Borbolandia
Juan Carlos, el primero de la dinastía Franco

Periodista y escritora
Y Felipe, el segundo. Y aquí andamos, esperando el referéndum que impediría con total seguridad que llegara la tercera de la dinastía que instauró el dictador. A ellos no les avergüenza proceder de donde proceden: de la traición a la propia familia y su sumisión a un asesino. Es de suponer que la ciudadana Leonor se mantiene tan aislada en su burbuja aterciopelada, tan convencida por su derecho de nacimiento a ser jefaza de Estado, que ignora el rechazo que provoca su figura en la mayoría de la población.
Al PSOE le debemos la cobardía de no haber atendido el runrún esperanzador hacia un cambio de régimen que resonó entre 2012 y 2014; y mucho más cobarde fue su Ejecutiva, con Alfredo Pérez Rubalcaba a la cabeza, que rechazó ni siquiera discutir la propuesta de sus Juventudes en 2014 de apostar por un referéndum: Rubalcaba apoya al nuevo rey y zanja el debate de su Ejecutiva entre monarquía y república. La madre que parió a Rubalcaba y a toda la Ejecutiva.
El momento era inmejorable, y, aunque gobernara el PP, los socialistas deberían haberlo peleado en vez de traicionar su propia historia, a muchos de sus afiliados y a infinidad de votantes. Sus simpatizantes, al menos, deberían haber visto que lo intentaban. Por enésima vez quedaron al descubierto las corrupciones y las gamberradas endémicas de los borbones, y por enésima los políticos les sujetaron el paraguas para que aguantaran el chaparrón. Porque en el statu quo borbón se vive bien, y el PSOE se ha ido acomodando. Sospecho que porque creen asegurarse más apoyos haciendo cositas que agraden a votantes de la derecha. También creo que si cambiaran el foco verían cómo, precisamente eso, el ponerles ojitos a los potenciales votantes de derechas, ha provocado una importante fuga de sus afines.
Gestos importantísimos como el "no a la guerra" o el situarse contra el genocidio y plantar cara a Trump ayudan mucho, muchísimo, pero van tarde y van de culo con otros asuntos que era imprescindible abordar si queremos una democracia plena: los abusos de la multinacional católica, el secuestro de la enseñanza y los desmanes de la corrupta monarquía. Han pasado 50 años y no solo no han encontrado el momento de empezar a respetar su tradición republicana y laica. Al contrario, han abandonado sus principios. No era el momento en los setenta; absolutamente lógico. No lo fue en los ochenta; perfectamente comprensible también. Tampoco encontraron el momento oportuno en los noventa; y eso ya fue mosqueante. Ni en la primera década de los dos mil; cuando ya empezaba a oler mal. Ni en los años veinte, cuando ya apesta a que ni han buscado ni quieren encontrar el momento. Como dijo aquel… emosío engañaos.
Ningún país ha repudiado a tantos reyes y reinas de la misma dinastía como el nuestro en menos de 200 años: a Cristina de Borbón tres veces, a Isabel II, a Alfonso XIII, a Juan Carlos…
España es el país en el que más veces ha corrido peligro el trono, y en todas las ocasiones, salvo en dos honrosos episodios republicanos, los políticos han ido en su rescate o les han salvado la cara por sus implicaciones en los golpes de Estado de 1874, 1923, 1936 y 1981. Ningún país ha repudiado a tantos reyes y reinas de la misma dinastía como el nuestro en menos de 200 años: a Cristina de Borbón tres veces, a Isabel II, a Alfonso XIII, a Juan Carlos…
La regente austriaca Cristina y sus serviles políticos aceptaron ir a la guerra contra EEUU en 1898, y deseando perderla cuanto antes, para salvar el trono; Alfonso XIII dio un golpe de Estado con Primo de Rivera para impedir su inminente derrocamiento por el desastre social, económico y humanitario que trajo a España la absurda, cruenta e innecesaria guerra de Marruecos. Con el golpe evitó el borbón que llegara al debate del Congreso el famoso Expediente Picasso, donde quedaron al descubierto la corrupción del Ejército y la ineptitud de la Corona. Aquel golpe borbónico-militar solo retrasó lo inevitable hasta las elecciones de 1931, y de nuevo desde el exilio los borbones conspiraron con un dictador asesino para retornar. Y así fue. El dictador los instauró y abrió su nueva dinastía. No restauró la monarquía. Instauró otra.
