Opinión
No dejemos que el racismo ocupe todos los espacios

Por Toni Mejías
Periodista
Tuvo que llegar el fútbol para que muchos descubrieran que España tiene un problema de racismo. ¡Qué sorpresa! Al parecer las detenciones arbitrarias a personas por su color de piel no era suficiente. Ni siquiera cuando el detenido es un exdiputado como Serigne Mbaye a quien se le ejerce la violencia policial a plena luz del día sin consecuencia alguna para los violentos. No se dieron cuenta del racismo cuando se ha demostrado que a personas migrantes les cuesta mucho más alquilar una vivienda simplemente por su origen. "Solo españoles" o "abstenerse extranjeros" puede leerse en muchos anuncios. ¿Quién iba a pensar que eso era racismo?
Tampoco se enteraron cuando el partido político que más crece en las últimas elecciones autonómicas habla abiertamente de deportaciones, vincula inmigración con delincuencia y organiza o respalda cacerías como en Torre Pacheco. Que los magacines matinales de televisión criminalicen también a este sector de la población para vender alarma social y generar un problema que no existe tampoco era tan obvio al parecer. O que en muchas ciudades existan centro de detenciones como los CIE, solo para extranjeros, cuyo único delito es existir. Tuvo que llegar el fútbol para generar ese debate.
Ni siquiera es nuevo. Desde hace un tiempo se está hablando de si hay racismo en los estadios por los insultos al jugador del Real Madrid Vinicius. Lo único que como no es la persona más amable del mundo y por la rivalidad que se genera en este deporte, se justifica el insulto por su carácter o porque provoca. Vaya, al parecer ser un poco macarra ya te da licencia para llamar "mono" a una persona o hacerle "uh, uh, uh". Hay miles de insultos en este extenso idioma, pero has elegido los racistas por pura casualidad. Porque el muchacho no es muy simpático. Supongo que cuando sucedía con Eto'o o con Wilfred Agbonavbare es porque también eran malas personas. La realidad es que el fútbol tiene un problema de convivencia con la extrema derecha en sus gradas. Se les ha permitido todo en muchos campos "porque animan" y se han hecho con el control de muchas aficiones provocando el miedo en otros seguidores, jugadores y la complicidad de la directiva. Pero, de repente, nos echamos las manos a la cabeza.
No creo que en el Estado español haya una mayoría racista, pero sí es un problema grande y quienes quieren vender ese discurso están aprovechando la tesitura para acrecentarlo. Conductas que hasta hace no tanto eran repudiadas por una mayoría social, ahora se pueden demostrar en un estadio de fútbol, en un concierto de Juan Magán o en unos carnavales sin que nadie se extrañe ni les diga nada. Solo hay que leer los comentarios en las redes sociales relativos a los incidentes racistas del otro día en el partido de la selección. La mayoría no son de condena, sino de apoyo. Y lo hacen con su nombre, apellidos y fotografía. Y no son unos marginados raros. En muchas imágenes se ven padres de familia sonrientes que deciden demostrar que van a educar a través del odio, la intolerancia y hacer más complicada una convivencia.
A lo mejor es el momento de que esa mayoría blanca y tolerante que solo nos indignamos en momentos puntuales tomemos partido y no pasemos una más. A lo mejor los seguidores del fútbol que vamos al estadio (me incluyo) debemos dejar de convivir sin más con racistas por el simple hecho de animar a nuestro equipo. Sobre todo, cuando a los reaccionarios se les da descuentos desde el club, un altavoz y poder. Deberíamos recordar más a menudo que, por ejemplo, en València sigue habiendo concentraciones mensuales en la puerta del CIE y muchos hemos aprendido a convivir con ello como una parte más del decorado de la ciudad. No tenemos que pasar ni una más cuando escuchamos comportamientos racistas en el día a día en nuestros pueblos o barrios. Cuando vemos al seguridad o algún empleado de un supermercado seguir por los pasillos a una persona solo por el color de su piel. Cuando vemos a un cliente de un bar tratar con desdén al dueño o camarero simplemente por su origen. Cuando escuchamos comentarios racistas de otros padres en la puerta del colegio. Ni siquiera cuando en ese grupo de WhatsApp de primos o antiguos alumnos de la EGB alguno reenvía información falsa y racista y callamos por no armar revuelo. Tenemos que pasar a la acción o lo que hoy es minoritario dejará de serlo.
Las personas migrantes no nos tienen que demostrar que se integran, que cotizan o que son las más amables del mundo para que les respetemos. Solo por existir ya merecen un mínimo de dignidad. No tienen que hacer heroicidades o pegarle bien a una pelota para que no les insultemos. No debemos exigirles más de lo que les exigimos a nuestro vecino de toda la vida. Dejemos de juzgarlos por lo que aportan o no. Porque si entramos en el juego de que solo es válido si aporta al PIB o se suma a nuestras tradiciones, estamos haciéndole el juego a quienes quieren echarlos a patadas por el simple hecho de ser y estar. Pasemos a la acción. No son más, solo más ruidosos. Dejemos de callar ante el ruido o nos acabará ensordeciendo.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.