representantes hizo público un escrito pidiendo la renuncia de la princesa de Asturias a sus derechos sucesorios por emparentar con carlistas. Aquello era una bofetada a todos los españoles que habían muerto por luchar con unos o con otros, y ahora resultaba que los unos y otros se marcaban un "pelillos a la mar", y encima había que mantenerlos.
La tensión parlamentaria llevó a la creación de una comisión integrada por siete diputados para estudiar la petición de la regente
En ese escrito se quejaban también los diputados de que la regente estaba refiriéndose al novio como "Príncipe don Carlos de Borbón", un tipo que ni era príncipe ni era nada. Cuando se leyó en el hemiciclo la carta de la reina regente llamándole príncipe, alguna voz se oyó entre los diputados que dijo "¡Príncipe de quééééé!". En fin… que después de una semana de riñas por culpa de los trileros de Borbolandia y visto que las Navidades de 1900 se echaban encima, el Congreso aceleró el proceso, votó y dijo… mira que sí, que se casen y se callen.
Faltaba la reacción de la calle al anuncio de este matrimonio, que se estaba siguiendo con atención sobre todo en ambientes universitarios porque coincidió con un periodo violentamente anticlerical. En aquellos finales del siglo XIX y principios del XX los abusos y la sinvergonzonería de la Iglesia superaba todos los límites. Se estrenó la obra Electra, de Pérez Galdós, que acabó convertida en un grito anticlerical; los jesuitas tenían a todo el mundo hasta la peineta y, para terminar de liarla, el cura más cercano a la familia real, José Fernández Montaña, preceptor de Alfonso XIII y confesor de la reina, escribió un artículo en prensa poniendo a parir a los liberales y diciendo que ser liberal era pecado. Puso a la regente en un brete porque ella tenía el compromiso de la alternancia de los partidos conservador y liberal (el corrupto turnismo), así que a María Cristina no le quedó otra que despedir al cura en plena movida parlamentaria por la boda.
Se estresa una solo por contarlo.
La fecha para la ceremonia se fijó con prisas para acabar con todo aquello cuanto antes, pero no hubo día sin manifestaciones y con los universitarios en pie de guerra. El día de la boda, 14 de febrero de 1901, el capitán general de Madrid declaró la capital en estado de guerra para tener amedrentado al personal y prohibir cualquier tipo de protesta, y así estuvo Madrid, en estado de guerra, varios días por aquella boda.
Borbolandia, con el objetivo cumplido, siguió en sus mundos de yupi, los novios se fueron de luna de miel, parando en Zaragoza para saludar a la estatua que hay subida en un pilar, y tres años después la novia se murió, el novio volvió a casarse y acabó siendo el abuelo materno del defraudador Juan Carlos y bisabuelo de Felipe. Nada bueno podía traer aquella boda, y nada bueno trajo.
Las guerras intestinas de los borbones, sin embargo, no acabaron entonces, todavía tenían que caer un par de muertos a cuenta de las broncas entre carlistas y usurpadores. ¿Alguien se acuerda de los sucesos de Montejurra 76? Pues merecen no ser olvidados, porque llenaron las primeras páginas de todos los periódicos de España sin que el 90% de los españoles entendiera ni una sola palabra de lo que allí pasó.
Montejurra es un monte cercano a Estella, un pueblo navarro que fue "corte" del borbón que se hacía llamar Carlos VII. Los carlistas habían ganado una batalla famosa en Montejurra, por eso el monte se convirtió en un lugar simbólico de la memoria carlista, donde todavía realizan una performance anual que llaman vía crucis. Son como los Hare Krisna, inasequibles al desaliento. Lo de hacer un vía crucis subiendo Montejurra empezaron a hacerlo en mayo 1939. Se trataba de ir colocando cruces de madera a lo largo del sendero con los nombres de las unidades de requetés grabados. Los requetés, ya saben, fueron los paramilitares carlistas que se organizaron en tercios (jugando a estar en el siglo XVI) y que se sumaron a los golpistas en la guerra de España.
Conviene, creo, insistir en esto: los borbones, legítimos, usurpadores, los de ahora y los de antes… estaban y han estado del lado de la dictadura. Tanto la rama del actual Felipe como la contraria pusieron sus esperanzas en el dictador para que les diera su sitio. Alfonso XIII creía que Franco lo iba a sentar otra vez en el trono, luego Juan de Borbón también se lo creyó, y al final consiguieron trono los serviles Juan Carlos y el niño Felipe, que llamaba "abu" al dictador para caerle bien. Pero es que los partidarios de los borbones carlistas que se sumaron a luchar con los golpistas creyeron que, cuando se instalara la dictadura, iban a ser los mimados de Franco. Pero con un tirano no se debe ni se pueden echar cuentas.
Aquel primer vía crucis a Montejurra del 39 consistió en colocar 14 cruces y en ir rezando sus sortilegios en el camino, para terminar con una misa en la cumbre. La excursión acabó consolidándose como una celebración anual, las cruces de madera se sustituyeron por otras de piedra que pagó la Diputación Foral de Navarra, porque por allá por el norte… País Vasco, Navarra, Catalunya…. Son más partidarios de los borbones legítimos que de los reinantes usurpadores.