Desde finales del XIX, la ciudadanía española ha dado suficientes muestras de no querer la monarquía y, más específicamente, a la corrupta dinastía de los borbones. Además de las evidencias históricas, qué más pruebas hubiera necesitado el partido socialista, ya exrepublicano, para haber elevado la voz en aquel 2014 y proponer el referéndum. Pero, ya se sabe: 40 años después de la muerte del dictador, seguía sin ser el momento.
Los socialistas han acabado haciéndose un hueco en el cojín del régimen monárquico, y ahí andan.
Ya ha entendido todo el mundo a estas alturas que tal valentía era imposible verla en el PSOE puesto que han tenido y tienen en sus filas elementos emboscados que solo zancadilleaban y zancadillean cualquier intento de frenar los abusos católicos y borbónicos. González, Bono, Calvo, Díaz, Leguina, Vázquez, Celáa, Lambán, Ibarra, García Page… la lista de fieles y monárquicos, o de monárquicos fieles, es extensa.
Los socialistas han acabado haciéndose un hueco en el cojín del régimen monárquico, y ahí andan. Están tan a gustito como lo estaba Ortega Cano el día de su boda con la Jurado, por eso el aforismo matemático manchego de José Mota que dice “las gallinas que entran por las que salen” no le vale al PSOE. Las gallinas de derechas no entran, y las de izquierdas se van. Y a veces, como no encuentran otro gallinero que les guste, se anarquizan. A la mierda el voto.
En mis recorridos titiriteros por España para encuentros con clubes de lectura y asociaciones, para charlas o para presentaciones, me cruzo con alcaldes y alcaldesas del PSOE que, conociendo mi posición republicana y atea, intentan empatizar reivindicando su carácter republicano y laico, y yo les pongo una sonrisilla y no me queda otra que decirles que a quién pretenden engañar. No es necesario conmigo ese disimulo. A otro perro con ese hueso, porque no me presto a aliviarles sus complejos ni dejo que crean que cuelan las absurdas disculpas que esgrimen para presidir procesiones o, más allá del obligado protocolo oficial, perder el culo por un besamanos real.
El argumento más sólido e irrefutable para haber acabado con la monarquía en España, deliberadamente desaprovechado por el socialismo, es que a los actuales borbones los instauró un dictador que dio un golpe de Estado, trajo una guerra, provocó centenares de miles de muertos, instaló una dictadura, aplastó derechos y asesinó a demócratas. Juan Carlos era el vasallo de ese dictador, y eso mismo incumbe al resto de la parentela. Felipe desciende de esa ilegitimidad y del juramento de fidelidad que hizo su padre a Franco cuando juró en las Cortes, aquel julio de 1969, ser leal al dictador y acatar la “legitimidad política surgida del 18 de julio de 1936”. E ilegítima será Leonor por las mismas razones. Su bisabuelo es Franco, no Juan. Pura deducción, porque Felipín llamaba “abu” al dictador.
Franco, que era más listo que todos los borbones actuales juntos, nunca utilizó en sus referencias a la monarquía la palabra restauración.
Que los borbones sean unos hipócritas morrocotudos y que vayan cambiando el paso según les interese para no perder el negocio no les borra el pasado. Es lo que llevan haciendo dos siglos, poniendo una vela a dios y otra al diablo a ver quién les mantenía el trasero en el trono. Incordiando cuando pueden (y Felipe incordia mucho) y poniéndose la careta de demócratas cuando les interesa o no les queda otro remedio.
