Opinión
Feijóo, en la boca del tigre

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
El último intento de asesinato contra Donald Trump -y van tres- durante la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca el pasado sábado debería recordar al líder del Partido Popular con quién está negociando el poder de las comunidades autónomas, como antesala para gobernar España. “Debería recordar”, claro está, si es que a Alberto Núñez Feijóo le importara algo la asfixiante atmósfera de violencia fascista que sostiene y rodea a Vox, a sus partidos hermanos de Europa y América Latina y al presidente de EEUU, la cabeza de la hidra que contiene a todos ellos.
“¡No puedes razonar con un tigre cuando tienes la cabeza en su boca!”. Vamos a aventurar que Feijóo conoce la frase atribuida a Churchill en la película El instante más oscuro (Joe Wright, 2017), que narra los entresijos de la decisión del primer ministro británico -interpretado o reencarnado en Gary Oldman-, de desalojar a las tropas británicas de la playa francesa de Dunkerque (operación Dinamo), donde eran asediadas por el ejército de Hitler y conducidas al apresamiento y/o a una muerte segura en mayo de 1940. En esos momentos de confusión y búsqueda de las soluciones menos malas, hubo en el equipo del premier quien le sugirió una rendición o, incluso, una negociación con el dictador nazi y de ahí surgió el argumento inapelable de Churchill-Oldman sobre la boca del tigre, pues la cita, como tantas otras atribuidas al político británico, sigue sin oficializarse.
Para visualizar la situación del PP y su presidente en estos momentos de pactos con la ultraderecha de Santiago Abascal, la metáfora del tigre y su crueldad impiadosa, no obstante, nos viene de cine (sic). Los pactos de gobierno en Extremadura y Aragón, así como las exigencias de extrapolar sus medidas xenófobas a la Comunitat Valenciana, donde el PP gobierna en solitario pero gracias a Vox, son la viva imagen de las cabezas de Guardiola, Azcón y el propio Feijóo en la boca del tigre Abascal y así lo certifican unos acuerdos que no son tales, sino la claudicación del Partido Popular ante el fascismo y su supremacismo; el sí por el poder a costa de lo que sea, incluyendo la democracia y su esencia igualitaria, para tratar de dirigirse a una mayoría absoluta del PP gracias al voto útil, primero, en las próximas elecciones autonómicas de Andalucía y después, en las generales previstas para 2027. Feijóo sigue sin interiorizar que la crueldad de la bestia sólo busca su aniquilación, sin alternativa posible, le den una mano, una pierna o un riñón. Todo es poco para el fascismo, sólo hay que mirar a Washington y la aniquilación que pretende de todos los fundamentos e instituciones democráticas.
Más conocida que la del tigre es la reflexión sobre que “la violencia sólo genera violencia” y en EEUU, un país violento en el ADN pese a su precario encorsetamiento civilizatorio -o precisamente por eso-, la violencia ha vuelto a ocupar sin complejo las instituciones de gobierno en una evolución que, aunque pueda dejarnos estupefactas de inicio, respondería a la consecuencia lógica de los acelerados acontecimientos en el último siglo, empezando por el atentado del 11-S de 2001 contra las Torres Gemelas y continuando por el crack financiero de 2008, cuando las democracias fueron marginadas como marcos de decisión -también y sobre todo por las instituciones democráticas- hasta llegar al sentimiento de frustración y desprecio actual por ellas entre demasiada ciudadanía, un rechazo cada vez mayor y más violento.
Trump y todo lo que le rodea es violencia, también la de quienes quieren matarlo, porque él se crece y regodea con esos intentos de magnicidio; no lo disimula: los ataques lo alimentan, a él y a su violencia, porque ante sus seguidores justifican todos y cada uno de los actos y decisiones antidemocráticas del presidente estadounidense. Es probable que Feijóo no esté tomando nota de todo esto, ni quiera, mientras en España, poco a poco, los postulados trumpistas, fascistas, van imbricando las instituciones: una “prioridad nacional” aquí, un “chiringuito feminazi” menos allá; un diputado de Vox que agrede a dos centímetros de su cara a la máxima autoridad del Congreso, la sede de todos/as nosotras; un sujeto que pretende matar al presidente, acoso y seguimiento a periodistas y comunicadores por dar su opinión, xenofobia, racismo, machismo, homofobia… Si PP y Vox alcanzan La Moncloa, la cabeza de Feijóo será el último bocado del tigre para que lo que se llama derecha democrática pase a ser fascismo gobernante, sin más. Lo estamos viendo, hasta los obispos avisan.
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