Opinión
Visibilizar lo íntimo: una mirada ampliada sobre el deseo trans

Por Aitzole Araneta
Sexóloga de la Junta Directiva de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología y Técnica de Igualdad
Hoy, 31 de marzo, es el Día Internacional de la Visibilidad Trans. Estamos en un momento histórico de ofensiva contra esta comunidad, como hemos podido observar estos últimos días con virulentas agresiones a mujeres, o con el veto general del COI a las mujeres trans deportistas en las olimpiadas (sobre ello hice un análisis en el artículo: Personas Trans y Deporte: menos ruido y más Ciencia de los Sexos). Sin embargo, cuando hablamos de visibilidad, pocas veces hablamos de visibilizar los desencuentros que suceden en lo íntimo, en el deseo, en la erótica de aquellos encuentros atravesados por lo trans. Al fin y al cabo la atracción hacia personas trans sigue siendo un territorio poco explorado en la educación sexual, en los discursos públicos, etc.
De ello me he percatado en los años que llevo dando formación y talleres sobre este tema para familias de infancias y adolescencias trans. Y buena cuenta de ello da ese recentísimo vídeo viral donde -erróneamente- se daba a entender que si un chico rechazaba a una chica al descubrir su transexualidad, podía ser llevado a los tribunales por ella en virtud de la Ley Trans. Un bulo más.
Nadie puede llevar a nadie al juzgado por rechazarle en el plano íntimo. Sin embargo, lo que sí viene ocurriendo durante décadas es que los cuerpos y las vivencias trans vienen siendo representados desde lo excepcional, casi nunca desde su dimensión erótica. Y cuando se ha hablado de las dificultades de ser trans, el foco se ha colocado en los problemas para ser reconocidas como quienes realmente son, como si, una vez resuelto ese obstáculo, todo conflicto desapareciera. Pero no es así. El deseo, la atracción, las relaciones y los imaginarios eróticos, siguen siendo un campo donde queda mucho por hacer.
La visibilización de infancias y adolescencias trans, así como la presencia creciente de hombres con vulva y mujeres con pene en la conversación pública, ha permitido que nuevas generaciones incorporen estas realidades con mayor naturalidad, viviendo de una manera más natural la relación con sus cuerpos. Ya no hablamos solo de procesos médicos o del relato del "cuerpo equivocado", sino de vidas cotidianas que discurren con mayor diversidad y matices. Y aunque estamos en plena ofensiva, adolescentes y jóvenes empiezan a encontrarse, quizá por primera vez, con un terreno complejo en lo afectivo y lo erótico.
Rara vez se habla de lo trans y del deseo. Faltan referencias, falta vocabulario, falta educación sexual que contemple las variaciones corporales como parte de la vida.
Existe un punto ciego enorme: el momento exacto en el que alguien descubre que la persona que le gusta es trans. Ese instante —a veces tenso, a veces luminoso— suele determinar el rumbo de la interacción. No porque las personas trans "oculten" nada, sino porque vivimos en un mundo que todavía construye la atracción sobre guiones rígidos: penes para los chicos, vulvas para las chicas; deseo lineal, normativo y sin sorpresas.
Pero cuando ese guion se rompe, muchas personas entran en modo pánico, no porque la persona trans "deje de gustarles", sino porque sienten que el sistema entero que ordenaba su deseo se desmorona.
Escena 1: El bar
—Chico: hola, ¿qué tal? ¿sueles frecuentar este bar?
—Chica: sí, bueno… alguna vez… con amigos…
—Chico: te he visto y no he podido evitar venir a hablar contigo. ¿Nos vamos ahí y charlamos a solas?
—Chica: ehhh... bueno… no… (huye).
Este tipo de escenas aparecen constantemente en los relatos de jóvenes (y no tan jóvenes) trans. La huida, el miedo a exponerse, la incertidumbre de no saber cómo reaccionará la otra persona. Quienes no huyen, a menudo pagan un precio alto cuando el desencuentro o el rechazo aparece. Porque la gente trans se ve obligada, en algún momento, a hablar de lo que el resto del mundo no necesita hablar: de sus genitales.
Y surge la pregunta inevitable: ¿cómo lo digo?
Porque sí: en algún momento habrá que decirlo. Vivimos en una sociedad donde los genitales se consideran información relevante cuando hay atracción. Y porque, en una cultura donde el imaginario de las personas trans como atractivas y deseables suele estar reducida a espacios tan deformados como la representación pornográfica -que se consume en la intimidad y en no pocos casos, con vergüenza-, la gente cis no tiene que anunciar en voz alta qué genitales tiene; las personas trans, a menudo sí.
El momento del descubrimiento: ¿Qué ocurre realmente?
Cuando la otra persona descubre que esa chica es trans o que ese chico tiene vulva, puede ocurrir un cambio brusco. Un giro desde el deseo hacia el rechazo en cuestión de segundos, muy difícil de digerir para cualquiera, no porque la persona trans deje de gustar, sino porque se activa un engranaje muy profundo:
Miedo a ser leído como "raro". En el caso de muchos chicos cis, gustar de una chica trans se percibe como un riesgo para su masculinidad.
