Opinión
A un tiempo
Por Espido Freire
-Actualizado a
Atónita me quedé al enterarme de la noticia del romance entre Sarkozy y Carla Bruni; no tanto por lo insólito de la unión, ya que al presidente se le buscaba novia casi a la desesperada (a Jane Austen le hubiera encantado: “Es una verdad universalmente aceptada que un hombre soltero en posesión de una regular fortuna necesita de manera obligada una esposa”), casi de forma tan insistente como a Hugo Chávez, y no había de ser ésta una mujer mayor, ni fea. Ni siquiera por el aire bohemio y la languidez artística de la bella Bruni, pues es también de todos sabido que poca cosa atrae más los cuerpos que las ideologías opuestas, y si algo le vio Mick Jagger, qué no tendrá esta muchacha. Cierto es que perteneciendo a su opulenta familia, Bruni puede permitirse mostrarse bohemia. En realidad, puede permitirse ser lo que le venga en gana.
No, mi estupefacción provino, sobre todo, de enterarme de ello a través de un informativo nacional. Pese a que progresivamente se ha desdibujado la diferencia entre lo que se consideraba una noticia seria y una anécdota, un programa del corazón y una información de interés, aún los veo. Una huella de nostalgia, el recuerdo de lo mucho que me aburría de niña cuando los mayores atendían a las noticias de mediodía, el modo en el que comentaban después lo que les habían contado, me detiene.
Como propietaria de mascotas, sin duda me interesa el que una perra haya parido 17 cachorros en 20 minutos. Me preocupa el estado del animal y que los perritos tengan acceso a la leche, su supervivencia y los problemas que les acarreará a los dueños colocarlos en buenas familias, me intriga el que a estas alturas aún no se esterilice a los animales de compañía. Sin embargo, sigo preguntándome qué demonios hace esa imagen en un espacio que nunca se planteó de entretenimiento. A un tiempo frívolos y cobardes, muchos de los informativos desprecian el talento de sus periodistas, y la inteligencia de los televidentes. La superficialidad socava progresivamente la bondad. Deseemos, por tanto, felicidad a todos: a Sarkozy, a su amada y a los perritos.