Opinión
Tras el comodín del rey
Periodista y escritora
El presidente del Gobierno se ha sentado este lunes en la Cadena SER a explicar su punto de vista sobre la crisis humanitaria. Su punto de vista se resume, por lo que parece, que no es para tanto y que ya ha habido otras crisis parecidas, que uno puede tomarse unas vacaciones exactamente en ese momento porque es un derecho, que Marruecos es muy bueno e Israel muy malo… y el comodín del rey.
Estábamos esperando el comodín del rey desde que a mediados de este mes de agosto el ministro Óscar Puente dijo aquello de que "quien ha cruzado una línea roja es la monarquía". Se refería al disgusto que le produjo el saludo entre el rey Felipe VI y el ultra Javier Negre en Colombia, "una absoluta ignominia", tuiteó entre otras cosas, que "el jefe del Estado que yo tengo en mi cabeza no tocaría a Javier Negre ni con un palo" o que no podía "ocultar mi indignación".
La carcundia de las derechas reaccionó a ladridos inmediatamente, porque en España la monarquía y la Iglesia católica son dos instituciones que no se tocan… o se tocan sólo en caso de extrema necesidad. Probablemente, el Gobierno se encuentre ahí, en un caso de extrema necesidad, lo que explicaría por qué Pedro Sánchez optó en su primera comparecencia tras este terrible agosto -recordemos, en la SER- por echarle un puyazo al rey.
Confieso que cualquier arañazo a la Corona, por circunstancial que sea, me parece estupendo; y si esa va a ser la senda de los socialistas de aquí a las elecciones, tanto mejor. Sin embargo, el gesto de Sánchez ha evidenciado (al menos) un par de asuntos muy preocupantes, uno más que el otro.
El asunto menos preocupante es el nefasto retrato del Gobierno que arroja la intervención de Sánchez. Restar importancia a lo que ha sucedido y sigue sucediendo en Ceuta no sólo demuestra debilidad, sino una falta preocupante de voluntad para solucionarlo. Una de las preguntas recurrentes estos días es por qué ha tardado tantísimo el Gobierno en solucionar algo tan simple como la primera urgencia: censar a los miles de migrantes que permanecen en Ceuta, separar a los y las menores, dar a toda esa población acogida (por muy precaria que sea), agua, alimento e higiene. Si son sólo 5.000, se podía hacer inmediatamente. Si se podía y no se hizo, alguna razón habrá. Ay.
El asunto más preocupante, a mi modo de ver, lo encarnan las y los menores. Dice Sánchez que se hará lo posible por "devolverlos con sus familias", que ese es su objetivo. Habla incluso de "reagrupación familiar" en Marruecos. El presidente sabe que no puede hacer eso. Es más, sabe que debemos acoger a esas niñas y niños, darles amparo, ofrecerles protección y cuidar de ellas. Es nuestra responsabilidad ética, pero además lo dice la ley. Con su afirmación, Sánchez compra el marco de la extrema derecha y le pega una patada a años de avances en derechos humanos y protección de la infancia.
De las 24 mujeres y niñas agredidas sexualmente, nueve son menores. Todo esto, según los datos con los que por ahora cuenta la Fiscalía. Saldrán más. Nada dijo de ellas el presidente del Gobierno en su larga y desacomplejada entrevista. Nosotras no deberíamos olvidarnos de que tras el comodín del rey, el presidente esconde una pasmosa incapacidad para la compasión y la empatía, además de dos docenas de mujeres y niñas agredidas sexualmente por culpa del abandono de las autoridades españolas.
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