Franco, que era más listo que todos los borbones actuales juntos, nunca utilizó en sus referencias a la monarquía la palabra restauración. Ese término, Restauración, ya se utilizó en el XIX para definir el periodo que arrancó con el golpe de Estado que devolvió el trono a los borbones en la persona del imberbe Alfonso XII, tras la abdicación a regañadientes de su madre cuatro años antes. Pero cierto es que había existido la formalidad previa de la abdicación en París en 1870; Alfonso era el legítimo sucesor. Eso no ocurrió con Juan Carlos y Juan. El hijo usurpó el trono mientras el legítimo heredero seguía el primero en la línea de sucesión, y Felipe y la ciudadana Leonor solo se están aprovechando de esa usurpación. Juan se vio forzado, obligado, a renunciar a sus derechos sucesorios legítimos sin que su rostro pudiera disimular el atropello y la indignación por la traición de su hijo.
Les invito a que busquen una imagen concreta de aquel 14 de mayo de 1977, porque la tensión de glúteos se adivina hasta en dos dimensiones. El niño Felipín, en la espalda de su madre, mirando de reojo, pero mirando mal. Sofía, con cara de “¿Este teatrillo tenía que ser el día de mi decimoquinto aniversario de boda?”, aunque bien es cierto que la reina usurpadora ya no contabilizaba años de matrimonio, sino amantes de su marido. Juan Carlos mirando al frente, Juan leyendo ante los dos micrófonos, y María de las Mercedes con cara de desolación por no haber llegado a nada después del exilio, de los cuernos, de haber perdido un hijo por el disparo del otro, de la depresión que la llevó al alcoholismo…
El hijo usurpó el trono mientras el legítimo heredero seguía el primero en la línea de sucesión, y Felipe y la ciudadana Leonor solo se están aprovechando de esa usurpación.
Aquella renuncia a los derechos era otro acto ilegítimo, puesto que se estaba produciendo a toro pasao. Se pretendía que tuviera un carácter retroactivo para legitimar el golpe de Estado que Juan Carlos había dado en la Casa Borbón en 1969 aceptando ser el sucesor del dictador, y luego en 1975 proclamándose rey sin ser el príncipe de Asturias.
¿Alguien puede destacar algún acto decente, uno solo, de la actual familia de los borbones, oficial o moral, incluyendo ya a la ciudadana Ortiz, que no ha dudado desde aquel 2004 en sumarse a todos los chanchullos borbónicos? No encontrarán ni uno.
Felipe VI de Franco es tan ilegítimo como lo es Juan Carlos. Es un rey ilegal, ilícito, indebido, irregular… vale cualquiera de los sinónimos que nos ofrece el diccionario de la RAE. Y no solo porque proceda de un rey usurpador, instaurado por el dictador, sino porque ese mismo usurpador abdicó en él tras detectarse las mismas tropelías que desde hace dos siglos acompañan a la corona de este país, y a esos borbones que nos meten con calzador, siempre a la fuerza, nunca con nuestro consenso, y que ahí se mantienen porque hasta los que nos hicieron creer que eran demócratas republicanos ya son, descaradamente, vasallos de la nueva dinastía de los Franco.
En aquel junio de 2014, durante el debate en las Cortes de la ley de abdicación, Alfredo Pérez Rubalcaba subió a la tribuna a explicarnos que los socialistas eran republicanos pero que no hacía falta serlo del todo
Nos han hecho el juego del trile, y encima, en aquel junio de 2014, durante el debate en las Cortes de la ley de abdicación, Alfredo Pérez Rubalcaba subió a la tribuna a explicarnos que los socialistas eran republicanos pero que no hacía falta serlo del todo:
“Los socialistas no ocultamos nuestra preferencia republicana, incluso aquí y ahora, pero sobrados ejemplos hay de que el socialismo, en la oposición y en el poder, no es incompatible con la monarquía cuando esta institución cumple con el más escrupuloso respeto a la soberanía popular”.
No es cierto. Rubalcaba mintió, porque la soberanía popular, de haber sido preguntada, habría expulsado (otra vez) a los borbones en el 76.
