Opinión
El viaje de Robert Francis Prevost, conocido como León XIV

A mitad del periplo papal por estos lares podemos afirmar ya alguna cosa. En primer lugar, la capacidad de León XIV para generar titulares aparentemente novedosos es notable, pero en su mayoría son redundancias realmente predecibles. En segundo lugar, que sus mensajes una vez leídos y oídos en el actual contexto geopolítico internacional mutante y acelerado y en al actual marco de debates entre los partidos políticos españoles, cuanto menos establecen líneas de delimitación no siempre concordantes y conllevan posiciones necesariamente contradictorias. Nadie nos va a ahorrar pensar, evaluar y establecer puntos de vista y líneas de trabajo no simplistas.
Comencemos por el principio: la figura de Leone XIV es en sí misma anacrónica y supone un sin sentido que alguien se arrogue la función de representante de dios en la Tierra. Si es difícil creer que hay un creador no creado origen de todas las cosas, aún más que tenga un embajador plenipotenciario en la figura de un jefe de una organización religiosa, entre las muchas que hay.
En segundo lugar, la cuestión del aborto no es baladí, es la materialización de la preminencia secular de los hombres. Es la muestra de que la Iglesia Católica no ha renunciado a imponer sus criterios privados sobre el ámbito público. Y en concreto el control sobre el cuerpo de las mujeres en la estela del patriarcado.
Un tercer aspecto de la visita es que pone de relieve que la aconfesionalidad del Estado español es papel mojado. España se configuró como tal como producto de una cruzada cainita hace más de 500 años y sigue bajo la impronta de una cruzada más reciente, la que militares y fascistas desataron contra la clase trabajadora española y las libertades democráticas. Esto no es baladí porque la propia pervivencia del Concordato es una clara muestra de continuismo de los privilegios eclesiales y revela que la "modélica" Transición fue realmente una transacción lampedusiana que no rompió con el pasado. La religión como un componente esencial de la idea misma de la nación española pervive en los discursos tanto de políticos como del propio Papa. El espectáculo de los 7 minutos de aplausos en las Cortes (teóricamente representación de todo el pueblo español en su pluralidad de intereses y cosmovisiones) no es sino una muestra más de subordinación de los supuestos representantes de la voluntad popular al consenso (real o ficticio, tanto da) en torno a una autoridad religiosa.
Y en el colmo de la pesadez y la desfachatez los fastos están siendo no solo pagados por las arcas públicas, sino que están ocupando los espacios televisivos y las ondas radiofónicas de las emisoras públicas (o sea, de las teóricamente nuestras que pagamos todas y todos). ¡Qué aburrida estafa informativa!
Muy probablemente el viaje papal tiene también un objetivo no declarado: revertir el flujo de cristianos que viven en este país hacia toda la gama de iglesias evangelistas. Como producto del asesinato de la Teología de la Liberación a manos, entre otros del nefasto Karol Wojtila, y con el concurso de cuantiosos fondos del Departamento de Estado norteamericano, la CIA y decenas de fundaciones norteamericanas se impulsó en Latinoamérica la aún más irracional religiosidad evangelista como antídoto frente al esfuerzo emancipador revolucionario. Los operadores norteamericanos han instrumentalizado los buenos deseos de las gentes -muy pobres en su mayoría- de tener una vida mejor y la necesidad de encontrar comunidad y solidaridad que la sociedad nos les ofrece. Para ello impulsaron diversas variantes religiosas evangelistas cuyos dirigentes son herramientas conscientes o inconscientes del neoliberalismo. Gran parte de la migración latinoamericana a España es de gentes trabajadoras que profesan variantes diferentes del evangelismo. Y León XIV que no tiene un pelo de tonto en su análisis de la geopolítica religiosa ha venido a la católica (dicen) España para montar un polo atractor de masas, especialmente entre la juventud ante el avance de las iglesias evangélicas y el vaciado de los templos católicos.
Obviamente el fenómeno migratorio no solo plantea nuevas cuestiones a los católicos. Quienes estamos en las antípodas de la irracionalidad eclesial tenemos un reto: como establecer diálogo y colaboración para luchar contra el capitalismo y las instituciones que lo amparan, con toda la clase trabajadora, sea musulmana, evangelista o católica, al igual que lo hacemos con quienes no esperan de paraísos futuros y ponen sus ojos en la tierra,
Pero hay otras cuestiones a considerar en la figura y viaje de León XIV quien acaba de publicar la encíclica Magnifica Humanitas que exige la regulación y control social de la Inteligencia Artificial (depredadora de recursos hídricos y energéticos) frente al laissez faire salvaje y egoísta de la tecno oligarquía. La IA es una tecnología que puede comportar según se use sumisión de las personas y un arma autónoma y sin seguro para matar. Por otro lado, Prevost ha sabido hacer una educada peineta al obsceno sátrapa y compatriota suyo Donald Trump exponente del tardo imperialismo yanki, lo que supone un duro cuestionamiento de la internacional reaccionaria. ¡Qué tiempos estos en los que una mención genérica a la paz y contra la guerra acaba resultando noticia importante!
La elemental defensa papal de las personas migrantes es un golpe a la “prioridad nacional” compartida de Vox y PP que no podemos subestimar. El gobierno de Sánchez no dejará de intentar sacar rédito casero de esas y otras lindezas que suelta el papa de Roma. Pero eso no es lo que me interesa destacar. Realmente lo importante en este caso es que la izquierda de izquierdas puede apoyarse en el sentido común papal del Magnifica Humanitas -cuya lectura recomiendo- y en su beligerancia frente a la aporofobia (que practica Ayuso) o su oposición a la "sensata" postura de Feijoo contra la regularización de papeles. Asimismo es importante su oposición a la cruel política de la UE de creación campos de concentración fuera de sus fronteras que acabarán siendo morideros de familias enteras migrantes.
Aunque no olvidemos que más allá de papas y palabras, los sujetos reales de la emancipación de las mayorías trabajadoras sean del color, religión y origen que sean serán precisamente ellas mismas en una alianza con el feminismo y todos los demás movimientos emancipatorios. Alianza que deberá impulsar un nuevo internacionalismo comenzando por apoyar al movimiento anti-Trump norteamericano que es la pieza clave en la derrota del mismo. Nada nuevo bajo el sol.

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