Opinión
Toros, reyes, fotos y monstruos

Por Juantxo López Uralde
Activista ecologista, fundador y coordinador federal de Alianza Verde
Nada sorprende en la foto del rey emérito rodeado de toreros con la que nos recordó su presencia en una corrida de toros en la Maestranza de Sevilla. Todos ellos representan una España que se agota, pero no acaba de morir. Y como decía Gramsci, en ese claroscuro entre lo viejo que muere, y lo nuevo que tarda en aparecer, surgen los monstruos. Y a ellos me quiero referir hoy.
Ciertamente hay una campaña promovida por sectores ultraconservadores para fomentar los toros, y la foto de marras hay que enmarcarla en ese contexto. Esa campaña, que toma diversas formas, está financiada fundamentalmente con fondos públicos de diversas comunidades autónomas, especialmente del Partido Popular, pero de forma destacada Madrid, Andalucía y Extremadura. Precisamente es esa financiación pública de los toros lo que trataba de abordar la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) “No es mi cultura”. Lo cierto es que, a pesar de las intensas campañas de promoción, la sociedad se aleja cada vez más de espectáculos basados en el sufrimiento de los animales. Por más que nos intenten convencer de lo contrario, no hay futuro para estos espectáculos.
El otro día en la radio La Cafetera, a cuenta de la foto de marras, el periodista Fernando Berlín me decía que “no se hace lo suficiente contra los toros”. Y me vino bien el comentario para recordar el triste recorrido de la ILP “no es mi cultura”, y como el PSOE la tumbó, sin que llegara ni siquiera a debatirse. Se trata de la iniciativa más relevante en años contra la tauromaquia.
La ILP buscaba derogar la Ley 18/2013 que declara la tauromaquia como patrimonio cultural de España. Hay que decir que batió récords de apoyo ciudadano al presentar un total de 715.606 firmas validadas por la oficina del Censo Electoral.
Sin embargo, y a pesar de este volumen de apoyo social sin precedentes la iniciativa decayó, y no fue tomada en consideración por el Pleno del Congreso, debido a la abstención del PSOE, que cerró el paso a la iniciativa con esa abstención sumada a los votos de PP, Vox y UPN.
La actitud del PSOE ha sido una vez más la que ha impedido que una iniciativa de defensa de los derechos de los animales salga adelante en el Congreso. Lo mismo hicieron impidiendo que la ley de bienestar animal, durante la pasada legislatura, incluyera a los perros de caza; o frenando ahora la ley de protección de los grandes simios, o poniéndose de perfil con la desprotección del lobo.
En este caso, y sobre la ILP “No es mi cultura”, el argumento no podía ser más pobre: los socialistas adujeron que “la cultura no se impone ni se deroga por decreto”. Pero lo cierto es que la declaración de la tauromaquia como Patrimonio Cultural fue precisamente consecuencia de una ILP promovida por sectores pro taurinos en 2013. Así que a día de hoy los poderes públicos están obligados a garantizar la conservación de la tauromaquia. Algo que el PSOE se ha negado incluso a debatir. Esa ley sirvió de base para que el Tribunal Constitucional anulara leyes autonómicas que buscaban prohibir las corridas de toros, argumentando que una comunidad no puede prohibir algo que el Estado ha declarado patrimonio cultural.
Así que, está bien rasgarse las vestiduras por la foto taurina del emérito que emana caspa por cada esquina, pero más nos vale preguntarnos por qué no avanzamos en la defensa de los animales al ritmo que reclama la sociedad. Y esa pregunta a día de hoy tiene que responderla el PSOE. Lo que muchos nos preguntamos es qué tapan detrás de un discurso aparentemente comprometido con los animales. Apuntemos a la realidad que se esconde de las cortinas de humo.
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