Crisis sobre la propia orientación sexual. El modelo genitalista —me gustan las chicas = me gustan las vulvas— hace que el deseo hacia una persona trans cuestione categorías que creíamos inamovibles.
Vergüenza ante el desconocimiento. Muchas personas no saben cómo actuar, qué preguntar o qué significa lo que sienten. La incomodidad puede convertirse en rechazo.
Presión del grupo. En contextos donde lo cis y la heterosexualidad se asumen por defecto, un chico cis puede temer ser ridiculizado si muestra interés por una chica trans.
La cuestión es que, haciendo desaparecer lo trans del imaginario erótico, solo conseguimos más exclusión simbólica para la gente trans, más culpabilización por deseos "incorrectos", más vergüenza, ocultamiento, y sí, en no pocos casos, más violencia resultante de todo ello.
La otra escena: Cuando es una chica cis quien descubre que un chico tiene vulva
El comportamiento -aunque no en todos los casos- tiende a ser distinto. Las chicas, tanto cis como trans, han socializado generalmente en códigos afectivos menos genitalistas, menos instrumentales, menos ejecutivos, más relacionales. Por eso, cuando una chica descubre que un chico tiene vulva o que una chica tiene pene, las reacciones pueden ser más curiosas que defensivas. Ello puede tener que ver con que se les ha permitido —y exigido— moverse en terrenos emocionales donde:
La atracción no depende tanto del "pene para validar la masculinidad". No viven una crisis identitaria tan intensa: su deseo no depende simbólicamente del pene. Y pueden no sentir que su estatus social esté en riesgo.
La corporalidad se entiende desde la experiencia y no solo desde la función/disfunción.
La sexualidad se puede vivir como un espacio de exploración más amplio y menos jerárquico.
Cabe la posibilidad de que la identidad se priorice por encima de la genitalidad.
Esto no significa que siempre sea fácil, pero sí que la conversación tiende a darse en un espacio de mayor apertura. Al fin y al cabo muchos chicos y chicas trans suelen tener parejas mujeres, pero muchas chicas trans hetero no consiguen tan fácilmente parejas hombres que establezcan vínculos reconocidos en lo íntimo, lo privado y lo público.
Viendo este panorama. ¿Qué alternativas ofrecemos a las personas trans en este contexto?
Opción 1: Decir "Soy trans"
Breve, directo, al grano. Pero no siempre suficiente. Mucha gente no sabe realmente qué significa, o lo confunde con antiguos relatos de autorechazo, problemas mentales, cuerpos equivocados o con prostitución. Requiere pedagogía.
Opción 2: Hablar de los genitales
"Soy un chico y tengo vulva". Claro, directo y sin margen para malentendidos. También más abrupto y con riesgo de espanto inmediato. Ninguna persona cis tiene la expectativa de tener que contar cómo son sus genitales.
Opción 3: Activar el control de daños e integrar la reacción. El rechazo no es personal.
Porque si alguien huye tras darnos la oportunidad de explicar quiénes somos, esa persona no nos merecía. No estamos perdiendo una oportunidad: estamos filtrando, alejando a esa persona que no está preparada para ofrecernos algo bueno.
Cuando alguien nos rechaza de forma brusca tras enterarse, no está rechazándo a una persona particular; está rechazando la incomodidad de cuestionar su sistema de creencias. No huye de la persona, huye del derrumbe de su propio guion de deseo.
Por tanto, aquí van algunas ideas que pueden resultar útiles
Recomendaciones para personas trans
No eres responsable de la ignorancia ajena.
No te sientas obligada a explicar nada hasta que quieras, lo necesites y lo veas oportuno.
Si alguien te rechaza por ser trans, eso habla de su marco mental, no de tu valor.
Busca contextos donde tu identidad no sea una sorpresa.
Cuida tu autoestima: el deseo existe para ti. Deseas y eres deseable. Que no te digan lo contrario.
Recomendaciones para personas cis
Recuerda que los genitales no definen la identidad.
Si alguien te revela información íntima, respeta ese acto de confianza.
Haz preguntas desde la curiosidad, porque otras intenciones se notan.
Que te guste alguien trans no invalida tu orientación sexual.
Si sientes confusión, es normal: piensa y háblalo con quien te escuche.
El deseo no se rompe, se transforma
El momento del descubrimiento no debería ser un punto de ruptura, sino de honestidad compartida. El problema no es la existencia de chicas con pene o chicos con vulva. El problema es que seguimos viviendo bajo un sistema que nos dicta cómo se supone que debemos desear. Pero los guiones pueden reescribirse. Y las personas que merecen estar en tu vida sabrán hacerlo contigo.
Así que a los adultos, jóvenes y adolescentes que os enfrentáis a la selva del ligoteo, los deseos y la atracción: no desesperéis. No es fácil. Pero habrá alguien para quien vuestra corporalidad no solo no sea un problema, sino parte del encanto de quienes sois. Feliz Día de la Visibilidad Trans.


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