Opinión
Viejos monstruos con armas nuevas

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
-Actualizado a
Cuantas más medidas se toman en pro de la igualdad, contra la violencia machista; cuanto más se intenta concienciar y educar en perspectiva de género; cuantas más mujeres se erigen como referentes públicos de la lucha contra el machismo y en símbolos privados que deciden soltar las amarras del patriarcado histórico en sus casas y/o trabajos, más cruel es la reacción de aquellos que se niegan a prescindir de sus privilegios, bien por pura maldad e intereses de poder, bien por una ignorancia y un miedo irracional exquisitamente esculpidos gracias a métodos desinformativos y de inyecciones de odio que cuentan con la mejor financiación de la parte poderosa; o sea, también con los mayores avances tecnológicos.
Lo único que combate ya todo esto es la convicción que parece tan obvia de saber que hombres y mujeres son merecedores de los mismos derechos y oportunidades, además de la conciencia de una desigualdad que continúa, de la existencia de una violencia específica contra las mujeres solo por el hecho de serlo y de la necesidad de seguir luchando, educando y avanzando en derechos. Que cada vez genere más dificultades y sufrimiento ser coherente con el feminismo solo refuerza la razón y verdad de sus postulados frente a los reaccionarios.
La semana que cerramos ha venido a confirmar la existencia de los monstruos del claroscuro sobre los que alertaba Gramsci, cuando un viejo mundo muere y el nuevo no acaba de nacer. Esta semana, además, hemos constatado que hay monstruos que berrean y atacan públicamente mientras otros se mantienen agazapados, pasando por protectores, demócratas, cuidadores y hasta feministas que, en el fondo de su negrura, jalean los discursos de los reaccionarios, fascistas, nazis, machistas, misóginos, fanáticos o ultrarreligiosos que les permiten distraernos de sus crímenes y abusos.
Esta ha sido la semana del expríncipe Andrés, del fantasma de Epstein otra vez, de todos los crímenes cometidos bajo su sombra y con complicidades, asimismo, demoledoras; como si sobre nuestras cabezas dominara una élite a la que nada es suficiente en la comisión de crímenes contra mujeres y niñas, en la corrupción política, institucional y empresarial; en un círculo de poder donde las vidas que no son las de esa minoría depravada no valen nada. Pero también ha sido la semana de la presunta violación a una agente de la Policía Nacional de todo un exdirector adjunto operativo (DAO) del cuerpo, el máximo rango uniformado que coordina a 74.000 policías para protegernos de hombres como él, por ejemplo. Los monstruos agazapados.
Ha sido la semana, por ejemplo, en el que han sido asesinadas cuatro mujeres y dos niños por violencia machista, por hombres, mientras el partido político que la niega, Vox, y el PP que lo engorda con afirmaciones tan bárbaras como que los de Santiago Abascal tienen un feminismo propio, siguen confirmando en las encuestas que serán quienes gobiernen el "mundo nuevo" de Gramsci, aunque éste no es más que un mundo antediluviano y rancio, ya vivido, pero con muchas más herramientas de control, deshumanización y anulación al servicio de la destrucción de las democracias y los derechos humanos. Los monstruos de los claroscuros, si no lo impedimos, han llegado para quedarse y reproducirse. Para perpetuarse.
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