Opinión
Amy Winehouse, muerta de risa

Por Bob Pop
-Actualizado a
Amy muerta, precisamente dos años después de que un tabloide inglés se inventara que a Amy Winehouse -viva aún- se le había aparecido Michael Jackson en versión ectoplasma fresco a un mes de su propia muerte para decirle: “Amy, como sigas así lo vas a perder todo” mientras ella lo intentaba dejar, una vez más, en la napoleónica isla de Santa Lucía; a cuatro patas entre las mesas de los huéspedes de un hotel de cinco estrellas, apurando los culines de las copas.
Amy, qué risa con Amy; con el moño alto escorado, los rabillos del ojo al carboncillo, la nariz empolvada, el paso errático y a manotazos ante los flashes que después nos darían de comer a carcajadas de relleno entre jocosas crónicas que contenían todos los elementos necesarios para la chistosa burla de quienes son más de pinchar teléfonos que de pincharse en blando: un exmarido presidiario un tanto chungo, un padre con deseos de celebridad -el señor Winehouse llegó a tener su programa de televisión propio y hasta acudió al parlamento a asesorar sobre las drogas a sus señorías- un par de tetas nuevas poco amortizadas, algunos juicios por agresiones, un abucheo tras otro en cada amago de concierto y un trajín interminable, dentro y fuera de centros de rehabilitación.
Amy, qué pena con Amy; no hagan esto en sus casas, niños, beban rica zarzaparrilla, coman verduras y hagan mucho ejercicio. “Apuntarme a un gimnasio. Comprarme un piso. Vivir como esa bomba que soy”, se supone que escribió Amy en una lista de cosas por hacer, planeada mucho antes de ser famosa, y que alguien se encontró en la basura, fotografió y publicó. Dicen. Mentira, probablemente; qué más da.
“Tu dolor suena precioso”, tituló Boy George una canción que escribió en homenaje a Amy. Nosotros, que carecemos de talento musical, preferimos hacer chistes. Negros. Otra vez.