Opinión
Los agujeros negrísimos
Por Ciencias
EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA
* Catedrático de Física Atómica Molecular y Nuclear; Universidad de Sevilla
Dos individuos, uno de Hawai y el otro de Barcelona, se han hecho famosos en todo el mundo diciendo que el acelerador de partículas LHC del Centro Europeo de Investigaciones Nucleares, el CERN, producirá agujeros negros que se tragarán la Tierra. La vía que han elegido para conseguir tal notoriedad ha sido la judicial (una denuncia en un juzgado de Hawai) y después, naturalmente, los periódicos. No hace falta ser un experto para entender la enormidad de la majadería.
La velocidad de escape de la atracción gravitatoria de la Tierra es de unos 11 kilómetros por segundo (km/s). Todo objeto disparado hacia arriba que no la alcance, terminará cayendo. De un cuerpo cuya velocidad de escape sea superior a la de la luz, 300.000 km/s, no escapará nada; ni la luz. El cuerpo se verá negro. Su masa ha de ser tan enorme que atraerá a todo lo que le rodee y terminará tragándoselo. Por eso se llama también “agujero”. Las estrellas de gran porte terminan con buena parte de su masa tan concentrada por la atracción gravitatoria que su destino final es convertirse en un agujero negro. Se llama radio de Schwarzschild de un cuerpo al de una esfera que con la masa de dicho cuerpo dentro sea un agujero negro. Para el Sol es de unos tres kilómetros; para la Tierra es de unos centímetros; o sea, que si la masa de todo el planeta se concentrara en una manzana, ésta sería un agujero negro.
En el LHC se alcanzarán energías tan grandes como las del principio del universo. Se ha especulado que en el Big Bang se generaron agujeros negros primordiales, del tamaño de una partícula. ¿Por qué no se ha detectado ninguno? Porque (es lo primero que olvidan los dos pícaros) según demostró el entrañable Stephen Hawking, cuanto menor sea el radio de Schwarzschild, antes se evapora un agujero negro. Si se generaron agujeros negros en el Big Bang, desaparecieron inmediatamente. Los supuestos agujeros negros que se formarían en el CERN, del tamaño de una partícula elemental, no durarían ni para ser detectados, mucho menos, para hacer daño alguno.
A todo lo largo y ancho del Universo están viajando partículas con energías enormemente superiores a las que se producirán en el LHC. Son los llamados rayos cósmicos, que llevan impactando con todo, por ejemplo, contra nuestro planeta y nosotros mismos, desde hace miles de millones de años. Y aquí estamos. Recomiendo al lector que si ve en un periódico la noticia de un gran hallazgo científico, observe antes de leerlo detenidamente si previamente se ha publicado en una revista científica de fuste. Si es la prensa la primera referencia, que pase la página inmediatamente. En este caso ha sido el descubrimiento de que los agujeros negros pueden ser negrísimos. O algo así.