Opinión
Tú, que no votas

Por Oti Corona
Maestra y escritora
Tú, que no votas porque eres apolítico, te despiertas una mañana y, como en una de esas películas en las que el protagonista amanece en una realidad paralela, vives en una España gobernada por Feijóo. Consultas tu nómina y descubres, con espanto, que sigue estancada en los menos de 800 euros que cobrabas en 2018. Llamas a Recursos Humanos y exiges que revisen los números porque echas en falta 500 euros. Te responden que ese es tu sueldo y se ríen de ti cuando replicas que de eso nada, que en estos últimos años ha habido varias subidas y que actualmente te corresponden más de mil doscientos euros.
A ti, que no votas porque todos son iguales, te acaban de dar una noticia espantosa: tu feto de ocho semanas sufre una malformación incompatible con la vida. Decides interrumpir cuanto antes el embarazo y entonces tu ginecólogo te echa de la consulta con cajas destempladas: “Váyase a otro lado a abortar”. Cuando por fin das con una clínica privada en la que practican abortos, te obligan a escuchar el latido del bebé y te dan a leer unos folletos sobre un término que no aparece en ningún manual de medicina: depresión post-aborto. En la sala de espera, una chica se seca las lágrimas con disimulo. Te acercas a ella y le preguntas si necesita ayuda.
—No me quieren visitar si mis padres no me acompañan.
—¿Estás embarazada?
—Pero yo no quería…él me obligó —dice, mientras rompe a llorar.
—Confía en tus papis. Cuéntaselo.
—Mi padre ya lo sabe.
Tú, que no votas porque eres independentista y no te interesa la política de Madrid, vas a cobrar la jubilación en esa misma mañana de realidad paralela y te quedas sin palabras porque te faltan 400 euros. Corres a casa y se lo comentas a tu esposo:
—Oye, que a mí me tocaban mil trescientos euros.
—Querida —te responde–, no digas disparates. Nuestras pensiones nunca han alcanzado los mil.
Tú, que no votas porque tienes la vida resuelta y te da igual quién gobierne, te caes por la escalera y te partes dos vértebras dorsales. En el hospital te recomiendan cuatro meses de recuperación, pero el médico de la mutua te dice que nanay, que tres meses y al tajo. Regresas con tu cuerpo aún maltrecho y lo pagas caro: el dolor de espalda es tan horrible que apenas puedes moverte, por lo que te ves obligado a pedir la baja a menudo. Al poco tiempo, la empresa prescinde de tus servicios. No hay puertas a las que llamar: gracias a la ley contra el absentismo laboral que aprobó la mayoría de PP y VOX en el Congreso, se trata de un despido procedente.
Tú, que no votas porque total, un voto no va a cambiar nada, te encuentras también de pronto en esa realidad alternativa en la que PP y VOX deciden cómo será el día a día de la gente de a pie. El termómetro marca 40 grados. Cuando enciendes el aire acondicionado, tu mujer te recuerda que eso es un despilfarro que no os podéis permitir y que, si no pagáis la factura, os cortarán la electricidad.
—No nos van a cortar nada —replicas—. Hace poco aprobaron una ley que impide dejar sin suministros a personas vulnerables.
—¿Qué dices? Fue una propuesta de los partidos de izquierdas, pero VOX y el PP votaron en contra.
Por suerte, como suele suceder en las películas sobre universos alternativos, el protagonista consigue volver a su entorno habitual, así que a ti, que no votas, te doy la bienvenida a un país que no está gobernado por la ultraderecha.
Todo lo anterior sería nuestra vida hoy si Feijoo hubiera formado gobierno en 2023. No se trata de hipótesis ni de fabulaciones. Es exactamente lo que estaríamos sufriendo. ¿Que cómo lo sé? Lo sé porque en el tiempo que llevan en la oposición han intentado evitar las subidas tanto del salario mínimo como de las pensiones y han votado a favor de dejar sin calefacción, sin aire acondicionado, sin agua y sin luz a los ciudadanos que no tienen dinero para pagarlos. Lo sé porque en las comunidades donde gobiernan boicotean el derecho al aborto. Y lo sé porque durante estas semanas de precampaña han dejado claro que legislarán para que los empresarios puedan penalizar e incluso despedir a los trabajadores que enfermen.
Y ahora, con los pies en el mundo real, te digo a ti, que no votas, que si no has pasado los últimos años comiendo fascismo con patatas es gracias a quienes sí votamos en defensa del bien común. Si sientes algún respeto por tu propia vida y por tu dignidad, si valoras los derechos por los que alguien luchó en su día y que tú disfrutas hoy, escúchame, tú, que no votas: el próximo 29 de noviembre, vota.


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