Opinión
Una vaca naranja con gorra roja

Por David Torres
Escritor
Si me pusiera a escribir un non-fiction sobre las cosas que me pasan últimamente, hasta mis amigos más íntimos se pensarían que es un yes-fiction. Lo que ocurre es que, de un tiempo a esta parte, el mundo exterior resulta tan vistoso y flamenco que tampoco hay manera de creérselo. Uno enciende la tele y ya no sabe si está viendo una película o un telediario. Más aún, teniendo en cuenta la cantidad de telediarios de ficción que proliferan por esas televisiones y emisoras de radio, que cualquier día van a dar la noticia de que me han nombrado ayatolá en Isfahán o arzobispo en Cuenca. Estaría bien que me avisaran con un poco de antelación, para saber si tengo que afeitarme la barba o dejármela bien frondosa.
Cada día que pasa, me acuerdo más de aquel cura que nos decía en clase de religión la suerte que íbamos a tener los niños de nuestra generación, porque íbamos a vivir el apocalipsis. Que un visionario con sotana diga esas cosas a niños de doce años no da tanto miedo como que las diga un comandante en jefe arengando a sus tropas. De hecho, no ha sido uno sino varios altos mandos de las fuerzas de combate estadounidenses quienes afirman que el presidente Donald Trump ha sido ungido por Jesús para iniciar los bombardeos sobre Irán. La verdad, más que por Jesús, se diría que Trump ha sido ungido por Doritos, pero algunos militares norteamericanos van un poco más allá y aseguran que esta guerra es el inicio del Armagedón, la batalla final entre Dios y la Bestia según el Apocalipsis.
Suena bastante retrógrado eso de recurrir a los profetas y los libros sagrados para justificar acciones bélicas, sobre todo porque uno se imagina al profeta armado con un palo o una lanza, no con drones, misiles y aviones supersónicos. Después de todo, a lo mejor Fukuyama tenía razón y con el neoliberalismo hemos llegado al fin de la Historia: por lo tanto, debemos empezarla otra vez desde la primera página. Para equilibrar el fanatismo religioso de los ayatolás, la Casa Blanca cuenta -aparte de sus piadosos generales- con una directora de la Oficina de la Fe, Paula White Cain, que se pega unas prédicas en directo donde no se sabe si está haciendo un tutorial de cortar jamón o una kata de karate. Entre otras cosas, ha dicho: "Estar en contra de Trump es estar en contra de Dios". Si uno cae en la cuenta del lema que escolta el dólar ("En Dios confiamos"), caben pocas dudas de cuál es la religión de esta buena gente.
Esta alianza entre tecnología de última generación y creencias del año del pedo es uno de los signos distintivos de nuestra época. En Israel, el otro extremo del eje contra el mal, se podría llegar a pensar que están muy adelantados y tal sólo porque llevan corbata, pero en el Instituto del Templo de Jerusalén, científicos y rabinos llevan varios años trabajando con oraciones y probetas, cruzando ganado con la intención de que un día nazca una vaca completamente roja, libre de defectos físicos, para que se cumpla una profecía bíblica que anuncia la reconstrucción del Tercer Templo y la llegada del fin de los tiempos. De momento, lo más cerca que han estado de criar una vaca roja es Donald Trump y su gorra, aunque Netanyahu también muge lo suyo.
Para que el Dios cristiano no pelee solo en esta cruzada tecnológica contra el Alá musulmán, el Jehová hebreo ha venido a echarle una mano, aunque puede que sea al revés, no sé, es difícil aclararse con tantas barbas. Como argumento incontestable y parachoques de cualquier salvajada, te dicen que Israel es la única democracia de Oriente Medio y piensas, joder, menos mal, llega a haber otra democracia y no queda un niño vivo en Gaza. Los mayores genocidios de los últimos dos siglos han sido orquestados precisamente desde gobiernos democráticos, porque me da a mí que los apaches, los kurdos o los esclavos congoleños sólo usaban las urnas para guardar cenizas.
Nunca estuvo muy claro dónde terminaba la barbarie y dónde empezaba la civilización, pero ahora ves esas oraciones oficiales donde senadores y secretarios apoyan sus manos sobre el lomo de Trump -quizá para que vaya bien al retrete- y no sabes si en la Casa Blanca han contratado de asesor de imagen al Bosco. Ganas dan de repasar toda su pinacoteca a ver si allí, entre esos demonios gordos y antropófagos con una trompeta metida en el culo, aparecen pintados los rostros de Trump y Netanyahu. El Siglo de las Luces ha ido a desembocar en el Siglo de las Pocas Luces. Tanta ilustración y tanto racionalismo para que al final acabe dirigiendo el cotarro mundial una vaca naranja con una gorra roja.
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