Opinión
Banco Mundial
Por Eugenio García Gascón
La Corporación Financiera Internacional (IFC) es un banco del Banco Mundial que financia a compañías privadas que realizan programas de desarrollo en los mercados emergentes. Israel forma parte de la IFC y pertenece a la región europea que contribuye con el 32 por ciento de la financiación del banco.
La IFC solo financia a compañías europeas que invierten en el desarrollo de los mercados emergentes, sin embargo hace una excepción con Israel.
La IFC ha invertido en varias empresas israelíes que llevan a cabo inversiones en países emergentes, pero en el último año también ha invertido en dos empresas que no cumplen los requisitos, es decir que el Banco Mundial se ha saltado sus propias normas.
La dos empresas son Kaiima y DiviNetworks, lo que ha permitido que el Jerusalem Post haya titulado recientemente que "La IFC del Banco Mundial invierte por primera vez en Israel".
La información la ha destapado el corresponsal de El Periódico en Washington, Ricardo Mir de Francia, en un artículo que se publicó el pasado 12 de octubre.
Esta es la primera vez que la IFC invierte en empresas occidentales, en este caso "europeas", que no cumplen los requisitos del Banco Mundial.
Una responsable de la IFC, Paula Alayo, ha negado que se haya saltado las normas, y ha señalado que hay más empresas europeas que han recibido financiación de la IFC en condiciones similares a las de las dos empresas israelíes.
No obstante, la lista de empresas facilitada por Alayo es engañosa puesto que las demás empresas europeas han recibido las ayudas porque llevan a cabo proyectos en mercados emergentes, lo que no ocurre en el caso de las empresas israelíes.
Para más inri, el Banco Mundial acusa regularmente a Israel de asfixiar deliberadamente la economía palestina. En un informe publicado este mes de octubre, el Banco Mundial denuncia que los palestinos no tienen acceso a más de la mitad de las tierras de Cisjordania y que está política de Israel impide el crecimiento económico de los palestinos y les cuesta más de 3.000 millones de dólares al año.