Opinión
Violaciones y Ceuta

Periodista
“Habla de Ceuta y las violadas”, me dicen. Hablemos, una vez más. Ya sabemos las nacionalidades de algunos detenidos en las 23 agresiones sexuales registradas en Ceuta desde el 30 de julio: cuatro marroquíes, tres españoles y un belga. Nueve víctimas son menores. Cinco casos son violaciones con penetración.
Detallo esto porque hace días a demasiada gente (algunos medios incluidos) era lo único que les interesaba. No la situación de ellas, de qué violencia huían o el trauma. Ya se escucha menos el “¿dónde están las feministas?”, porque hay españoles y un belga. No viola la nacionalidad. Viola el machismo. Pero la ultra patria empieza incluso ahora a decir por redes que lo de “los españoles” quizás sean denuncias falsas.
Para el feminismo son tan miserables y despreciables los cuatro marroquíes, los tres españoles, el belga y los que quedan por identificar, porque todas sabemos que hay más de 23 agresiones. Y que no hay más denuncias porque temen ser deportadas y ni saben nuestro idioma. Para el machismo patrio, ese criterio único de desprecio no se aplica. Ni ahora ni antes. Recuerden: cuando Tony Alexander King, británico con antecedentes, asesinó a Rocío Wanninkhof y Sonia Carabantes, ¿recuerdan si plantearon que España impidiera la llegada de británicos?
Solo la ayuda inmediata de mujeres ceutíes ha salvado a más de no ser agredidas o captadas para trata y explotación sexual. Porque parte de los que dicen “inmigrantes no”, no les hacen ascos a pagar por una niña inmigrante. Este verano se irritaban porque el feminismo hizo manifestaciones por La Manada o Luis Rubiales. Por concretar. Con La Manada se peleó una vez que el caso llegó a la justicia y con sentencia, para adaptar la legislación al Convenio de Estambul y que no distinguiera entre abuso y agresión sexual. Con Rubiales, tocó recordar que las situaciones de poder son también violencia.
Gracias a ello estas menores tienen una ley para denunciar. Incluso que cualquier acto intimidatorio violento sea agresión sexual y no un “piquito”. En Ceuta, además, estamos hablando de nueve menores cuya identidad debe preservarse más aún. Ellas tienen eso, y aun así es insuficiente.
Hay más de 23 niñas y mujeres agredidas porque huían de vidas con violencia y tuvieron más violencia aquí. Y cada día sigue pasando por falta de espacios seguros. Quizás las cosas hubieran cambiado un poquito si los medios en lugar de debatir “dónde está el feminismo” hubiesen hablado de por qué esas mujeres habían sido violadas, hubiesen hablado de por qué esas mujeres estaban en la calle. Y hubieran hablado de por qué esas mujeres no tenían lugares seguros. Espacios que en 2021, tras la entrada de inmigrantes, el gobierno de Ceuta habilitó con rapidez. En 2026, esos sitios ya no se servían. Y muchas de ellas, mientras, en la calle y agredidas en zonas de montañas. Igualdad tuvo hasta que recordar a Ceuta que tenían infrautilizado el Centro de Crisis 24 horas para víctimas de violencia sexual.
La perspectiva de género consiste en anticiparse. En no negar ni instalaciones ni acogidas ni medios. Si tanto preocupan, todas las comunidades autónomas podían haber acogido ya a esas mujeres, para desenquistar la situación de forma temporal hasta resolver unos trámites lentos. Falta mucha más ayuda institucional, como siempre exige el feminismo. Pero hemos visto que lo poco que ha salvado algo a estas niñas es el feminismo y, en concreto, el de barrio y periferia. Son las leyes feministas y las redes de mujeres locales las que siempre están ahí. Una vez más ha quedado demostrado que los patriotas no salvan a las mujeres, que solo las usan. Y que ya las olvidan porque no les sirven para su relato.

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