Opinión
Alarma
Por Eugenio García Gascón
Las noticias que llegan desde Siria son todavía más alarmantes que las que hemos recibido a lo largo de los últimos nueves meses, desde que estallaron las protestas a mediados de marzo.
Activistas sirios hablaban ayer de enfrentamientos entre desertores y soldados regulares en el sur y en el norte del país. Cientos de desertores se enfrentaron a una brigada del Ejército en algunas poblaciones del sur cercanas a Jordania, donde los desertores habían buscado refugio y desde donde organizaban sus ataques contra los convoyes de abastecimiento del Ejército.
Esta circunstancia abre una nueva brecha, ya que los desertores no realizan solo operaciones aisladas y de pequeña magnitud, sino que son capaces de enfrentarse a una brigada acorazada entera y causarle considerables daños materiales, según dicen los activistas.
Bashar al Asad está cada vez más aislado. En su país, la mayoría sunní está saliendo cada día más a la calle. Y fuera, la mayoría árabe sunní lo acosa por todas partes y existen indicios suficientes para pensar que la presión no ha hecho más que empezar. Lo mismo ocurre con Occidente en general. Francia ha tomado la delantera y desde París se dirigen y orquestan las sanciones contra el régimen baazista.
Si Asad no dimite pronto, y parece que se ha empeñado en no hacerlo, la situación puede deteriorarse rápidamente. Existe la posibilidad de un golpe de Estado, aunque es una posibilidad remota, y existe la posibilidad de una guerra civil, que podría ser muy cruenta porque tendría las complicaciones de ser además sectaria y religiosa.
Pero si Asad dimite, el futuro tampoco parece muy halagüeño.