“Si en la actualidad -continuó su discurso Rubalcaba- el Partido Socialista no se empeña como causa central y prioritaria de su hacer en cambiar la forma de gobierno, es en tanto en cuanto puede albergar razonables esperanzas en que sean compatibles la Corona y la democracia. En que la Monarquía se asiente y se imbrique como pieza de una Constitución que sea susceptible de un uso alternativo por los gobiernos de derecha o de izquierda que el pueblo determine a través del voto y que viabilice la autonomía de las nacionalidades y las regiones diferenciadas que integran el Estado”.
Una institución impuesta, con miembros perennes, pasándose el cargo, el sueldo y el chófer de unos a otros es absolutamente incompatible con una democracia.
Blablablabla… señor Alfredo Pérez Rubalcaba. Una institución impuesta, con miembros perennes, pasándose el cargo, el sueldo y el chófer de unos a otros es absolutamente incompatible con una democracia, sistema en el que la soberanía reside en el pueblo, y al pueblo se le ha impedido votar si quiere o no esa institución impuesta. Al menos los Windsor sirven para teatrillos coloristas, desfiles con carrozas, soldados disfrazados… tienen hasta balcón en su palacio al que salir de vez en cuando para saludar a los turistas. La familia de Felipe VI de Franco, ni para eso sirven, y encima viven a las afueras, entre venados. Qué gran paradoja.
Nos engañaron, y Rubalcaba justificó su engaño desde la tribuna del Congreso apoyándose en la anterior treta que confesó Suárez, la que quedó grabada durante aquella entrevista que concedió a Victoria Prego creyendo que tapándose el micro de corbata con la mano no se le iba a oír confesar la argucia que utilizó para evitar un referéndum sobre monarquía o república porque las encuestas eran contundentes: república. O, como lo verbalizó Suárez: “Perdíamos”. Pero se le oyó. Se vanagloriaba a continuación el expresidente de su habilidad para habernos metido a Juan Carlos I de Franco en la Constitución: “Entonces yo metí la palabra rey y la palabra monarquía en la Ley [de la Reforma Política], y así dije que había sido sometido a referéndum”. Y a continuación dice en esa misma grabación que el ultraderechista Felipe González es el que pedía a los gobiernos que exigieran a España el referéndum sobre monarquía o república. No se extrañen, los falangistas son republicanos.
Se preguntaba Rubalcaba en aquel junio de 2014: “¿Puede esta Cámara votar no a una ley que recoge la voluntad expresada libremente por el rey? O dicho de otra manera, ¿qué significaría un voto negativo a esta ley? Pues, o bien esta Cámara entiende que la abdicación no estaba bien formulada por parte del rey, lo que no es el caso, o que este Congreso no autoriza la abdicación del rey, lo que, entre otras cosas, comportaría el dislate de que esta Cámara le dijera al rey que debe seguir siéndolo, aunque no quiera. En resumen: la Constitución nos mandata para hacer esta ley y, a mi juicio no cabe otra posibilidad que votarla afirmativamente si la voluntad libre del rey de abdicar está correctamente acreditada”.
Si Franco nos instauró un rey ilegal, si ustedes los socialistas sabían que Suárez nos hurtó el referéndum porque los españoles iban a votar su preferencia por la República… el PSOE tendría que haber votado “no” a la ley de abdicación
Ni pudieron salir más disparates de una boca supuestamente republicana ni había más formas de llamarnos imbéciles en nuestra cara jugueteando con las palabras y enredando el discurso.
Pues verá usted, señor Rubalcaba, si a Juan Carlos lo puso el dictador, si Franco nos instauró un rey ilegal, si ustedes los socialistas sabían que Suárez nos hurtó el referéndum porque los españoles iban a votar su preferencia por la República… el PSOE tendría que haber votado “no” a la ley de abdicación, porque era el momento de preguntarle al pueblo si queríamos que otro rey que llamaba “abu” al asesino dictador ocupara contra nuestra voluntad la Jefatura del Estado.
Lo dijo Machado: “¿Dijiste media verdad? Dirán que mientes dos veces si dices la otra mitad”.


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