Opinión
La verdad tras el banquete: el pacto para el colonialismo digital

Por Emilio García García
Colaborador de la Fundación Alternativas y coautor del libro “Chips y Poder”.
-Actualizado a
El jueves 4 de septiembre de 2025, Trump mantuvo en la Casa Blanca su primera cumbre con los CEO de las grandes tecnológicas estadounidenses. El video que se ha difundido de los previos a la cena final mostraba un coro de sicofantes, con un récord mundial de agradecimientos por palabra pronunciada a cargo de Tim Cook (Apple) difícil de superar. En una escena más propia de una partida de mus que de una reunión de alto nivel, los máximos responsables de Meta, Apple, Microsoft y Google envidaban ante su anfitrión la mayor cantidad de miles de millones a invertir en suelo de EE UU.
Más allá de las imágenes difundidas, la historia oculta tras el banquete incluye una apretada jornada de trabajo. Uno de los temas centrales fue la implementación de la orden ejecutiva del presidente para fomentar la exportación del modelo estadounidense de inteligencia artificial (IA) firmada en julio. Con la iniciativa, la Casa Blanca pretende promover la exportación de paquetes completos de tecnología de inteligencia artificial estadounidense a aliados y socios en todo el mundo. Los paquetes de IA han empezado ya a ser "comercializados" por Michael Kratsios, director de la Oficina de Política Científica y Tecnológica (OSTP). En la reunión del foro de Cooperación Económica Asía-Pacífico (APEC) del mes de agosto, los presentó al resto de países asistentes como una oportunidad para alcanzar la soberanía en IA.
Decía Orwell que "la verdad deja de importar cuando la mentira se repite lo suficiente". Según la propia descripción que realiza Kratsios en su intervención, la soberanía que vende la Casa Blanca son paquetes cerrados de principio a fin basados exclusivamente en tecnología estadounidense. Las soluciones exportadas "incluirán hardware optimizado para IA, como chips y servidores; almacenamiento en centros de datos, servicios en la nube y redes; canales de datos y sistemas de etiquetado; modelos y programas de IA; sistemas de seguridad y ciberseguridad, así como aplicaciones de IA para casos de uso específicos, como ingeniería de software, educación, atención médica, agricultura y transporte". Nunca el autor de 1984 ha estado más vigente que con la presente Administración del Partido Republicano.
Sin dejar lugar a la tecnología de cada país, los paquetes de IA de la iniciativa estadounidense son, simple y llanamente, un ejercicio de colonialismo tecnológico. Que el paquete no solo incluya infraestructura, sino también aplicaciones de IA, es aún más preocupante. EE. UU. exporta con ellas su sesgo e ideología en plena era de retroceso hacia una autocracia.
El demostrador del programa de exportación de IA de la Casa Blanca lo hemos tenido –significativamente– en suelo europeo. La visita oficial de Donald Trump al Reino Unido ha ido acompañada de la firma del acuerdo bilateral para la prosperidad tecnológica. Detrás de las grandes palabras de cooperación y asistencia mutua, múltiples acuerdos de exportación tecnológica fueron alcanzados entre las compañías estadounidenses y el Reino Unido. Aproximadamente 30.000 millones de libras en inversiones de compañías estadounidenses –las tres principales, Microsoft (22.000 millones), Google (5.000 millones) y CoreWeave (1.500 millones)– que permitirán desplegar más de 120.000 aceleradoras IA de Nvidia.
No se han hecho explícitas las contrapartidas ni apoyo público a estas inversiones, aunque son deducibles de documentación oficial del Gobierno. Por un lado, el "Plan de oportunidades IA" de Reino Unido señala la elegibilidad de este tipo de inversiones para desgravaciones fiscales. Por otro lado, la situación de las inversiones en las denominadas áreas de crecimiento de IA les dará acceso a terreno, energía y agua asequible. Finalmente, los proyectos también podrán acceder a los más de 2.000 millones de libras de los presupuestos públicos que destinará al desarrollo de la IA el Gobierno británico en los próximos cuatro años. En definitiva, la importación subvencionada de toda la pila tecnológica estadounidense, que adicionalmente estrangula la posibilidad de desarrollo de una infraestructura realmente soberana alternativa en tierras británicas.
No se crean a Trump cuando dice no saber lo que están haciendo los gigantes tecnológicos. La hegemonía digital mundial en inteligencia artificial está en el centro de su proyecto diplomático y comercial. Cuenta para ello con el apoyo de una constelación de grandes empresas tecnológicas cuyo valor bursátil alcanza los 20 billones de dólares, equivalente al PIB de la Unión Europea. Condicionar el acceso a las innovaciones estadounidenses a la renuncia a desarrollar alternativas propias o a usar las de terceros, y financiar además su desarrollo, forma parte integral de la visión geopolítica de la actual Administración estadounidense. Ni siquiera el país de Alan Turing, padre de la IA, ha sido capaz de resistir la nueva colonización digital.
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