Opinión
Los tratados de libre comercio no son el camino correcto hacia la autonomía europea

Por Pablo Castaño
Periodista y profesor de Ciencia Política en la UAB
-Actualizado a
Las élites europeas se aferran a los tratados de libre comercio como a un clavo ardiendo, intentando transmitir la idea de que se están acercando a otros actores internacionales como respuesta a los ataques de Donald Trump. Pero en realidad, los acuerdos firmados con Mercosur e India vienen de larguísimas negociaciones, previas a la era Trump. Ante la fuerte oposición que ha despertado el primero entre ecologistas, ganaderos y agricultores, los grandes partidos europeos (popular y socialdemócrata) han recurrido a la retórica de la autonomía europea. Pero profundizar en el modelo injusto de los tratados de libre comercio es la peor manera de reforzar la autonomía europea, un objetivo que debería perseguirse con otros métodos.
El empeño por aprobar el tratado con Mercosur responde en realidad a los 4000 millones de euros anuales que las empresas pretenden ahorrarse en aranceles, como ha celebrado la CEOE. Las principales beneficiadas serán las grandes compañías industriales europeas y los gigantes sudamericanos del agronegocio. Por otro lado, el acuerdo reforzará la especialización neocolonial, donde Europa vende productos industriales de alto valor añadido y América Latina exporta materias primas.
El acuerdo multiplicará las dificultades de los pequeños productores agrícolas de ambos bloques, lo que explica la oposición de las organizaciones agrarias europeas y de movimientos campesinos tanto europeos como suramericanos. Las llamadas "salvaguardas" destinadas a limitar los impactos negativos en los productores europeos son más estrictas que en tratados previos, pero nunca han funcionado y tampoco lo harán esta vez, porque no son vinculantes ni de aplicación rápida. Esto las hace inútiles para los productos frescos , por ejemplo, que harán frente a una competencia desleal.
El tratado UE-Mercosur también incrementará la deforestación del Amazonas, al favorecer el crecimiento de la ganadería, echando por tierra los objetivos climáticos de los que tanto presume Bruselas. Además, muchos de los alimentos importados no cumplirán los estándares sanitarios y ambientales europeos, lo que supone un golpe simultáneo contra el sector agroganadero, los consumidores y el medio ambiente. Esto explica la unidad entre ecologistas y agricultores en contra del acuerdo, una coyuntura perfecta para que la izquierda se acerque al mundo rural, donde la extrema derecha recoge buena parte de sus votos.
Para algunos autores , todas estas preocupaciones son exageradas o secundarias ante la necesidad de proteger la autonomía europea (sin considerar, por cierto, que depender de las importaciones de alimentos es lo contrario de la autonomía). Priorizar la geopolítica sobre las condiciones materiales de vida de las personas ya es un error político, pero es que además Europa tiene a su disposición otras opciones mejores para reforzar su autonomía frente a Washington.
La primera es dejar de profundizar en la dependencia. Entre 2000 y 2024, casi la mitad de importaciones de armamento europeas provinieron de Estados Unidos, una tendencia que se ha incrementado en los últimos años. Además, Ursula Von der Leyen aceptó en 2025 comprar a Washington 650.000 millones de euros en combustibles fósiles, un compromiso que está en suspenso pero se sumaría a las importaciones masivas de gas licuado estadounidense de los últimos años. Europa haría mejor en destinar esos recursos a acelerar la transición energética con renovables, la única manera de garantizar la autonomía energética.
Una segunda vía sería ocupar el hueco dejado en Naciones Unidas por EEUU, que se ha retirado de decenas de organismos internacionales y ha reducido al mínimo sus aportaciones, especialmente para ayuda humanitaria. ¿Cómo de potente sería que los líderes europeos anunciasen que compensarán los recortes de Trump, reforzando la ONU? Pero están haciendo lo contrario: Francia y Reino Unido han anunciado sus propios recortes en ayuda al desarrollo mientras incrementan el gasto militar. En Sudán , la insuficiencia de los recursos del Programa Mundial de Alimentos ya se está traduciendo en muertes evitables.
Otra forma de reforzar el peso internacional de la UE sería adoptar un rol más activo de mediación en conflictos, en defensa de la seguridad colectiva, como propuso el exministro francés Dominique de Villepin . Pero para eso haría falta abandonar el seguidismo respecto a Estados Unidos en Palestina, América Latina y el resto de los escenarios donde Bruselas sigue apoyando el imperialismo de Trump o mantiene un silencio cómplice.
Copiar las recetas fracasadas de las élites europeas en busca de la autonomía de la UE no es astucia política, es renunciar a dar la batalla política por construir una respuesta propia al nuevo momento geopolítico, que integre la justicia social y climática.
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