El vía crucis de Montejurra en 1976 se presentó calentito. Era el primero tras la muerte de Franco, con Juan Carlos ya proclamado rey y… ¡sorpresa!… con los carlistas divididos. Si ya los borbones estaban divididos en carlistas y no carlistas, ahora los carlistas, en un alarde de loca bipolaridad, se habían dividido en tradicionalistas y (cojan aire) carlistas socialistas autogestionarios y federales. Y no pienso traducir esto porque no sé qué demonios significa.
Ocurrió que, salvo en Navarra, donde los carlistas retozaban y retozan mucho, no tocaron cargo, no pillaron poder; no recibieron el premio que esperaban de Franco por el inmenso apoyo que le dieron. Así que, a finales de los años sesenta, los carlistas se declaran opositores al franquismo –ojo al momento- cuando Franco acababa de nombrar a Juan Carlos su sucesor. Los carlistas esperaban que se restableciera la línea legítima de los borbones, y va Franco y nombra sucesor al usurpador Juan Carlos. Ahí surgió una extraña especie que se hace llamar carlista progresista. Pedazo de oxímoron. ¿Cómo explicar esto? No se puede. Simplemente dijeron ser "de izquierdas" de repente solo porque no consiguieron de la ultraderecha lo que pretendieron, y en un alarde de originalidad constituyeron el llamado Partido Carlista, se aliaron con el Partido Comunista, con el PSOE, con partidos catalanes de izquierdas… un auténtico berenjenal. Y encima los aspirantes de las dos facciones carlistas, la tradicionalista y la supuestamente progre, eran hermanos. Sixto Enrique era el ultra carca, al que llaman los suyos Enrique V de Borbón o Sixto-Rey; y el chupi progre era su hermano Carlos Hugo I.
Y llegamos a Montejurra 76, cuando se lió una batalla campal entre carlistas porque los ultracarcas, que habían sido apartados, que ni pinchaban ni cortaban, quisieron recuperar el vía crucis a Montejurra y reventar la procesión de los carlistas chupi-progres. Lo llamaron "Operación Reconquista", y, por resumirlo mucho, el domingo 9 de mayo de 1976 unas 500 personas congregadas en la explanada del monasterio de Irache, a punto de iniciar su ascenso a Montejurra y su paripé de vía crucis, vieron que se les venían encima cien carlistas de la parte carca a reconquistar Montejurra al grito de "¡Viva España!", "¡Viva cristo rey!" "¡Acabemos con los rojos!". Eran guerrilleros, franquistas de Fuerza Nueva y del Partido Español Nacional Socialista, o sea, los nazis españoles.
Y llegamos a Montejurra 76, cuando se lio una batalla campal entre carlistas porque los ultracarcas, que ni pinchaban ni cortaban, quisieron recuperar el vía crucis a Montejurra
Se lio una tangana, uno de los ultracarcas sacó una pistola, mató a uno, la bronca siguió, hubo garrotazos, otro ultracarca sacó otra pistola, mató a otro, un cura salió herido… y allí estaban la Guardia Civil y la Policía Nacional, que no movieron una porra. Con dos muertos y varios heridos como resultado, el ministro de la Gobernación, Manuel Fraga Iribarne, el ultraderechista fundador del PP, resumió todo aquello como "una pelea entre hermanos".
Pero en los sucesos de Montejurra 76 había más chicha de la aparente, y así se ha demostrado con los jugosos documentos aparecidos en 2023, que arrojan datos de los que ya había hablado el general Sáenz de Santa María unos años antes, cuando implicó a altos miembros del aparato del Estado en la organización de la "Operación Reconquista" de Montejurra. Eran asuntos muy turbios a los que dar la menor publicidad posible porque implicaban al Ministerio de Gobernación de Manuel Fraga y al propio Juan Carlos de Borbón.
Según la fuente que facilitó los documentos, Juan Carlos estaba informado de todo el plan de "Reconquista", y tanto Fraga como el borbón estaban interesados en esa tangana carlista porque los ultracarcas se comprometieron por boca de su rey Sixto a mostrar su "total acatamiento a la persona del Rey D. Juan Carlos I y su único deseo de servicio de servir con dignidad a la patria a través del carlismo, sin plantear ningún problema a la Monarquía nacida al amparo de nuestro Estado de Derecho".
Al defraudador Juan Carlos y al fascista Fraga les interesaba que los carlistas tradicionalistas se impusieran a los supuestos carlistas de izquierdas
Por eso al defraudador Juan Carlos y al fascista Fraga les interesaba que los carlistas tradicionalistas se impusieran a los supuestos carlistas de izquierdas, y por eso la Guardia civil y la Policía no intervinieron pese a los dos muertos y varios heridos; por eso el gobernador civil de Navarra no dispuso protección del vía crucis aun sabiendo que se iba a liar; por eso un año después de Montejurra, con el falangista Adolfo Suárez ya blanqueado y puesto a dedo, el Partido Carlista, el de los supuestos progres, no fue legalizado y no pudo acudir a las elecciones; y por eso los tres ultracarcas asesinos identificados en Montejurra fueron acusados, pero no condenados, porque la maravillosa ley de amnistía del 77 los dejó libres sin ni siquiera llegar a juicio.
Por cierto, a Fraga los sucesos de Montejurra 76 le pillaron en Venezuela, igual que los sucesos de Vitoria de marzo anterior le pillaron en Alemania. Los reyes del escaqueo. Debe ser por eso que la exfalangista Díaz Ayuso huye a Miami cada vez que su novio defraudador tiene que declarar. Aprendió de su jefe Fraga.
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