Opinión
Barra libre
Por Eugenio García Gascón
Uno de los títulos del Yediot Ahronot de ayer no tenía desperdicio y hasta era divertido: "Shetah hefker", decía, cuya primera lectura posible es "Tierra de nadie", pero que también admite la traducción "Tierra de desenfreno" o incluso "Tierra de libertinaje", y lógicamente, leyendo el amplio texto de la noticia se veía con claridad que la segunda y la tercera acepciones eran las más correctas.
¿Y cuál es el territorio de desenfreno y de libertinaje al que alude el diario de Tel Aviv? Pues la Cisjordania ocupada, y el Golán sirio.
"En Judea y Samaria nadie quiere encargarse de la construcción y de la planificación y los habitantes de la zona (los colonos) hacen todo lo que les apetece", dice el Yediot. Desde hace tiempo toda Cisjordania se ha convertido en un territorio salvaje donde los colonos obran como les viene en gana sin que intervengan las autoridades israelíes. Dicho de otra manera, hace ya muchos años que en Cisjordania hay barra libre.
Las violaciones de la ley militar que se aplica en los territorios ocupados son continuas y no puede dudarse de que, en materia de construcción, los colonos cuentan con el aliento de los militares que prefieren mirar hacia otro lado, lo que al fin y al cabo es marca de la casa de la política israelí en todos los ámbitos.
El último informe redactado por el Interventor del Estado, Yosef Shapira, que se ha conocido esta semana, no puede ser más explícito: los militares y demás funcionarios israelíes tienen miedo a los colonos, de ahí que no se atrevan a intervenir cuando se vulneranlas leyes de la ocupación.
El hecho de que no se aplique la ley y se permitan constantes violaciones "ayuda a perpetuar el status quo de que cada cual (los colonos, claro, no los palestinos) hace lo que quiere", dice el informe del Interventor.
Ciertamente, si este desenfreno y libertinaje fuera contrario a los intereses de Israel, las autoridades ya le habrían puesto coto, pero como la expansión colonial es el objetivo primordial del estado, el gobierno calla y deja hacer a los colonos.
Y lo mismo ocurre con la comunidad internacional, con Estados Unidos a la cabeza, que también deja hacer, de modo que los colonos se van multiplicando y multiplicando con la aquiescencia de su gobierno y la pasividad de occidente.