Opinión
En la tortura perpetrada por Abogados Cristianos late el mal

Periodista y escritora
De entre todos los actos del ser humano, la tortura es el que me resulta más incomprensible, el acto cuya atrocidad me bloquea. Pero como en todo, en la tortura hay jerarquías. Está la mano ejecutora, y detrás de ella, están aquellos que de la tortura extraen poder, dinero y consolidación de sus siniestros propósitos. De eso va esta espeluznante historia.
En octubre de 2022, hace ya más de dos años y medio, una mujer llamada Noelia intentó suicidarse lanzándose al vacío desde un quinto piso. No lo consiguió y quedó parapléjica. Aquello, más un trastorno grave de salud mental, la dejaron sumida en un estado de sufrimiento "grave, crónico e imposibilitante", viviendo una vida que ella misma describe como una sucesión de "días horribles y dolorosos". La mujer solicitó que se le aplicara la Ley de eutanasia, a lo que la Comissió de Garantia i Avaluació de Catalunya (CGAC), el órgano competente, dio el visto bueno. Sin embargo, su padre decidió impedir que la voluntad de la mujer se cumpliera, y lo logró gracias a la siempre siniestra asociación Abogados Cristianos.
Los padres de Noelia perdieron la custodia de su hija cuando ésta aún era una niña. Y, sin embargo, fue ese mismo padre quien abrió un camino infernal cuando se opuso a la decisión de su hija, ya adulta, consciente y en situación de desamparo, y de la Administración pública catalana. Una no puede saber a ciencia cierta si el hombre se valió de la acción de Abogados Cristianos, o si fue al revés. Lo cierto es que lo único que importa es que la aplicación de la eutanasia estaba prevista para el 2 de agosto de 2024 y que ya han pasado más de ocho meses, 282 días "horribles y dolorosos"; un total de 6.768 horas, porque cuando una vive instalada en el horror y anhelando la muerte, cada hora de sufrimiento debería contar.
De hecho, este pasado mes de marzo los juzgados de Barcelona volvieron a avalar la petición de Noelia. "La magistrada Irene Urbón, del Juzgado de lo Contencioso 12 de Barcelona, ha parado los pies a la asociación ultracatólica Abogados Cristianos en su ofensiva contra el derecho a la eutanasia", escribía la periodista Ana María Pascual en este mismo diario. Todo parecía haber recuperado su sensato curso, dado que la sentencia reconocía que la mujer goza de plenas facultades mentales para decidir sobre su vida y que su progenitor no es quién para impedirlo. Pero Abogados Cristianos ha recurrido la decisión de la magistrada Urbón ante el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC), en lo que considero un acto claro de tortura. De hecho, todos y cada uno de los pasos que la asociación ultracatólica ha dado contra el deseo de morir de esta mujer, con razonamientos que estremecen la decencia, aludiendo a "razones económicas", forman parte de una práctica de tortura larga, lenta y minuciosa.
Como he dicho al principio de este texto, la tortura me resulta incomprensible. Sin embargo, sí comprendo el provecho que de la tortura extrae la asociación Abogados Cristianos: poder, lucro y consolidación de sus propósitos. En ese sacar provecho del sufrimiento ajeno, del insoportable padecimiento de Noelia late el mal absoluto.
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