Opinión
Fachas a la carrera

Por David Torres
Escritor
Dice Feijóo que el Gobierno conocía la amenaza de la "invasión" a Ceuta y que no hizo nada para detenerla. Se trata de una afirmación asombrosa por tantos motivos que casi no hay espacio para enumerarlos. De momento, habla de la capacidad intelectual del propio Feijóo, quien no sólo conoce al dedillo cómo funcionan los servicios de Inteligencia, sino que advierte que es imposible que en el CNI no se dieran cuenta de que había más de sesenta mil personas aproximándose a la costa. Sólo había que fijarse un poco, por favor. El mismo Feijóo, por ejemplo, descubrió enseguida que Marcial Dorado era un peligroso narcotraficante -no tenía más que leer los periódicos-, pero siguió veraneando en su yate y fingiendo que eran amigos íntimos para que el tipo no sospechara nada. Podían haber sido sesenta mil narcos desembarcando cocaína en lanchas delante de sus narices, mientras él se untaba crema solar alegremente, y hubiese seguido tocando la gaita. Ocurre que no le gusta figurar. No es el nuevo James Bond porque no quiere.
Luego está el hecho de que, según Feijóo, Sánchez conociera de antemano los planes de esta invasión migratoria y decidiera pasar del tema. ¿Qué hacemos, presidente? ¿Ordenamos a los guardias civiles que disparen pelotas de goma al agua para disuadirlos? No, hombre, no hace falta. No hagamos nada, que esos pobres son como niños de año y medio, no saben nadar, se ahogan solos. Bueno, la verdad es que lo primero fue responsabilidad directa de Fernández Díaz, quien aseguró que, aquel día fatídico, los guardias en la playa del Tarajal no tiraban a dar y por eso sólo se ahogaron quince subsaharianos. Lo segundo fue cortesía de Alfonso Merlos, un experto en melanina que también aseguraba que Mali ni siquiera es un país y que un africano cuando salta al agua no sabe si está en Sevilla o en Barcelona.
No me hagan mucho caso, pero no acabo de explicarme los beneficios de la jugada geopolítica por la cual Sánchez se dispararía en su propio pie, cruzándose de brazos ante una movida tan gorda que fue a resolverse con cerca de noventa ahogados, una ofensiva general de la oposición, una jauría de fachas a la Reconquista de Ceuta, una bajada de pantalones con Marruecos y una crisis diplomática en toda regla por parte de sus colegas europeos. La Unión Europea, ya se sabe, más que unión es europea, y África siempre les pone nerviosos. Puede ocurrir que Sánchez sea intrínsecamente malvado, uno de esos psicópatas antagonistas de James Bond que disfrutan con la muerte y la tragedia de miles de desgraciados. También puede ocurrir que sea idiota perdido. De lo que no cabe duda es que no es Feijóo, eso está claro.
Otros grandes líderes y lumbreras de la derecha, la ultraderecha y de más allá han viajado hasta Ceuta para expresar su malestar y su inquietud ante lo que todos califican de una vulneración intolerable del territorio español. Para ellos y para Feijóo esos sesenta mil migrantes, muchos de ellos niños, constituyen un ejército invasor, una turba de moros asesinos bastante parecida a la que acompañó a Franco noventa y pico años atrás para ayudarle a matar españoles como conejos. Sin embargo, nadie cayó en la cuenta de la paradoja histórica, ni Alvise Pérez, al que la Policía tuvo que escoltar en una furgoneta, ni Vito Quiles que salió por piernas calles abajo como una rata del Sahara. Antes de batir la marca de Paiporta, Quiles mantuvo un agrio enfrentamiento con Rubén Gisbert por ver cuál de los dos es más facha. Gisbert no tuvo oportunidad de rebozarse en fango, como es habitual en sus retransmisiones en directo, y se limitó a rebozarse en españoladas geográficas. Pedía la ruptura de relaciones con Marruecos, un despliegue militar permanente en la zona y un carné de reportero dicharachero. Pero ninguno de ellos podía competir en estampa con Santiago Abascal, quien posaba de perfil en un ferry de Balearia como si fuese el capitán Pescanova. Casi todos los migrantes ya se habían ido de vuelta, pero si uno se fija bien en la foto puede oír un susurro como el de Torrente en el avión: "Moros, moros".
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